Editorial: El reiterado uso de las alertas SAE
Editorial: El reiterado uso de las alertas SAE Desde el domingo pasado, los teléfonos móviles en la Región del Biobío no han dejado de sonar.
Una, dos, varias veces al día y también de noche, las Alertas SAE se han instalado en la rutina de miles de habitantes de la Región que son testigos del avance de los incendios forestales o de las zonas que están afectando. Para algunos, el sonido estridente se ha vuelto molesto y para otros es alarmista. Sin embargo, en medio de una emergencia como la que hoy vive el Biobio, conviene detenerse un momento y preguntarse si el problema está en la alerta o en cómo entendemos su rol. El Sistema de Alerta de Emergencia (SAE) no es una herramienta reciente ni improvisada.
Fue creada en la década pasada y comenzó a operar formalmente en Chile en 2017, tras el terremoto de 2010 y otras catástrofes que evidenciaron la necesidad de contar con un mecanismo capaz de llegar de forma masiva, rápida y directa a la población. Actualmente es administrado por Senapred, el SAE se activa cuando la autoridad evalúa que existe un riesgo inminente para las personas, enviando mensajes georreferenciados a los teléfonos móviles ubicados en la zona amenazada. Eso sí, no es un sistema automático ni infalible, ya que depende de información técnica, de decisiones humanas y de tiempos que, en emergencias tan dinámicas como los incendios forestales, siempre parecen insuficientes. Aun así, su principal virtud es que permite advertir en segundos a miles de personas, incluso cuando las redes están saturadas y otros canales de comunicación simplemente colapsan. Las críticas, por supuesto, no han tardado en aparecer y son comprensibles. Se cuestiona la frecuencia de las alertas, su horario de emisión, la supuesta tardanza en algunos casos o la falta de mayor detalle en los mensajes. Hay quienes sienten que la alerta llega cuando el humo ya está encima, o que no queda claro hacia dónde evacuar. Son observaciones legítimas y necesarias, especialmente en un país que convive de manera permanente con desastres naturales. Pero reducir el debate a la molestia del sonido o a la cantidad de veces que vibra el celular es perder de vista lo esencial.
En los últimos días, las alertas SAE han cumplido un rol relevante en ordenar evacuaciones y alertar a comunidades enteras en medio de la toma de decisiones difíciles en terreno, muchas veces con información incompleta y bajo presión extrema. No es exagerado decir que, en más de una ocasión, han contribuido a salvar vidas. Los mensajes reiteran instrucciones básicas, pero fundamentales: evacuar de inmediato, mantener la calma, seguir las indicaciones de las autoridades, ayudar a niños, adultos mayores y mascotas, y dirigirse a zonas seguras. Puede parecer obvio, peroen contextos de pánico, la claridad y la repetición también son una forma de protección.
Eso sí, la experiencia reciente deja lecciones claras, ya que el sistema puede y debe mejorar, apuntando a mensajes más precisos, mayor anticipación cuando sea posible, mejor integración con rutas de evacuación conocidas por la comunidad y una educación permanente que prepare a la población para reaccionar sin improvisar. También es necesario fortalecer la conectividad en sectores rurales, donde la alerta no siempre llega con la misma fuerza. Sin embargo, el debate no debería centrarse en deslegitimar una herramienta por su incomodidad, sino en perfeccionarla. En emergencias como la que enfrenta hoy el Biobío, la ausencia de algún tipo de advertencia o alarma no es una opción. La alerta puede incomodar, despertar de madrugada o interrumpir la rutina, pero sigue siendo una herramienta que ofrece algo invaluable, como es el tiempo. Y en un incendio forestal, el tiempo puede marcar la diferencia entre evacuar a salvo o lamentar una tragedia mayor.
Las alertas SAE han cumplido un rol relevante en ordenar evacuaciones y alertar a comunidades enteras en medio de la toma de decisiones difíciles en terreno, muchas veces con información incompleta y bajo presión extrema.. Editorial Las alertas SAE han cumplido un rol relevante en ordenar evacuaciones y alertar a comunidades enteras en medio de la toma de decisiones difíciles en terreno, muchas veces con información incompleta y bajo presión extrema.