Editorial: Feria de Diagonal Las Termas
Editorial: Feria de Diagonal Las Termas F inalmente, primó el sentido común y los feriantes de Diagonal Las Termas dejarán de ocupar la calzada a partir del 1 de marzo.
Ciertamente, resultaba inverosímil ver a más de 400 vendedores callejeros instalados -muchos de ellos con toldostodos los fines de semana en la calle, de 7 a 15 horas, impidiendo el libre el tránsito por una arteria estratégica del sector oriente de la ciudad y todo ello con permiso del municipio.
Pese a las quejas de los vecinos por las numerosas externalidades negativas, como el caos vial, la basura, el desorden y los problemas de seguridad, el municipio venía haciendo la vista gorda dada la fuerte presión política que representan los feriantes y sus dirigentes. Ni siquiera las millonarias obras de mejoramiento ejecutadas recientemente en la Diagonal fueron argumento suficiente para zanjar este conflicto.
Según explicó esta semana el alcalde Camilo Benavente, la decisión responde a solicitudes formuladas hace un tiempo por entidades como Bomberos y servicios de salud, que advirtieron dificultades para responder con rapidez ante emergencias debido a la obstrucción de la vía. Conviene recordar que la avenida es una conexión con la Ruta a las Termas de Chillán, razón suficiente para haber descartado desde el principio cualquier actividad en la calzada.
Pero el problema es mucho más complejo que la obstrucción, sino que, además, representa el triunfo de la informalidad y del clientelismo político por sobre el esfuerzo de miles de comerciantes que pagan impuestos, salarios, cotizaciones, patentes, arriendos y costos fijos, además de cumplir con estrictas normativas laborales y sanitarias, entre otras.
Si bien se reconoce el esfuerzo emprendido por el municipio en 2021, con el objetivo de ordenar la feria y mejorar las condiciones de orden y limpieza a partir de un trabajo de coordinación con las agrupaciones de feriantes y con los vecinos, lamentablemente, con el correr del tiempo el desorden volvió, se sumaron muchos vendedores sin permisos y, con ellos, los conflictos y la inseguridad se multiplicaron.
Así como en la Diagonal Las Termas, la ciudad también tiene otros polos de comercio ilegal, como en las inmediaciones del Persa San Rafael, afuera del Hospital Herminda Martín o el centro de Chillán, donde transitar por las veredas se hace cada vez más difícil.
La escasa fiscalización responde a escasa voluntad más que a la excusa de los recursos humanos limitados, donde la permisividad de las autoridades parece estar impregnada de una premisa social que podría ser errada, porque una cosa es apoyar a personas vulnerables que buscan un sustento en periodos difíciles y otra muy distinta es facilitar lucrativos negocios que se extienden por lustros e incluso, décadas, que forman parte de redes de comercio ilegal que operan como mafia en distintas ciudades y que constituyen una competencia desleal descarada con el comercio formal.
Cuando las autoridades y el público logren entender que las consecuencias más evidentes de dicha mirada social mal entendida son siempre el cierre de numerosas pymes, la destrucción de miles de empleos formales en la ciudad, la menor recaudación de impuestos para el fisco y un abultado número de personas que declaran menos ingresos de los que reciben para hacer uso y abuso de los beneficios que entrega el estado; la perspectiva necesariamente debiera cambiar.. La permisividad de las autoridades parece estar impregnada de una premisa social que podría ser errada, porque una cosa es apoyar a personas vulnerables que buscan un sustento en periodos difíciles y otra muy distinta es facilitar lucrativos negocios que se extienden por lustros e incluso, décadas, que forman parte de redes de comercio ilegal que operan como mafia en distintas ciudades y que constituyen una competencia desleal descarada con el comercio formal. EDITORIAL