Autor: La isla Cachagua
El último viaje de los PINGÜINOS DE HUMBOLDT
El último viaje de los PINGÜINOS DE HUMBOLDT El primer pingüino salió de un salto de la jaula de transporte y sin vacilar se dejó llevar por la espuma que arrojó la ola al estallar en el roquerío. De ahí se echó al agua y nadó hacia la isla Cachagua como si nunca hubiera conocido otra ruta que la que lo llevaba hacia este monumento natural. Jamás miró atrás ni enarboló algún asomo de gesto de despedida. Su mínima cabeza sobresalía de las olas batientes en esta brumosa mañana costera, hasta que perdimos su rastro. Era un pingüino de Magallanes, y León Cortés, único niño que acompañaba esta “comitiva de liberación”, lo llamó Gabito en homenaje a su mejor amigo. Nos habían explicado que en el centro de rehabilitación no les ponen nombre a los pingüinos, para no “humanizarlos”, pero los niños comunican con estas herramientas afectivas, los nombres. Gabito nos dejó entonces un breve pero intenso recuerdo, y los pies mojados, porque las olas estaban bravas. El segundo era un pingüino juvenil de Humboldt. Si bien ambas especies son parecidas, a fines del año pasado en Chile esta se reclasificó “en peligro”, por lo que los esfuerzos y atención se redoblan. Devolverlo a su ecosistema era crucial. Al revés de Gabito, Chuleta como le puso León no tenía apuro en irse. Paseó por las rocas, posó de un lado y luego del otro, una y otra vez, como si supiera cuán importante era él, y parecía buscar con la mirada a los que estábamos cerca. De pronto abrió las pequeñas alas como si fuera a echarse a volar, pero se arrepintió. Daba unos pasos hacia adelante, miraba la isla y luego reculaba. Al rato, Aldo Figueroa, una de las personas con más experiencia en rescate y liberaciones en la comuna, se acercó a él para motivarlo a partir, y Chuleta dijo bueno ya, si insisten, me voy. Esperó la ola con más espuma para deslizarse, y una vez en el mar recobró su sentido de pertenencia y su coraje para comenzar a nadar hacia la isla. En ese momento, Paulina Jara, una de las veterinarias que participaron en su rehabilitación, ya no pudo contener las lágrimas, envolviéndonos a todos en su dulce emoción. El mar lloraba también, y nos empapó, a pesar de todo el material plástico azul con que Sernapesca nos vistió para esta operación. Debe ser raro para los pingüinos esta imagen que se llevan de su último viaje desde la tierra: un grupo de seres humanos azules en los roqueríos contemplando su liberación. Pensamos que lo habíamos perdido, pero León lo había seguido con la vista y nos indicó que estaba subiendo a la isla. En efecto, el jovencito fue recibido por sus congéneres en el monumento natural, su nuevo hogar, ya que él fue rescatado mucho más al sur, en Biobío.
Lo habían encontrado en una playa, deshidratado, pero tal vez es de aquí que había partido a su aventura, ¡quién conoce los secretos entre ellos y el mar! En fin, a pesar de que nada salió como estaba previsto esta mañana, podíamos decir misión cumplida. Cierre de puerto La noche anterior nos informaron que el mar estaba agitado, pero que se podría navegar hasta la isla. No fue sino quince minutos antes de zarpar desde la caleta de Zapallar que supimos que se había decretado el cierre de puerto.
La directiva de este comité decidió entonces hacer la liberación por tierra, así que partimos en los autos en procesión hasta Cachagua, donde luego caminamos con los pingüinos en jaulas por la playa, hasta el roquerío que está frente a la isla. Es pleno verano, pero temprano, y como está muy nublado, hay poca gente que pueda entorpecer el delicado proceso.
Iban a ser tres los pingüinos que liberaríamos, pero uno de ellos, también de Magallanes, justo empezó a mudar su plumaje, por lo que prefirieron esperar hasta que termine, ya que este es un elemento protector fundamental para ellos, explica Paulina Jara.
Mas no era ella quien debía acompañar esta ceremonia, sino Isabel Hernández, veterinaria mexicana y presidenta de la Fundación Mundomar, una de las dos organizaciones que rehabilitan pingüinos en esta zona (junto a Ñamku). A última hora ingresó un ejemplar de Humboldt con una fractura de pico y ella deberá participar en la operación, que se realizará en una clínica de Santiago, junto a una especialista. Isabel ha seguido todo el curso de la liberación por teléfono, antes de entrar a pabellón, y este reportaje ya parece capítulo de Greys Anatomy, porque las emergencias no paran. Anoche, vecinos del sector llamaron a Aldo Figueroa, porque encontraron otro pingüino en la playa Las Cujas, y lo pasaron a buscar en un camión de rescate de la municipalidad.
Pudimos asistir a la inspección inicial y, si bien solo parece mareado, sin heridas provocadas por embarcaciones, ni por mordidas de perros o lobos marinos, que es lo usual, a los minutos el pingüino se desplomó. Paulina no se devolverá sola al centro de rehabilitación de Fundación Mundomar, que actualmente se encuentra en Buin Marino, dentro de Buin Zoo. “Estamos comenzando la construcción de un centro de rehabilitación en la Quinta Región, en el Acuario Mundomar, que ha sido un activo colaborador de esta fundación que lleva catorce años funcionando”, revela Isabel Hernández. En verdad, no trabajan solo con especies locales: han recibido pingüinos rey y macaroni, que llegan de islas subantárticas. “Incluso, el año pasado acogimos un pingüino azul, una visita errante, cuyo hogar está en las costas de Australia y Nueva Zelandia”, precisa. Rehabilitarlos es un proceso que toma tiempo, como estudiar las enfermedades que padecen; por ejemplo, han encontrado muchos pingüinos de Humboldt ciegos, lo que está siendo investigado con las universidades de Chile y Concepción. Además, están organizando liberaciones con escolares de la Región de Valparaíso en épocas no estivales, desde las playas. “Es maravilloso observar las reacciones de los niños. Creemos que los objetivos de la conservación se cumplen mejor cuando se involucra toda la comunidad”, agrega Isabel.
Al respecto, Aldo precisa que todos los que participan en esta cruzada por el cuidado de los pingüinos hoy con énfasis en el de Humboldt, porque es el más amenazado y el más propio de esta región lo hacen por voluntad propia, aportando conocimientos y recursos.
Es el caso de Carlos Rivera, guía y fundador de Petrel Expediciones, que lleva a turistas en su lancha hasta las inmediaciones de la isla, y la pone a disposición de los pingüinos cuando van a ser liberados.
Nos llevará apenas mejore el mar, ya que nos quedamos con ganas de verla más de cerca; aunque nos aseguraron que la liberación por tierra es más emotiva, ya que uno está más tiempo con el pingüino antes de que se haga a la mar Mauricio Cortés, padre de León, es otro importante colaborador de esta cruzada, pues ha sensibilizado a cientos de adultos y niños con los pingüinos que esculpe en madera hace décadas. Una pareja, de gran tamaño, está plantada en la arena en uno de los accesos a esta larga playa, mirando hacia la isla.
Estos pingüinos sí pueden verse y tocarse, y él, que vive en estos parajes hace casi cuarenta años, a menudo organiza actividades en la playa para llamar la atención sobre estas pequeñas aves nadadoras que llenan el mar de secretos. Llevan el nombre de la corriente que nos congela cuando osamos zambullirnos en sus aguas, pero nos conceden su noble y misteriosa compañía. “Hoy están más protegidos, pero queda mucho por hacer; estos pingüinos tienen sabiduría y ternura ancestrales”, concluye. Declarada santuario de la naturaleza en 1979 y monumento natural una década después, este islote de 4,5 hectáreas es un emblema de Cachagua, de cuya costa la separan aproximadamente cien metros. No se permite el acceso, a excepción de científicos, para proteger a las especies que allí anidan, en particular los insignes pingüinos de Humboldt. “Según el último censo, efectuado por el Grupo de Investigación Pingüino de Humboldt (GIPH), de noviembre pasado y aún no publicado, quedan unas 400 parejas, o nidos, que es como se cuentan. Actualmente es la mayor colonia del país”, dice Francisca Ravanal, jefa de la sección de conservación de diversidad biológica de áreas protegidas de Conaf en la región.
Hasta hace unos veinte años, la mayor colonia de esta especie se encontraba en la Reserva Nacional P i n g ü i n o d e Humboldt, entre las regiones de Atacama y Coq u i m b o ( i s l a s Chañaral, Damas y Choros), pero esta ha disminuido drásticamente.
“Muchos factores inciden, pero los últimos estudios indican que las principales amenazas vienen del mar: el cambio climático, la sobrepesca de las especies de las cuales se alimentan (sardinas y anchovetas) y malas prácticas de pesca, a lo que se sumó la influenza aviar, que produjo estragos entre estos pingüinos”, agrega.
En cuanto a isla Cachagua, Paulina Arce, veterinaria y miembro del GIPH, destaca que, a pesar de ser pequeña, siempre ha sido muy densa en nidos, y su población se ha mantenido más o menos estable. “El panorama general es desolador, porque las amenazas que siempre han afectado al pingüino siguen vigentes. Así es difícil recuperar la especie. Es angustiante ver cómo año a año disminuye.
Nuestra esperanza hoy es la zona central, en particular Cachagua”. Ante los preocupantes resultados, hace unos meses se constituyó un plan para enfrentar la conservación urgente de esta especie, y uno de los objetivos es crear áreas marinas protegidas en torno a los islotes donde habitan, como ya existe en la reserva nacional. Muchas fundaciones, instituciones, municipios, autoridades y la población civil se están sumando a esta causa.
“La razón por la que la isla Cachagua es hoy el principal centro de reproducción de los pingüinos de Humboldt se debe al compromiso activo de sus habitantes en la protección de estos indefensos seres”, recalca Francisca Ravanal. Torpes, monógamos y territoriales, los pingüinos de Humboldt concitan el amor y el cuidado de quienes se han acostumbrado a ver sus siluetas en el horizonte. “Se estresan muy fácilmente. Cada vez que alguien se acerca, se produce un impacto considerable en ellos”, agrega Aldo Figueroa. Por eso se recomienda navegar hacia la isla con guías autorizados, como es el caso de Carlos Rivera. Al tercer día pudimos partir con él a la isla y fue como un sueño hecho realidad. Las olas aún muy grandes, nos quedamos a una distancia prudente de los pingüinos, que parecían estar avistando humanos como nosotros los avistábamos a ellos, sin alboroto alguno, en silenciosa complicidad. También vimos varios grupos nadando en el mar, seguramente buscando alimento, hasta que el sol se escondió tras el islote. En el monumento natural también hay pingüinos de Magallanes, pelícanos, gaviotas, yecos, pilpilenes y ese simpático felino marino que es el chungungo, que suele andar jugueteando entre huiros y rocas. Por otra parte, el complejo industrial de Ventanas nos dicen ha producido eventos que han arrojado contaminación en esta zona. Si bien una parte está en proceso de cierre, hay otras industrias en ese sector que preocupan a los que trabajan en la conservación de estas especies. “Estamos todos alerta; como siempre”, resume Aldo. D Autor: La isla Cachagua.
El Monumento Natural Isla Cachagua, en Zapallar, acoge la principal colonia reproductiva de pingüinos de Humboldt en Chile, especie recién clasificada “en peligro”. Y aquí llegan ejemplares rehabilitados, como los que vimos durante el sublime momento de su liberación. TEXTO Y FOTOS: Marilú Ortiz de Rozas, DESDE LA REGIÓN DE VALPARAÍSO. ESCULTURAS. Los pingüinos de Mauricio Cortés en la playa de Cachagua miran hacia la isla. AVISTAMIENTO. Los pingüinos en la isla Cachagua observan con cautela a los humanos que se aproximan en botes. RESGUARDO. La isla fue declarada monumento natural una década después de convertirse en santuario en 1979. AL MAR.
Desde la izquierda, de camino a los roqueríos con los pingüinos de Humboldt; listos para abrir la jaula y que el ave se reinserte en su hábitat natural, y un ejemplar juvenil al que le costó un buen rato echarse al mar. AL MAR.
Desde la izquierda, de camino a los roqueríos con los pingüinos de Humboldt; listos para abrir la jaula y que el ave se reinserte en su hábitat natural, y un ejemplar juvenil al que le costó un buen rato echarse al mar. AL MAR.
Desde la izquierda, de camino a los roqueríos con los pingüinos de Humboldt; listos para abrir la jaula y que el ave se reinserte en su hábitat natural, y un ejemplar juvenil al que le costó un buen rato echarse al mar. AL MAR.
Desde la izquierda, de camino a los roqueríos con los pingüinos de Humboldt; listos para abrir la jaula y que el ave se reinserte en su hábitat natural, y un ejemplar juvenil al que le costó un buen rato echarse al mar. AL MAR.
Desde la izquierda, de camino a los roqueríos con los pingüinos de Humboldt; listos para abrir la jaula y que el ave se reinserte en su hábitat natural, y un ejemplar juvenil al que le costó un buen rato echarse al mar.