Autor: Gerardo Pérez gperez@elpinguino.com
El vértice austral: Magallanes y la Antártica en la encrucijada geoestratégica
El vértice austral: Magallanes y la Antártica en la encrucijada geoestratégica Hay una frase del general Ramón Cañas Montalva que conviene recordar cada vez que se mira un mapa de Chile al revés: el sur arriba, como él lo imaginaba.
Comandante en jefe del Ejército entre 1947 y 1949, este santiaguino que hizo gran parte de su carrera en Magallanes, desde capitán hasta general de brigada, escribió en diversas columnas y artículos lo que pocos veían entonces: que el país estaba “encajado en el sur del Pacífico, junto al océano del porvenir, dueño y señor de un litoral que casi abarca desde el Trópico de Capricornio hasta el grado 0 del Polo Sur, con dominio terrestre, marítimo y aéreo sobre las grandes rutas interoceánicas”. Casi ocho décadas después, esa intuición ha dejado de ser visionaria para volverse urgente. Cañas Montalva no especulaba. Identificó hace casi ocho décadas el desplazamiento del eje mundial desde el Atlántico europeo hacia el Asia-Pacífico.
Su legado, recopilado por John Griffiths y Marcelo Masalleras de AthenaLab en General Ramón Cañas Montalva, Pionero de la Geopolítica en Chile (2024), recupera a un pensador que, según Masalleras, anticipó el giro del eje geopolítico hacia el Pacífico en la década de 1930, bastantes décadas antes de que ese concepto lo hiciera famoso Henry Kissinger.
El general insistió en el dominio y la exclusiva soberanía sobre tres pasos interoceánicos -el Estrecho de Magallanes, el Canal del Beagle y el Paso Drakey articuló la idea de un Chile tricontinental que AthenaLab retoma hoy como argumento de fondo. La élite antártica: Consuelo León Para entender por qué Cañas Montalva no fue un visionario aislado sino el rostro de un proyecto colectivo, es indispensable la obra de la historiadora Consuelo León Wopcke. Doctora formada en la Universidad de Chile y en Estados Unidos, dirige la Revista de Estudios Hemisféricos y Polares de la Fundación Valle Hermoso y ha sido investigadora Fondecyt con aportes al conocimiento antártico chileno. León acuñó y estudió el concepto de una “élite antártica”: un grupo informal de militares, diplomáticos y académicos que, hacia los años cuarenta, impulsó la causa polar chilena bajo el gobierno de Gabriel González Videla.
En sus trabajos sobre la política antártica de la Guerra Fría -varios escritos junto a Cristián Garaymuestra cómo el afianzamiento de la soberanía chilena estuvo tensionado por el alineamiento del país con Estados Unidos y por la competencia con Argentina. Su mirada revela que la geopolítica antártica nunca fue solo cartográfica: fue una construcción de Estado, de redes y de voluntad política sostenida en el tiempo. El Estrecho que volvió a importar La actualidad le ha dado la razón con crudeza. El Estrecho de Magallanes -bajo soberanía chilenaha resurgido como nodo crítico del comercio mundial. La sequía que estranguló al Canal de Panamá durante 2023 y 2024, agravada por el cambio climático que reduce el nivel del lago Gatún, empujó a numerosos buques a buscar rutas alternativas. El dato es elocuente: los tránsitos por el Estrecho aumentaron 25% interanual en enero-febrero de 2024 y 83% frente a 2021, según Directemar de la Armada de Chile. A diferencia del canal interoceánico, el Estrecho de Magallanes, con sus aguas profundas y su naturaleza de paso abierto, no está sujeto a las mismas vulnerabilidades ambientales. Es, en términos contemporáneos, una ruta resiliente. Pero la oportunidad exige inversión: navegar por él demanda mayor preparación y pilotaje especializado debido a las condiciones meteorológicas variables, lo que abre espacio para modernizar Punta Arenas y fortalecer servicios de remolque y aprovisionamiento. La seguridad marítima deja de ser concepto abstracto y se vuelve infraestructura, tecnología y control efectivo del paso. Soberanía efectiva, no declarativa Aquí los estudios de AthenaLab resultan centrales.
En su Documento de Trabajo N. º 23 (2023) -construido con reconocimiento terrestre y aéreo de Isla Grande de Tierra del Fuego, el Canal Beagle y las islas al sur, hasta el Cabo de Hornos-, Griffiths y Masalleras advierten que la situación de la zona austral se expresa en una “fragilidad geopolítica”. El diagnóstico es incómodo: la zona enfrenta el desafío de completar la vertebración de su territorio, con baja densidad poblacional y una geografía compartimentada. Sin presencia estatal real, la soberanía queda reducida a la cartografía.
El Documento N. º 30 (2024) extiende la mirada al continente blanco: el Territorio Chileno Antártico se extiende desde el meridiano 53 hasta el 90 oeste y otorga a Chile 1.250.000 km² con una proyección marítima de extraordinario potencial. AthenaLab alerta que, aunque el Tratado Antártico ha dado estabilidad, nada garantiza que esto vaya a durar para siempre; todo indica que la presión geopolítica sobre el último continente solo se acentuará. La memoria histórica: Jara y Sánchez El sustento histórico de esa soberanía lo trabajan dos historiaa d i d e c Capacidades de conectividad en la zona austral en comparación con Argentina. dores complementarios.
Mauricio Jara Fernández, de la Universidad de Playa Ancha, reconstruye los títulos chilenos desde los intentos de demarcación polar de inicios del siglo XX hasta el Decreto Supremo N. º 1.747 de 1940, que delimitó el territorio.
Jara ha mostrado cómo las argumentaciones chilenas miran preferentemente al pasado, mientras las de Estados Unidos se proyectan hacia el futuro, y su advertencia más penetrante es educativa: tratar la soberanía como asunto “pendiente” ha terminado generando una falta de conciencia en los chilenos por ese espacio nacional. Desde el extremo austral, el historiador Francisco Sánchez Urra, lleva esa misma preocupación al terreno. Ha dedicado gran parte de su investigación a la crisis del Beagle de 1978, publicando diversas obras sobre el conflicto y asesorando documentales como 1978. Los soldados del Beagle.
Su credo lo resume él mismo: “de nada vale investigar si no se puede compartir lo encontrado”. Esa convicción lo llevó a impulsar el “Programa Embajadores Antárticos: una propuesta educativa para antartizar Chile”. Si Jara documenta la soberanía pasada, Sánchez busca sembrarla en las generaciones futuras.
El porvenir desde el sur El hilo que une a Cañas Montalva con León, Jara, Sánchez, Griffiths y Masalleras de Athenalab, y el INACh es una misma convicción: la geografía austral chilena no es periferia, sino vértice. Chile controla el Estrecho de Magallanes y se asoma al Paso Drake, puertas naturales hacia el Pacífico Sur y antesala del continente antártico. Pero -y la advertencia recorre toda la literatura recientesin proyección antártica robusta, esa posición geográfica pierde profundidad estratégica.
La soberanía efectiva no se decreta: se construye con rompehielos nacionales, rutas terminadas, puertos modernos, ciencia permanente, presencia poblacional y la conciencia nacional que rseñalan Jara y Sánchez, sostenida por la voluntad de Estado que León rastreó en la vieja élite antártica. En un orden internacional marcado por la competencia entre grandes potencias, el extremo sur de Chile vuelve a ser, como quería Cañas Montalva, el lugar donde se mira el porvenir. La pregunta ya no es si Magallanes y la Antártica importan, sino si Chile sabrá estar a la altura de su propia geografía. Ciencia como soberanía: el INACh La proyección no se ejerce solo con buques y decretos, sino también con ciencia. En el marco del Tratado Antártico, donde la soberanía quedó congelada, la investigación científica cumple un importante rol legitimador de los Estados, a la vez que permite hacer soberanía antártica. El Instituto Antártico Chileno (INACh) encarna esa estrategia.
Su director, el glaciólogo Gino Casassa, planteó la dimensión que lo vuelve todo más urgente: reconoció haber sido escéptico hasta hace un par de décadas, pero hoy considera ineludible que el planeta sufre los efectos del cambio climático.
El INACh protagoniza dos décadas de progreso que, junto a iniciativas como la operación del rompehielos Almirante Viel y el viaje presidencial al Glaciar Unión y al Polo Sur, han consolidado la posición de Chile internacionalmente. Autor: Gerardo Pérez gperez@elpinguino.com. El pensamiento geopolítico chileno anticipó el giro hacia el Asia-Pacífico y la relevancia de los pasos australes. Hoy, la fragilidad territorial y la presión internacional hacen de Magallanes y la Antártica un desafío impostergable.