Autor: Andro Mimica Guerrero seremi de Gobierno
Columnas de Opinión: Chile no se gobierna desde Miami
Columnas de Opinión: Chile no se gobierna desde Miami L a reciente participación de José Antonio Kast en la cumbre "Shield of the Americas", impulsada por Donald Trump en Estados Unidos, abre una pregunta política de fondo: ¿ cuáles son hoy las prioridades del liderazgo que pretende conducir a Chile? No se trata de cuestionar el diálogo internacional. Chile es un país abierto al mundo y necesita relacionarse con distintas naciones. El problema aparece cuando la política exterior comienza a confundirse con la participación en espacios de carácter marcadamente ideológico, más cercanos a una trinchera política que a una agenda concreta de desarrollo para el país. La distancia entre ese escenario y la realidad de las regiones chilenas es evidente. Basta mirar hacia el extremo sur.
En Región de Magallanes y de la Antártica Chilena viven poco más de 180 mil personas en uno de los territorios más aislados del planeta, donde los desafíos cotidianos pasan por la conectividad, el costo de la vida, la infraestructura pública y las oportunidades de desarrollo productivo.
Mientras en Miami se discuten agendas continentales sobre seguridad o migración, en ciudades como Punta Arenas o Puerto Natales las preocupaciones son mucho más concretas: fortalecer el turismo en el Parque Nacional Torres del Paine, mejorar la conectividad aérea y marítima, y avanzar en proyectos estratégicos como la industria del hidrógeno verde, llamada a transformar la matriz productiva de la región en las próximas décadas. Magallanes ha demostrado en los últimos años que el desarrollo territorial depende de decisiones políticas que se toman mirando el territorio. La ampliación de infraestructura portuaria, el fortalecimiento del turismo internacional y las inversiones en energía han permitido dinamizar una economía regional históricamente marcada por la distancia. Por eso resulta legítimo preguntarse si la señal política correcta para un país diverso y territorialmente complejo como Chile es priorizar encuentros ideológicos en el extranjero cuando los desafíos internos siguen siendo enormes. La fortaleza histórica de la política exterior chilena ha sido su equilibrio. Chile ha sabido relacionarse con distintos actores del mundo, resguardando sus intereses estratégicos y evitando alineamientos rígidos. Esa autonomía ha sido clave para el comercio, la inversión y la estabilidad del país.
Cuando esa tradición se reemplaza por gestos políticos que parecen pensados más para la galería ideológica internacional que para las necesidades del país, surge un riesgo evidente: perder de vista que gobernar Chile exige mirar primero hacia dentro. Las regiones lo saben bien. En territorios como Magallanes el desarrollo no depende de discursos grandilocuentes ni de guerras culturales globales. Depende de rutas, puertos, inversión pública, innovación productiva y decisiones políticas que reconozcan la singularidad de cada territorio. Chile no se construye desde una cumbre en Florida. Se construye desde sus regiones. Y mientras más lejos están del centro del poder, más importante es que ese poder recuerde dónde están realmente las prioridades del país. Autor: Andro Mimica Guerrero seremi de Gobierno.