Autor: Crónica cronica@estrellaconce.cl
En el cerro temen que la ayuda se quede abajo y ser olvidados
En el cerro temen que la ayuda se quede abajo y ser olvidados I viento volvió a sacuEdir con fuerza el ceIrroy, con él, el miedo regresó a Antonio Varas. En este sector de Lirquén, donde el mega incendio de Penco arrasó con viviendas y recuerdos, las noches siguen siendo largas para quienes hoy viven en carpas o mediaguas improvisadas. No fue la lluvia lo que más inquietó, sino las ráfagas que amenazaron con arrancar techos livianos y dejar a las familias a la intemperie. María Angélica Barrientos, de 68 años, pasa estas jornadas junto a su esposo de 74 en una carpa instalada sobre su propio terreno. "Anoche no dormimos mucho por el viento", cuenta. La madrugada tensa, aunque agradece que la lluvia no haya causado mayores daños. Con la llegada del día, pudieron ajustar la carpa para protegerse mejor. Pese a su edad, ambos decidieron no aceptar el traslado a un albergue. El temor a perder lo poco que han logrado reunir desde el incendio pesa más. "Tenemos unos galones de gas y algunas conal definitiva se hizo larsas que nos han llegado. Si uno se va, se meten a robar", explica. En materia de salud, reconoce apoyo del consultorio y de equipos sociales que han recorrido el sector. Ella misma fue atendida tras presentar fiebre y ambos reciben sus medicamentos. Sin embargo, la espera por una solución habitacioga.
La noticia más alentadora llegó recién ahora con la instalación de una vivienda de emergencia que se había retrasado por problemas de material. "Hoy día me van a instalar mi casita y por eso estoy contenta", dice, agradecida del esfuerzo que realizan por darles una mano. Su relato está atravesado por la fe y por un recuerdo que aún estremece. "Salimos del medio de la llama", repite.
Escaparon corriendo por una larga escalera, junto a su esposo y su perrita. "Podíamos haber quedado ahí, quemados, pero estamos vivos", afirma. "SOMOS IGNORADOS" La situación de estos adultos mayores es similar a la de Pedro Pérez, de 41 años, quien vive junto a su esposa, sus dos hijos -de 9 y 19 añosy sus suegros de 77. "Los vehículos con ayuda pasan arriba, pero acá no bajan", reclama. Aunque recientemente hubo una reunión informativa asegura que en el territorio la presencia municipal ha sido prácticamente nula. "Más allá de eso, nada. Cero". Gracias al voluntariado particular y a vecinos llegados desde Nacimiento, lograron levantar una estructura más firme que una carpa. Con latas, palos y esfuerzo colectivo armaron una especie de mediagua donde, al menos, pueden resguardarse de la lluvia. Aun así, dormir sigue siendo complicado. "El viento no deja dormir. Hay que dormir sentado, porque en cualquier momento puede volar todo". El vecino siente que el sector ha sido postergado por su ubicación. "No tenemos luz, aunque más arriba sí hay postes. Como no se ve desde la calle, somos ignorados", dice. El bono estatal les permitió comprar algunos insumos básicos, pero no alcanza. "Nos dieron cinco metros de nylon por sitio. Eso no cubre nada. Hemos tenido que comprar lonas y toldos". A la precariedad se suma la incertidumbre laboral. Trabajaba en la feria mientras intentaba obtener su licencia profesional. El incendio truncó ese proceso y lo dejó sin ingresos estables. "La vida tiene que seguir, pero quedé sin trabajo", resume. O Autor: Crónica cronica@estrellaconce.cl. Las rachas golpean las precarias viviendas de emergencia, mientras adultos mayores y familias completas sobreviven con ayuda solidaria y escasa presencia institucional, aferrados a la fe y a la espera de soluciones. LOS VECINOS SOPORTAN DÍAS DÍFICILES Y NOCHES AÚN PEOR, CON UNA GRAN FE ACEPTAN LAS DIFICULTADES Y ESPERAN AYUDA. LOS VECINOS SOPORTAN DÍAS DÍFICILES Y NOCHES AÚN PEOR, CON UNA GRAN FE ACEPTAN LAS DIFICULTADES Y ESPERAN AYUDA.