Autor: Ricardo Becerra Inostroza, Sociedad Histórica y Patrimonial de Osorno
Las montañas como fuentes de agua milagrosa y leyendas huilliches
Las montañas como fuentes de agua milagrosa y leyendas huilliches esde tiempos inmemoriales el ser humano se ha beneficiado de las D aguas termales. En el tiempo de los asirios y babilónicos, le asignaban un valor mágico en las ceremonias dedicadas a sus divinidades. En la India, China y Arabia, diversos mitos o tradiciones religiosas la vinculan con la pureza de la vida, simbolizándola con fuentes de aguas que decoraban palacios y templos. Los griegos enfatizaron mayormente sus propiedades medicinales gracias a los estudios realizados por Tales de Mileto y los romanos se encargaron de expandirlas por todo su vasto imperio. Los españoles supieron de ellas a través de los árabes que dominaron la península hispana. Se comentaba que en el Califato de Córdoba existían más de novecientos baños públicos. En el continente americano, las comunidades aborígenes utilizaban de manera cotidiana esas aguas preferentemente para fines curativos. En nuestro país -y según investigaciones realizadas por el Abate Juan Ignacio Molina, como en otras latitudes de Américalos indígenas consideraban de origen sagrado esas aguas, al provenir de un dios que llamaban Meúlen.
La historiografía nacional indica al gobernador de Chile y fundador de Osorno, García Hurtado de Mendoza, como el primer español que, en sus notas de viajes, mencionó una fuente termal como de "amenas huertas y fuentes calientes deleitables". Esa descripción correspondía al sector de la precordillera andina que los aborígenes llamaban Puyehue (del vocablo chesüngun: Puye o pequeño pejerrey y hue: tierra). Una leyenda relata lo siguiente de esas aguas termales del Puyehue: "La guerra por la conquista de Arauco era dura y sin cuartel. En las batallas se peleaba a muerte y eran frecuentes las emboscadas y las sorpresas. En un combate los españoles hicieron prisionero a un mocetón, hijo del toqui más famoso de la comarca. Sometidos a crueles torturas, el indio demostró el temple de la raza y, sin flaquezas, resistió el tormento.
El capitán de los españoles, curtido en cien entreveros, supo apreciar la calidad del hombre y, asombrado, no sólo le perdonó la vida, sino que ordenó ponerlo en libertad. 'Volved a vuestros lares' -le dijo'porque sois libre.
Y decid avuestro padre que no he tenido corazón para destruir tan noble semilla de una raza sin par'. El mocetón regresó a las tierras paternas y allá contó que los españoles eran duros y severos; pero que también sabían apreciar el valor en el enemigo. La guerra seguía su curso y el capitán aquel enfermó un día de un mal que les resultaron vanos todos los recursos de la medicina de aquellos tiempos. Su cuerpo se había cubierto de llagas y pústulas que le causaban terribles sufrimientos.
Llegó a oídos del cacique la enfermedad del jefe hispano y dando muestras de nobleza y generosidad, viajó al campamento enemigo y se ofreció al capitán enfermo para servirle de guía y llevarlo hasta las montañas donde brotaban las aguas maravillosas.
Tras una corta permanencia en las fuentes, el capitán sanótotalmente y, desde entonces, empezó a propagarse la fama de las aguas que tan milagrosamente lo habían curado". 1 Así las aguas milagrosas de Puyehue se esparcieron de boca en boca entre los españoles y: ". .. todos cuantos sufrían males reputados incurables querían llegar a Puyehue en busca de salud". En aquellos tiempos, los mejores caminos eran simples senderos que se perdían en las montañas. El viaje era largo, pesado y peligroso; pero todos estos obstáculos eran superados por las caravanas que llegaban a Puyehue. Aquellos esforzados peregrinos tenían que transportar todos los elementos necesarios para su permanencia en las termas, pues ahí no se contaba con ninguna comodidad.
Sin embargo, la bondad de las aguas justificaba estos sacrificios y era posible contar, en ciertas oportunidades, hasta doscientos bañistas". 2 Hacia el siglo XIX, científicos como Ignacio Domeyko, Claudio Gay, entre otros, realizaron interesantísimos estudios de las propiedades minerales e hidrológicas de esas aguas, que fortalecieron aún más la conveniencia y los excelentes beneficios medicinales para el ser humano. "Estas fuentes de vida saludable eran cada vez más frecuentadas por quienes padecían enfermedades renales, vesicales, prostáticas, afecciones digestivas o hepáticas, reumatismos crónicos, diabetes, obesidad, gota y anemia.
A fines del siglo XIX, en Puyehue las primeras evidencias de instalaciones termales fueron rústicos baños construidos de pellín y roble, cuyas aguas sulfatadas-sódicas y cloruradas-sódicas, son verdaderos manantiales de vida". 3 LICARAYÉN Y QUITRALPIQUE En el imaginario huilliche existen múltiples leyendas que relatan su cotidianeidad, creencias, ritos y ceremonias que van entrelazando su cosmovisión cultural. Una de esas leyendas tiene de protagonista a Licarayén, hija de un cacique, que estaba de novia con el toqui Quitralpique. Las comunidades indígenas a la cual pertenecían los jóvenes hulliches estaban en permanente conflicto de tierras y aquel enlace abrió la esperanza en concretar la paz.
Sin embargo, un pillán (espíritu ancestral poderoso) de nombre Pirepillán, que habitaba en las entrañas del volcán Hueñanca -hoy conocido como volcán Osorno-, fue presa de la envidia y celos al observar que esa pareja irradiaba amor puro y transparente. Pirepillán, demostrando su desaprobación, lanzó desde el interior del volcán grandes bocanadas de fuego y lava. La tierra comenzó a temblar y todo hacía prever que las comunidades indígenas serían aniquiladas por el furor de las erupciones volcánicas. Una junta de lonkos analizó esa preocupante situación, donde sus comunidades estaban en evidente peligro.
En una de esas juntas, un machi solicitó la palabra, señaló que la única solución era derrotar al Pirepillán y, para ello, había que sacrificar a la más hermosa de las jóvenes indígenas extrayéndole el corazón y, de aquellas, la más agraciada era Licarayén. Su padre, lonko de una de las parcialidades, con gran amargura le comunicó la triste noticia. Licarayén, mostrando entereza y valentía, consoló a su acongojado y abatido progenitor diciéndole que estaría feliz de ofrendar su vida para salvar a su querido pueblo. Licarayén pidió que su novio Quitralpique traspasara con su lanza el pecho para extraerle el corazón y llevarlo envuelto en ramas de canelo a la cima del cerro Pichi Juan. Quitralpique cumplió ese deseo y temiendo no soportar su alejamiento, con la misma lanza se traspasó el corazón para unirse en la eternidad con su amada Licarayén. Un cóndor se posó en la cima del Pichi Juan llevando el corazón de la doncella indígena y junto a las ramas de canelo los introdujo al cráter del volcán. Paulatinamente, el macizo cordillerano disminuyó su implacable furia, hasta quedar completamente quieto. Mientras, Pirepillán quedó encerrado dentro del volcán, aunque en su afán de liberarse provocaba más de algún temblor.
Los integrantes de las comunidades observaron maravillados que las ramas del canelo que habían cubierto el corazón de Licarayén, se transformaban en nieve y al derretirse formaban los lagos Llanquihue, Todos Los Santos, Chapo y Reloncaví. Así, esos lagos de incomparable belleza paisajística, son herencia de esa hermosa historia de amor protagonizada por Licarayén y Quitralpique. PELIGRO EN LAS ALTURAS Las comunidades huilliches, cuando eran los únicos habitantes de estos territorios, manifestaban gran veneración y respeto al Volcán Osorno, porque en las entrañas del macizo habitaba el pillán.
En los alrededores del volcán se efectuaba cada cierto tiempo un guillatún, invocando al padre creador Chao Gunechén sus agradecimientos por las bendiciones recibidas y rogando una mejor y más llevadera existencia de cada una de las tribus y sus integrantes. Según narra la leyenda, cuando vomitaba fuego lanzando piedras ardientes y lava, significaba que el volcán estaba muy furioso, porque le habían colocado diferentes nombres: Chodhueco, Pire, Quetrupe, Pirepillán, Purailla, Puramahue, Hueñanca o Prarauque. En la primavera de 1640, la junta de lonkos, al comprobar los descalabros que provocaban las erupciones volcánicas en las actividades de siembra, cosecha y pastoreo, acordaron colocarle un solo nombre.
El elegido fue Hueñanca, cuyo significado en chesungún es "peligro en las alturas". Y al parecer al volcán no le fue muy de su agrado el nuevo nombre, porque cada cierto tiempo se hacía presente con temblores y las temidas erupciones. 03 1. Revista En Viaje. Año XII. Diciembre de 1944. Nº134. Pág. 91.2. Ob. Cit. Pág. 92.3. Ob. Cit. Pág. 92. Autor: Ricardo Becerra Inostroza, Sociedad Histórica y Patrimonial de Osorno. Las bondades medicinales de las temas de Puyehue, en el territorio de Osorno, eran bien conocidas por los indígenas. En una ocasión sirvieron para sanar a un capitán español que sufría de llagas y pústulas incurables por la medicina de la época.
Los macizos andinos también han sido el escenario de historias fantásticas del mundo indígena, como la de la joven doncella Licarayén y el temible pillán, que habita en las entrañas del volcán Osorno (o Hueñanca). 1. Revista En Viaje. Año XII. Diciembre de 1944. Nº134. Pág. 91.2. Ob. Cit. Pág. 92.3. Ob. Cit. Pág. 92. LA IMAGEN DICE: "BAÑOS CALIENTES PARA LOS POBRES, CUYO CASERÍO DATA DEL TIEMPO DE LOS ESPAÑOLES".