Autor: POR ESTELA CABEZAS
El presente de LUCÍA TOPOLANSKY
El presente de LUCÍA TOPOLANSKY ETSITTABOGEID VIUDA DE “PEPE” MUJICA: Lucía Topolansky, 81 años, hoy viuda del expresidente uruguayo José “Pepe” Mujica, aparece al otro lado de la pantalla con su clásico pelo blanco, corto, en medio de unos árboles verdes intensos, ubicados en el terreno donde está esa chacra que por más de 50 años compartió con su marido. Sentada justo frente al árbol en donde dejaron las cenizas de Pepe, como ella le dice, comenta: Estoy aquí, no sé, a unos 10 metros del árbol. Él quiso que lo incineraran y lo pusieran ahí. Él amaba la tierra, entonces quería estar en la tierra.
Y quedó un espacio, donde la gente viene, claro que yo no puedo tener en mi casa un cementerio, pero sí puedo tener un lugar de reflexión, de memoria. ¿Va mucha gente a visitarlo? Vienen, sí. Ahora en verano, vienen muchos turistas, sobre todo argentinos, brasileños; hay mucha gente que lo quería y uno no puede ser egoísta. Que la gente esté un rato. Me traen arbolitos para plantar, hemos armado una especie de jardín. Las cosas que saben que a Pepe le gustaban. Queda como un lugar de recogimiento.
Lucía Topolansky fue senadora, diputada, vicepresidenta de la nación, además de líder y presa política por 13 años quedó libre gracias a una amnistía y hoy, fiel a su vida, habla de todo, de política latinoamericana y mundial, del rol de la izquierda, de lo que se ha perdido y de lo que queda por ganar. No se queda en nada. Para la edad que tengo más o menos voy marchando. Y bueno, si bien estoy jubilada, trabajo con mis compañeros (de su coalición, el Frente Amplio uruguayo), porque de la militancia política uno no se jubila nunca. La experiencia que he adquirido en este tiempo trato de transmitirla. No de imponer, porque cada generación tiene que hacer su experiencia, cada tiempo tiene sus claves, y la vida va fluyendo. Pero el haber vivido mucho da una perspectiva Yo trabajo mucho con mis compañeros más jóvenes. En Chile no se dio de manera tan natural este intercambio entre políticos jóvenes y los con más experiencia. Se ha dicho que la generación de Gabriel Boric y los que dejan el Gobierno ahora, querían jubilar a la vieja guardia, convencidos de que lo iban a hacer mejor. Nosotros tuvimos una prédica de muchos años, que la llevó adelante fundamentalmente Pepe, y que decía: “el mejor dirigente es el que deja un núcleo de gente que lo supera con ventaja. Hay que promover gente”. Si tú no tienes un almácigo no van a salir dirigentes nuevos. Si el dirigente viejo se planta, y abajo de él no crece nada, cuando ese dirigente no está, se acaba la idea porque no hay manos que la continúen. La mayor preocupación que él tenía era que quedara gente que pudiera tomar las banderas, porque los seres humanos pasamos. Y las causas permanecen. Dice que esa fue una alegría que vivió su marido, en las elecciones generales de noviembre de 2024, que dejaron al Frente OIRUCREMLE Amplio uruguayo como el partido más votado. El día de la elección, él ya estaba muy enfermo, y cuando vimos el resultado fue: “Ah, cumplieron.
Ahora estoy tranquilo”. Ellos habían entendido de qué se trataba todo. ¿Y cómo se hace eso en un espacio donde hay tantos egos y verdades reveladas? La conexión se ve, es decir, “yo no te voy a imponer nada, solo te pido que me escuches”. Entonces se van rumiando, pensando, pero luego te llaman de vuelta. Hay que tener paciencia.
Lucía Topolansky dice que hoy no solo trabaja con los políticos más jóvenes; también está involucrada con las escuelas rurales, donde suele ir a dar charlas en las que se esfuerza por llevarles alguna historia tan entretenida que logre sacar a los estudiantes del celular, y también en los barrios más desestructurados de las periferias urbanas, los asentamientos. Trabajamos con brigadas, vamos con los chiquilines y les damos clases de apoyo. Eso lo hacemos con muchachos jóvenes que hacen de profesores, es un ganar-ganar, porque ellos maduran.
También hacemos cosas de deportes, hemos hecho hornitos de barro, enseñamos a panificar y si bien eso no le va a resolver la economía a esas familias, se junta gente y se producen momentos de comunidad. Porque un problema que en Uruguay tenemos es que se ha perdido la comunidad. Eso es como un signo de los tiempos: la gente está más puertas adentro, entonces sobrevive sola y eso es complicado.
Claro, por eso mi casa desde siempre fue un lugar de puertas abiertas, aun en el momento en que Pepe fue presidente, acá venía todo el mundo y eso la gente lo aprecia. ¿En la época en la que estuvo enfermo también fue así o tuvieron que replegarse un poco? En el principio no, después, cuando él fue empeorando, hicimos un cierto cerco de bienestar. Pero estuvo con la gente. Además, no estuvo un solo día en cama. Mientras la fuerza le dio, se subía al tractor a dar una vueltita y, aunque fuera, arar un pedacito. Él amaba la tierra. Lucía Topolansky recuerda ese viernes de abril de 2024, en que les dieron el diagnóstico, y ese lunes siguiente en que lo contaron en una conferencia de prensa. Nosotros nos debemos mucho a la gente y entendimos que teníamos que dar la información.
Después vino la etapa de los tratamientos, a Pepe le faltaban siete días para cumplir 90 años, tampoco era un niño ¿ Él nunca dudó en hacerse el tratamiento? Hay personas mayores que dicen “no, no me voy a hacer nada”. No, él amaba la vida. Él peleó para vivir. Nosotros consultamos con todos. Él tenía cáncer en la parte final del esófago, y los mejores especialistas en eso son los japoneses y, como teníamos muy buena relación con Japón, se pusieron a la orden. Pero todo lo que se estaba haciendo acá, era lo mismo que hacían allá, y él prefería estar en casa. Acá teníamos enorme solidaridad de la gente y él podía hacer todos esos trabajitos. Cuando ya no pudo subirse, le compramos una silla eléctrica. Cuenta que daba órdenes y que les dejó un plan de trabajo. Que hagan esto, lo otro. Pura orden Iba hasta la casa del vecino por un camino que no pasó nadie, con la silla eléctrica, a visitarlo. Dos, tres días antes de irse, él ya no pudo subir en la silla porque le empezó a venir una gran debilidad. Y entonces vino el Presidente, los compañeros más cercanos y una cantidad de músicos. Porque la música tiene un efecto sanador. Lucía Topolansky se emociona. Un día almorzó, se tiró a dormir la siesta y se fue. Nosotros quedamos contentos de que no hubiera sufrido. Sin dolor. En casa. Dice que la ausencia “es difícil. Pero el tiempo también tiene eso de que va ordenando”. Hoy están abocados a la tarea de organizar los papeles que él dejó escritos. Una especie de museo con su pensamiento. Hicimos una fundación y tenemos varios equipos, con historiadores y otros que recopilan. Además, Pepe era medio desprolijo para eso, agarraba un papel, escribía algo y lo dejaba por ahí. ¿Y cómo es su vida ahora? Imagino que el último tiempo estaba muy centrada en cuidarlo. Sí, pero yo soy una persona que, primero, siempre milité, yo tengo una causa para vivir y soy una persona metódica, así es que me organicé nuevamente la vida. Establecí mis horarios para leer, y ahí tengo un peligro, porque si me pongo a leer y no me pongo un horario para terminar, podría estar todo el día. También un horario para hacer las tareas livianas: clasifico semillas, hago los almácigos, y después, trabajo en cuestiones políticas. Me mandan los compañeros, “estúdiame esto, a ver cómo podríamos encaminarlo, hay que redactar un papel”. ¿Está más ocupada que antes? No, es una ocupación diferente. Yo lo que trato es no tener tiempo libre, llegar cansada a la noche y dormir bien.
Nosotros tuvimos un amigo, que era antropólogo que siempre nos decía esto: “Cuando tenía 20 años, hacía planes a 40 años, y me comía el mundo, pero ahora que tengo 90, hago planes a 24 horas”. Hay que tener siempre un plan. Y yo nunca tengo un día vacío, porque tengo cantidad de familiares, compañeros y vecinos. Pensé que me decía que no quería tener un día vacío por la ausencia de su marido. Claro, es una forma de llenar. Hay cosas que no las vas a sustituir, pero es una forma de compensación. Y además, creo que es importante porque las cosas que estoy haciendo les sirven a otros. Una de esas cosas insustituibles, dice, fue que perdió a su interlocutor. Fueron 50 años conversando de la vida, de la política, de lo que fuera.
El otro día pensaba: “Con estas locuras que están pasando en el mundo, todo el tema de Trump y demás, ¿qué hubiéramos conversado?”. Bueno, no lo voy a suplir, pero creo que el esfuerzo de no estar inútil en la vida, ayuda a salir adelante. ¿Qué habría pensado él de lo que está pasando con Trump? ¿ La persecución a inmigrantes o lo que sucedió en Venezuela? Él hace mucho que venía diciendo que estábamos entrando en un cambio de época y yo creo que es verdad. Lo que sabíamos de normas internacionales está todo hecho trizas.
Nosotros ponemos una imagen de un mono que se rascaba la cabeza y dice, “ahora que me había aprendido todas las respuestas me cambiaron la pregunta”. ¿Conversaba con su marido de cómo llegamos acá? ¿ En qué se equivocó la izquierda, que permitió este auge de la extrema derecha cuando en los últimos 40 años el mundo fue más socialdemócrata? Ojalá tuviera esa respuesta. Yo creo que la izquierda es un concepto muy grande, y hubo cierta izquierda que nunca entendió, o nunca quiso analizar, el significado del derrumbe de la Unión Soviética. Y eso fue una cosa colosal. Dejó un agujero que si uno no asumía lo que había pasado no iba a entender lo que seguía. Pero increíblemente hubo gente que no lo quiso mirar. ¿Qué cree que hizo mal la izquierda en Chile? El Presidente Boric le está entregando el gobierno a una persona de derecha. Yo, mirado desde acá, y me puedo equivocar porque a uno siempre le faltan vivencias, cuando empezó todo ese proceso en Chile (estallido social, en 2019), aquellas movilizaciones, desde afuera se veía una cosa caótica. No se sabía por dónde iba a salir. Y un poco la salida fue aquella constituyente.
Y bueno, lo que pasó, y se lo dije a algunos chilenos, es que se hizo una constituyente que era como un recorte y pegue, con pedacitos de propuestas de un espectro, y no, las constituciones son rumbos del país. ¿Cuál es su opinión del Presidente Gabriel Boric y el trabajo que debe hacer la izquierda chilena a futuro? Como persona, le tengo un enorme aprecio a Boric, tuve la oportunidad de conocerlo, pero creo que le faltó partido detrás, tener un equipo sólido de respaldo, de militancia.
De todos modos, Jeannette Jara sacó 40% de votos, que no es poco, tampoco es una cosa para tirar a la basura, ¿verdad? Es un punto de partida en el que hay que sentarse a reflexionar.
Nosotros, cuando después de tres períodos perdimos, lo primero que hicimos no fue ponernos a llorar, salimos a preguntarle a la gente, “señor, ¿por qué perdimos?”. Le preguntamos al que estaba en el campo, en la ciudad, a todo el mundo.
Y con eso obtuvimos un panorama de ciertas desconexiones. ¿Y cuáles eran las mayores desconexiones que hicieron que ustedes perdieran? Bueno, hubo un problema de pérdidas de puestos de trabajo, y el trabajo, de todas las políticas sociales, es la más importante, porque es lo que te ordena la vida. ¿Y en ese sentido, cree que fue un error de la izquierda en general de enfocarse tanto en los temas identitarios? Hay que tener equilibrios en las cosas. La gente para vivir precisa tener un techo, comer todos los días, tener salud y educación. Esas son las básicas. Y de eso, si un gobierno no se ocupa, va a tener problemas. Después, las sociedades van evolucionando y van apareciendo derechos nuevos. Siempre cuando algo estuvo muy excluido y se produce el avance en esos derechos, es como pendular, se va de un extremo al otro y después hay que buscar el punto de equilibrio.
Nosotros fuimos avanzando en algunos temas en forma gradual, porque no se puede ir en blanco y negro (). En política, la paciencia es muy importante. ¿Cuando mira hacia atrás, con qué se queda? Nadie me quita lo bailado. Fui feliz. Y creo que eso compensa todo lo demás. El tiempo, la vida, termina trayendo otra serenidad. Y lo gregario, la comunidad, es lo que a uno lo sostiene, ayudar al prójimo, porque eso fue siempre un fiel de mi vida. Lo más importante es ser sincero en las relaciones humanas. Porque ahora todo usa y tira, hasta las relaciones humanas. Demoran cinco minutos. Se casan, se descasan, tiene este amigo, al otro día no lo tiene. Es terrible lo que está pasando. Sin embargo, construir una relación o una amistad, es una cosa que lleva tiempo, que lleva renuncias, convivencia, pero al final da unos frutos maravillosos. Eso es de lo que tenemos que convencer a la gente. “Fueron cincuenta años conversando de la vida, de la política. El otro día pensaba: con estas locuras que están pasando en el mundo, todo el tema de Trump y demás, ¿qué hubiéramos conversado?”. Autor: POR ESTELA CABEZAS.
Hace casi un año murió su marido, el expresidente de Uruguay, y Lucía Topolansky, quien ha sido diputada, senadora y vicepresidenta, ha reorganizado su vida porque asegura que “el tiempo, la vida, termina trayendo otra serenidad”. También habla de política y sobre el gobierno del Presidente Boric, cree “que le faltó partido detrás, tener un equipo sólido de respaldo, de militancia” Y agrega: “En Chile gobernó la izquierda y ¿ qué pasó?, no llegó a la gente. Y si uno le empieza a echar la culpa a otro, es la mejor manera de no hacerse una autocrítica”. “Fueron cincuenta años conversando de la vida, de la política.
El otro día pensaba: con estas locuras que están pasando en el mundo, todo el tema de Trump y demás, ¿qué hubiéramos conversado?”. “Yo lo que trato es no tener tiempo libre, llegar cansada a la noche y dormir bien”, dice y agrega: “Hay que tener siempre un plan. Yo nunca tengo un día vacío”. En la foto, junto a Pepe Mujica.