Autor: Ricardo Troncoso Sepúlveda Académico. Departamento de Gestión Empresarial
Columnas de Opinión: Crecimiento desordenado ya pasó la cuenta
Columnas de Opinión: Crecimiento desordenado ya pasó la cuenta o que ocurrió este verano en Ñuble no fue solo una tragedia ambiental. Fue una señal de alerta. Los incendios de 2026 L dejaron viviendas destruidas, miles de personas evacuadas y comunas completas bajo amenaza. Pero más allá de la emergencia, nuevamente dejaron en evidencia algo más profundo: el territorio de Ñuble se está volviendo cada vez más vulnerable, y esa vulnerabilidad no es solo climática, es estructural. Hoy la región enfrenta un fenómeno rápido y complejo. Por un lado, crece económicamente gracias al desempeño agrícola. Por otro, la población sigue aumentando en zonas rurales, debido a la migración urbano-rural que se aceleró postpandemia. Parcelas, loteos y nuevas casas ocupan terrenos que antes eran productivos o no estaban listos para recibir habitantes permanentes. El problema es que este crecimiento ocurre donde hay terreno disponible, no donde existe infraestructura. Y eso tiene consecuencias concretas. Cuando el fuego avanzó este verano, muchas de las zonas afectadas no eran centros urbanos consolidados, sino áreas rurales habitadas de manera dispersa. Sectores sin planificación, con accesos limitados, sin redes de agua adecuadas y con alta exposición al riesgo. En ese contexto, responder a la emergencia se vuelve más difícil, más lento y más costoso. La expansión desordenada del suelo rural está creando un nuevo tipo de territorio: ni completamente urbano ni realmente rural. Un territorio fragmentado, con baja densidad, altos costos de provisión de servicios y, lo más grave, altamente expuesto a riesgos como incendios, sequía o aislamiento. Al mismo tiempo, este proceso está erosionando la base productiva de Ñuble. La región crece gracias a la agricultura, pero la tierra se fragmenta, se encarece y pierde escala. Es una contradicción evidente: el mismo territorio que sostiene el crecimiento está siendo debilitado por decisiones que no consideran sus efectos a largo plazo. Desde la economía, esto tiene un nombre claro: mala asignación de recursos. La tierra deja de usarse donde es más productiva, el capital no fluye hacia las mejores explotaciones y el trabajo se redistribuye ineficientemente. El resultado no se ve de inmediato, pero es acumulativo: menor productividad, menor crecimiento futuro y mayor desigualdad territorial. Y mientras tanto, los municipios deben responder a una creciente demanda de servicios en territorios que nunca fueron diseñados para ello. Pero lo hacen con presupuestos pensados para una ruralidad distinta. Ñuble está entrando en una nueva etapa. Ya no es solo una región agrícola. Es un territorio híbrido, donde conviven crecimiento económico, migración interna y expansión desregulada. El problema es que ese equilibrio es inestable. Si no se actúa ahora, lo que vimos este verano puede repetirse, pero con mayores costos. No solo incendios más difíciles de controlar, sino también territorios cada vez más caros de sostener, menos productivos y más desiguales. La discusión ya no es solo si Ñuble debe crecer. La verdadera pregunta es si ese crecimiento será gobernado o simplemente soportado. Y la evidencia reciente sugiere que, hasta ahora, lo estamos dejando correr solo. Autor: Ricardo Troncoso Sepúlveda Académico. Departamento de Gestión Empresarial. Opinión