Autor: POR Michelle Ponce Romero.
Resiste, CRUZ DE PIEDRA
Resiste, CRUZ DE PIEDRA El recorrido dentro del santuario, dice Guillermo Salazar, es “bonito pero hostil”. Como para darle la razón a Guillermo (parte del directorio de la Fundación Cruz de Piedra, que maneja esta zona ubicada hacia el final del Cajón del Maipo), la cordillera durante esta andadura nos baña en un calor constante que apenas alivian unas brisas suaves mientras ascendemos hasta los 3.700 metros. Vamos en una 4x4 que rebota en las piedras del camino (lo hará durante las siguientes 8 horas), mientras el paisaje se abre lento, como si exigiera paciencia antes de mostrarse. Entre montañas rojizas y amarillas, vertientes y algunos rebaños, aparecen unas estaciones de monitoreo. Aparatos de metal que tienen una función clave en la regeneración y conservación de este predio. “Queremos innovar con tecnologías renovables”, dice Loreto González, que es administradora del santuario. Una de esas máquinas, Vigía Box, permite medir caudales y prevenir tempranamente las emergencias por eventos naturales. Otra monitorea el estado de las vegas, hay una estación que mide el carbono... y así. Si el Santuario de la Naturaleza Cruz de Piedra mantiene un verdeo inusual en pleno verano cordillerano, es en gran parte por la gestión de Loreto. Hace 16 años comenzó a trabajar con Gasco en un fundo que, dice, estaba casi moribundo. Primero se enfocó en la cuenca hídrica. Lo más difícil, explica, no es hacer... sino esperar. En esos primeros años detectó que los caudales que debían abastecer estos ecosistemas andinos no estaban alcanzando toda la superficie. “Los arrieros siempre trabajaron el agua”, cuenta. “Fueron las nuevas generaciones las que dejaron de hacerlo”. Una foto del predio en los años 50 mostraba con claridad el trazado de antiguos canales. Así pudo reconstruir el sistema hídrico en menos de un mes. Pero la recuperación tomó años: que las semillas germinaran, que el pasto volviera a nutrirse y pudiera sostener nuevamente al ganado. Ahora, el forraje vuelve a alimentar a guanacos y vacas, arreadas con cuidado para evitar que erosionen el terreno. Nada se deja al azar, dice.
Es por todo esto que los únicos visitantes que el Santuario de la Naturaleza Cruz de Piedra permite actualmente son estudiantes universitarios que realizan alguna investigación para sus posgrados o diplomados, y en menor medida montañistas que deben solicitar acceso, presentando su currículum deportivo, respaldo logístico ante accidentes, teléfonos satelitales y una ruta detallada. El acceso está controlado por una serie de barreras instaladas por la Fundación Cruz de Piedra, de los dueños de Gasco, que detienen a muchos antes siquiera de internarse en la cordillera.
Como sea, para llegar al fundo, ubicado a unos 15 kilómetros del último punto habitado en el Cajón del Maipo, Las Melosas, debemos pasar varios portones de control y detenernos en otro, más adelante, en la avanzada de Carabineros. Aquí solo viven sus trabajadores: Loreto González y los capataces que mantienen el área. La restricción no es arbitraria.
Fue recién en 2023 cuando el sector fue declarado “santuario de la naturaleza”, tras varios años de esfuerzo y cooperación con entidades como la Facultad de Ciencias Forestales y de la Conservación de la Naturaleza de la Universidad de Chile. Esta categoría permite restringir el acceso cuando se considera que la presencia humana pone en riesgo los ecosistemas. De esta manera, el sector que recorreARDEIPEDZURCOIRAUTNAS ARDEIPEDZURCOIRAUTNAS mos ahora no ha sido visto por ojos nuevos, desconocedores y llenos de expectativas, en mucho tiempo. La primera parada la hicimos en Hualtata, donde sobreviven últimos relictos de frangel en la Región Metropolitana. En años de megasequía, muchas de estas especies perecieron, provocando desconsuelo en su gente: “Daban ganas de llorar recuerda Loreto. Hasta hacíamos machitunes para que lloviera”. En 2024 quisieron revertir la situación. La “plantación en núcleo” (una estrategia propuesta por estudiantes de Ingeniería Forestal de la Universidad de Chile, que replica el crecimiento natural de las especies a partir de pequeños focos de restauración) logró lo impensado. Gracias a este método, crecen alrededor de 400 especies por cada una de las 30 hectáreas que han sido intervenidas. A ratos me siento como una estudiante en salida a terreno: observo suelos y vegetación sin comprender del todo sus dinámicas, más allá de lo que Loreto traduce en palabras simples. El vehículo se detiene cuando ella lo indica. Nos lleva como si estuviera haciendo un tour por el patio de su casa, orgullosa de lo mucho que han crecido las plantas... , peResiste, Resiste, CRUZ DE PIEDRA POR Michelle Ponce Romero. ECNOPELLEHCIM ro en la cordillera. Paramos en el kilómetro 38.
El paisaje cambia de golpe: llegamos a las termas Puente de Tierra, a una hora del acceso (y a 30 metros del camino principal), al costado de una cueva donde, nos comentan, se han encontrado vestigios incaicos, como vasijas que podrían haberse usado en trueques e intercambio de especies. La formación anaranjada como óxido, con pozas de agua amarillenta que se acumulan entre las rocas, me deja fantaseando con la posibilidad de sumergirme un rato, apoyada con los codos, mirando al cielo todavía despejado. Pero hay que seguir.
El trayecto alterna montañas de yeso blanco, formaciones como Río Damas con huellas petrificadas de lluvia y rastros de antiguos vertebrados (aunque el temporal que ocurrió hace pocos días, nos explican, barrió cualquier amonite visible), y puentes de madera que nos separan de los fuertes cauces de agua. Hasta que algo grande nos desconcierta: llegamos frente al glaciar Argüelles, donde la arena muy negra contrasta violentamente con el blanco del hielo. Cada año retrocede más y más, producto del desaforado calor, dice Loreto. Junto a él, el cerro del mismo nombre, de 4.819 metros, sigue sin ser ascendido, nos comentan. Me pregunto cuánto tiempo más seguirán así. Mientras el glaciar disminuye con el tiempo, el volcán que formó las columnas basálticas a las que nos aproximamos, dice Loreto, desapareció hace millones de años. Miradas desde abajo, las formaciones son desafiantes. Hay unas rocas volcánicas que se levantan verticales, como una especie de Stonehenge natural. La ruta que queda es bastante intuitiva. Seguimos un camino de tierra abierto en los años 90, por donde pasa el trazado de gasoducto y fibra óptica entre Chile y Argentina. Si llegase a perder el oriente, o quiere saber qué tan cerca está del volcán Maipo, basta con reconocer las vegas altoandinas que lo anteceden. Estos humedales crean cojines suaves al tacto, como felECNOPELLEHCIM LOIFNAITSIRC pa, que suministran de agua incluso en temporadas secas. Su tono de verde las distingue del resto de la vegetación, y son uno de los objetivos de conservación declarados por el santuario. Los últimos hitos de la ruta llegan prácticamente de la mano: manadas de guanacos, un tan sorprendente como sobrio volcán Maipo, el nacimiento del río del mismo nombre... y un globo atrapado. Es desconcertante lo lejos que llegan estos cotillones de celebraciones. Para Loreto y los capataces, es una molestia habitual. Los guanacos al principio son apenas unas manchas en movimiento, difíciles de distinguir entre la roca y el pasto. Loreto los ve a kilómetros. “Si hay uno, hay diez”, dice. Así es: donde veo uno, luego asoman varios. Hasta que empezamos a escuchar sus relinchos cada vez más cerca. El último conteo de esta especie, en otoño del año pasado, sumó 426 ejemplares. La cifra no es menor si se considera que no hace tanto los estaban dando por extintos aquí. La mayor amenaza que tienen ahora mismo son los cazadores. En especial, los que llegan del otro lado de la frontera. “Habiendo demanda, habrá gente que cace guanacos”, dice Loreto. El volcán Maipo, por su parte, tardó en mostrarse. Desde lejos podíamos ver aún manchas de nieve en su pico. A medida que nos acercamos, la contemplación apagó cualquier conversación. A sus pies nace el río Maipo, estrecho, casi tímido. Cuesta creer que este hilo de agua abastezca a gran parte de la Región Metropolitana. Más abajo recibe afluentes como los ríos Blanco y Yeso, y recorre cerca de 250 kilómetros hasta desembocar en el balneario de Llolleo, en el litoral central. A pocos metros, un poste pintado de amarillo en la parte de arriba indica que acabamos de llegar al kilómetro 0 de la ruta, junto a la frontera. Chile comienza aquí con una poza discreta, un volcán nevado y unos cerros que parecen dibujados a mano. El recorrido termina con “y se fue la tarde”. Nos detenemos en una vertiente, llenamos las botellas con el agua más pura que he probado y emprendemos el regreso, cruzando portón tras portón. Ese trámite ya no parece tedioso. Entiendo que el Santuario de la Naturaleza Cruz de Piedra debe resistir.
D ECNOPELLEHCIM Con 93 mil hectáreas de tierras no intervenidas, este santuario de la naturaleza inmerso en la cordillera, hacia el final del Cajón del Maipo, colindante con la frontera argentina, pasma en cada parado con sus objetos de protección: especies e hitos que se resisten a desaparecer.
Autor: POR Michelle Ponce Romero.. Con 93 mil hectáreas de tierras no intervenidas, este santuario de la naturaleza inmerso en la cordillera, hacia el final del Cajón del Maipo, colindante con la frontera argentina, pasma en cada parado con sus objetos de protección: especies e hitos que se resisten a desaparecer.
Con 93 mil hectáreas de tierras no intervenidas, este santuario de la naturaleza inmerso en la cordillera, hacia el final del Cajón del Maipo, colindante con la frontera argentina, pasma en cada parado con sus objetos de protección: especies e hitos que se resisten a desaparecer. ACCESO. El Santuario de la Naturaleza fue declarado en 2023. Por ahora, solo está abierto a científicos y montañistas con autorización. Aquí, una vega a los pies del volcán Maipo. GREDA. Las termas de Puente de Tierra están a una hora en auto desde la entrada. VISTA. El último registro de una manada de guanacos fue en el otoño pasado. GREDA. Las termas de Puente de Tierra están a una hora en auto desde la entrada. HITO. Este cartel marca la frontera entre Chile y Argentina por esta ruta. GEOLOGÍA. En la zona hay impresionantes formaciones de roca basáltica como estas, una que recuerda un poco a Stonehenge (arriba) y otra con enormes columnas hexagonales. HITO. Este cartel marca la frontera entre Chile y Argentina por esta ruta.