Entre cerros, cuadernos y familia: 83 años de la Escuela
Entre cerros, cuadernos y familia: 83 años de la Escuela M ucho antes de que existieran los buses _de acercamiento, antes de las nuevas poblaciones rurales y antes incluso de que Pachacamita comenzara a crecer como sector residencial, ya existía una pequeña escuela levantada entre cerros y caminos de tierra. Era 1943 cuando nacía oficialmente la Escuela Monte Carmelo, un establecimiento rural que con el tiempo terminaría convirtiéndose en uno de los espacios más importantes para las familias del sector. En esos años, la vida en Pachacamita era completamente distinta. Las casas estaban dispersas, muchas familias vivían del trabajo agrícola y los niños debían recorrer largos trayectos para estudiar. La escuela apareció Por Juan Pablo Rojas Ahumada entonces como una necesidad urgente para un territorio rural que comenzaba lentamente a organizarse. Las primeras construcciones eran simples. Según recuerda hoy el director Miguel Molina, primero existió una antigua escuela de adobe y posteriormente una estructura de emergencia levantada después de los terremotos de los años 60. Era una escuela pequeña, prácticamente familiar, donde durante décadas trabajaron apenas uno o dos profesores. En sus primeros años funcionó incluso como escuela unidocente y dependía administrativamente de Hijuelas, mucho antes de pasar oficialmente a la administración municipal de La Calera en 1990. Por entonces, Monte Carmelo no solo era una escuela: era uno de los pocos puntos de encuentro de toda la comunidad rural. Allí se reunían vecinos, se organizaban actividades y crecían generaciones completas de niños que, en muchos casos, llegaban caminando desde distintos sectores cercanos. Décadas después, esa misma escuela cambiaría también la vida de una joven pareja de profesores. RECIÉN CASADOS RUMBO A PACHACAMITA A comienzos de los años 80, Miguel Molina y Verónica Zapata Díaz iniciaban sus primeros pasos en educación. Ambos habían trabajado en otros establecimientos de la zona. Miguel incluso dirigió una escuela en La Calera y Verónica se desempeñaba en el área técnica pedagógica. Pero en 1987 surgió una invitación desde Hijuelas para hacerse cargo de la Escuela Monte Carmelo. Aceptaron el desafío casi sin imaginar que terminarían construyendo toda una vida en Pachacamita. "Nosotros somos parte de la historia", resume hoy Miguel Molina, al recordar esos primeros años. La escuela que encontraron era completamente distinta a la actual. Había pocos alumnos, pocos recursos y una dinámica profundamente rural. "Al comienzo era una escuela unidocente, había un solo profesor y luego pasó a ser bidocente. Estábamos los dos con Verónica y una persona que nos ayudaba", recuerda.
Pero lo más particular era que los profesores vivían dentro de la escuela, la antigua construcción incluía una casa destinada a quienes trabajaban allí y durante varios años, Miguel y Verónica literalmente hicieron de la escuela su hogar. En aquel tiempo, la jornada no terminaba cuando sonaba el timbre, ya que los vecinos llegaban constantemente, los apoderados conversaban a cualquier hora y los niños crecían viendo a sus profesores como parte. Recién casados, Miguel Molina y Verónica Zapata llegaron en 1987 a la Escuela Monte Carmelo.
Casi cuatro décadas después, siguen siendo parte de la memoria viva de una comunidad donde la escuela nunca fue solo un lugar para estudiar La Escuela Monte Carmelo y su comunidad a comienzos de la década de los 70. Monte Carmelo como pilar de la educación rural natural de la comunidad. La vida familiar y la vida escolar prácticamente se mezclaban, porque en Pachacamita todos se conocían. LOS AÑOS DE LA ESCUELA PEQUENA Durante esos años, Monte Carmelo seguía siendo una escuela muy reducida.
Cuando Miguel Molina llegó, el establecimiento apenas tenía entre 25 y 30 alumnos y la mayoría provenía de familias rurales del sector, y la escuela mantenía un ambiente mucho más tranquilo que el de los establecimientos urbanos. Con el tiempo, el director comenzó a notar cómo la ruralidad también empezaba a transformarse. Nuevas familias llegaron al sector, algunos terrenos fueron subdivididos y Pachacamita comenzó lentamente a crecer. Detrás de la escuela aparecieron nuevos conjuntos habitacionales y poblaciones rurales levantadas por las propias familias del lugar. Se puede decir que la escuela creció junto al territorio, aumentó la matrícula, llegaron más profesores y comenzaron a incorporarse nuevos equipos profesionales vinculados al Programa de Integración Escolar y convivencia escolar. Pero pese a todos los cambios, Miguel Molina asegura que la esencia rural todavía se mantiene. "Siguen siendo mucho más tranquilos que en la ciudad", dice sobre los estudiantes actuales. Aunque reconoce que las nuevas generaciones son más inquietas y abiertas que antes, cree que aún conservan algo fundamental: el respeto hacia la escuela y los profesores. GENERACIONES QUE VUELVEN Con el paso de los años, Miguel y Verónica dejaron de ser solamente los profesores de la escuela. Se transformaron en parte de la memoria afectiva de Pachacamita. Muchos de los niños que conocieron durante los años 80 y 90, hoy siguen viviendo en el sector. Algunos formaSigue en página 24 Entre cerros, cuadernos y familia. .. familias. Los abuelos participan de las actividades, las organizaciones comunitarias colaboran y cada evento escolar sigue convocando a buena parte del sector. TRADICIONES QUE SIGUEN VIVAS Mientras el mundo rural cambiaba, la escuela intentó conservar algunas tradiciones que por años marcaron la identidad de Pachacamila. El folclore, las veladas artísticas y las celebraciones de septiembre siguen siendo parte importante de la vida escolar. Durante décadas, esas actividades ayudaron a fortalecer el sentido de comunidad entre las familias y mantuvicron vivas muchas costumbres campesinas que aún forman parte de la identidad local.
Para Miguel Molina, esa cercanía humana sigue siendo uno de los mayores valores de la educación rural y quizás por eso, después de tantos años, todavía habla de la escuela con la emoción de quien recuerda una parte fundamental de su propia vida. EL PRESENTE Y LOS SUEÑOS PENDIENTES Hoy, la Escuela Monte Carmelo está lejos de aquella pequeña construcción rural que recibió a Miguel y Verónica en 1987.
En 2009 finalmente se inauguró el actual edificio de cemento, dejando atrás la antigua estructura de emergencia de madera que acompañó duron familia, heredaron lerrenos de sus padres y construyeron sus casas cerca de donde crecieron y varios de ellos terminaron enviando a sus propios hijos a la Escuela Monte Carmelo. Ese vínculo cercano se convirtió con el tiempo en uno de los principales sellos de la escuela. En Monte Carmelo todavía existe una relación muy estrecha entre profesores, estudiantes y P rante décadas a la comunidad educativa. Actualmente, el establecimiento tiene cerca de 100 estudiantes y recientemente logró concretar uno de los grandes anhelos de los apoderados: incorporar séptimo y octavo básico. Sin embargo, el director reconoce que todavía quedan desafíos importantes. El principal sueño es contar con más espacio para seguir creciendo, porque la actual infraestructura ya comienza a quedar pequeña frente al aumento sostenido de matrícula. Mientras tanto, Miguel Molina continúa recorriendo diariamente los mismos patios donde pasó gran parte de su vida adulta.
Ya son casi cuatro décadas desde que llegó recién casado a Pachacamita y aunque la ESCUELA MONTE CARMELO escuela cambió, aunque crecieron las generaciones y la ruralidad ya no es la misma de antes, hay algo que sigue intacto.
En Monte Carmelo, la escuela todavía se siente como una familia, porque para muchas personas del sector, ese establecimiento nunca fue solo un lugar para estudiar, también fue hogar; lo que sigue siendo hasta ahora.. Desde 2009 este es el edificio que alberga a la comunidad de la Escuela Monte Carmelo. Hace casi 40 años, los profesores Miguel Molina y Verónica Zapata llegaron a Pachacamita a hacerse cargo de la escuela. Imágenes del recuerdo en estos casi 80 años de historia. Monte Carmelo como pilar de la educación rural.