Columnas de Opinión: La responsabilidad compartida de cuidar a quienes educan
Columnas de Opinión: La responsabilidad compartida de cuidar a quienes educan En el marco del Día del Trabajo, cabe reflexionar sobre quienes educan, específicamente, sobre todos quienes trabajan en un establecimiento educacional, contribuyendo a la formación social, emocional y académica de nuestros niños y jóvenes. Diversos organismos internacionales han sido claros en relevar la importancia del bienestar docente.
La publicación “Claves para una enseñanza de alta calidad” de la OCDE (2025), por ejemplo, subraya que la enseñanza es una práctica profundamente compleja, que exige no solo dominio disciplinar, sino también capacidad de adaptación, reflexión constante y trabajo colaborativo. Reconoce también que la calidad de la enseñanza no depende exclusivamente del docente, sino del entorno institucional y cultural que lo rodea. En otras palabras, para asegurar una enseñanza de calidad, debe existir un ecosistema que la sostenga.
En Chile, el Ministerio de Educación ha avanzado en esta reflexión a través de iniciativas como “Claves para el bienestar: bitácora para el autocuidado docente”, que reconoce que el cuidado personal no es un lujo, sino una condición para ejercer bien la profesión. Sin embargo, también es necesario decirlo con claridad: el autocuidado, por sí solo, no basta. No podemos seguir trasladando al individuo la responsabilidad de sostenerse en contextos que muchas veces lo sobreexigen. Aquí es donde la responsabilidad se vuelve necesariamente colectiva. Organismos como la UNESCO han insistido en que el fortalecimiento de los sistemas educativos requiere no solo forÁlvaro González S. Rector de The British School mación y desarrollo profesional docente, sino también condiciones adecuadas de trabajo, apoyo emocional y una relación activa con las familias y comunidades. En coherencia con esta mirada, el Bachillerato Internacional ha desarrollado un enfoque sistemático de bienestar que lo sitúa como un pilar del aprendizaje. El Well-being framework propone entender el bienestar como una experiencia multidimensional, física, emocional, social y cognitiva, que no solo afecta a los estudiantes, sino también a quienes enseñan. A esto se suma el perfil de la comunidad de aprendizaje IB, que promueve atributos como la empatía, la mentalidad abierta, la reflexión y el equilibrio. No se trata de declaraciones abstractas: son principios que, cuando se viven en la cultura escolar, configuran entornos donde el cuidado mutuo deja de ser una consigna y se transforma en práctica cotidiana.
Desde esta perspectiva, el cuidado de quienes educan no es un elemento accesorio, sino parte constitutiva de una cultura escolar saludable, lo cual implica que las familias deben involucrarse activamente en el proceso educativo, respetando y valorando de manera irrestricta la labor docente, promoviendo de esta manera culturas de buen trato, colaboración y corresponsabilidad.
Comprometerse en serio con el bienestar docente es cuidar de ellos, no solamente desde el aspecto discursivo, sino en el buen trato diario, sin ambigüedades y sin excepciones, pues cuidar a los docentes es también cuidar a los estudiantes y los procesos educativos..