Autor: Karina Doña Molina Universidad Autónoma de Chile
Ajustemos la energía, no sólo los relojes
Señora Directora: Desde su inicio el propósito del cambio de horario ha sido disminuir el consumo de energía (primero del carbón y luego, la energía eléctrica) a partir del aprovechamiento de más horas de luz solar, pero su implementación ha generado externalidades a la vida de las personas que ameritan su revisión. Fue en 1968 cuando Chile adoptó esta medida como respuesta para enfrentar la escasez hídrica a partir de la reducción del uso de la energía eléctrica, debido a que el país atravesaba una grave sequía.
En 1970 terminó por establecerse de manera permanente para todo el país, aunque desde el 2022 la región de Magallanes y la Antártica chilena ha permanecido permanentemente en horario de verano (GMT -3). Tras 55 años de haberse iniciado el cambio de horario en nuestro país, se sigue esgrimiendo la misma razón: aprovechar la luz solar para reducir el consumo de energía eléctrica, sin atisbos de cambios sustantivos en la matriz energética del país, lo que la transforma en una política pública anacrónica que poco o nada resuelve el problema que estamos enfrentando.
En tiempos de cambio climático y sequía permanente parece prudente proponer políticas públicas que insistan en nuevas formas de producción de energía, pero también, en tiempos de sedentarismo, obesidad y apego a las pantallas, parece razonable impulsar políticas públicas que promuevan la actividad deportiva, la vida al aire libre y la vida sana. A todas luces se requiere un cambio de estilo de vida, y no de ajuste de relojes.