Autor: Manuel Reyes, Facultad de Ingeniería UNAB
Cartas: La soberanía digital empieza en el bolsillo
Cartas: La soberanía digital empieza en el bolsillo DINOS QUE PIENSAS La política internacional ya no se juega solo en territorios físicos. Hoy también se disputa en cables submarinos, servidores y algoritmos. En las últimas semanas, varios episodios han revelado hasta qué punto nuestra vida cotidiana depende de una infraestructura digital que pocos entienden y casi nadie controla. Uno de los más llamativos ocurrió en Estados Unidos. El gobierno federal ordenó dejar de usar la inteligencia artificial de Anthropic luego de que la empresa se negara a permitir que su modelo fuera utilizado para vigilancia masiva o armas autónomas. El conflicto expuso una tensión profunda: ¿ quién define los límites de una tecnología poderosa, los gobiernos o las empresas que la desarrollan? En paralelo, Chile quedó atrapado en otra disputa tecnológica global. El proyecto del cable submarino Chile-China Express, que conectaría Valparaíso con Hong Kong, generó una fuerte reacción de Estados Unidos por posibles riesgos de espionaje. La controversia llegó incluso a provocar sanciones diplomáticas y tensiones políticas internas. La lección es clara: los cables que transportan nuestros datos son hoy activos estratégicos comparables a puertos o rutas comerciales. opinion@estrellaarica.cl @EstrelladeArica f La Estrella de Arica Estos casos no son aislados. Chile ha vivido en los últimos años múltiples incidentes de ciberseguridad: filtraciones de correos militares, ataques a bancos, hackeos al Poder Judicial y vulneraciones de organismos públicos como Sernageomin. Cada episodio revela la misma realidad: nuestros sistemas digitales son frágiles y los datos se han convertido en un recurso crítico. Aquí aparece un concepto clave: la soberanía digital. Así como los países buscan controlar su territorio, también necesitan controlar su infraestructura tecnológica y los datos que generan sus ciudadanos. La soberanía de datos implica que esa información esté protegida por normas claras y no dependa completamente de empresas o potencias extranjeras. Pero la soberanía digital no es solo un problema de gobiernos. También es un desafío personal. Cada día entregamos datos al registrarnos en aplicaciones, usar redes sociales, comprar en línea o simplemente navegar por internet. A veces lo hacemos con consentimiento; muchas otras, sin comprender completamente cómo serán usados. Por eso comienza a emerger una idea interesante: el "EDC digital", una adaptación del concepto Everyday Carry.
Así como algunas personas llevan siempre una linterna o una libreta, en la era digital conviene portar herramientas básicas para proteger nuestra información: gestores de contraseñas, autenticación de dos factores, copias de seguridad en discos físicos e incluso una libreta donde guardar claves críticas fuera de internet.
Y por cierto, también es útil seguir precauciones usuales, como no hablar temas críticos delante del televisor o el teléfono, asegurar el computador cada vez que se pierda de vista u obviamente no pinchar links sospechosos, entre muchas otras. La soberanía digital, en última instancia, no es solo una política estatal. Es también una práctica cotidiana. En un mundo donde los datos circulan por cables que cruzan océanos y algoritmos que toman decisiones, proteger nuestra información es una forma moderna de autonomía. Y esa autonomía, muchas veces, empieza con algo tan simple como decidir qué datos entregamos y cómo los resguardamos. Autor: Manuel Reyes, Facultad de Ingeniería UNAB.