Autor: Ricardo Rabanal B. Profesor, historiador, cronista. Magister en Educación.
Columnas de Opinión: Jaime Alvarado y el jeep azul en la tormenta
Columnas de Opinión: Jaime Alvarado y el jeep azul en la tormenta uestra amistad respetuosa con Jaime Alvarado comenzó una noN che de tormenta. Vivíamos la mayor tragedia de Antofagasta y no lo sabíamos.
Era el 18 de junio de1991 y él, como director de la antigua escuela Elmo Funes (hoy Fundación Escondida) apenas cayeron las primeras gotas de lluvia, abordó su jeep azul y partió a abrir su Escuela para que sirviera de albergue. Allí, al ver un bebé que había sufrido una quemadura, decidió llevarlo, junto a su madre, al hospital. En la esquina de Salar del Carmen con Sarmiento nuestros caminos se encontraron. Yo, como bombero, debía presentarme en mi Cuartel de la Segunda Compañía ubicado en el centro. Un conductor de buena voluntad se detuvo para llevarme, trató de cruzar por Avenida Costanera y luego por Cautín, pero no se pudo. Estaban completamente inundadas e intransitables. Me dejó en Cautín con Salar del Carmen. Parado en esa esquina, vi pasar, arrastrados por la fuerza del agua, lavadoras, refrigeradores, escombros. .. Unos minutos después llegó Jaime con su jeep, sacó una cuerda y entre los dos sacamos tres personas más. Debíamos llegar con los heridos y el bebé al hospital. Por un instante, el caudal de agua bajó levemente, Jaime ordenó abordar su nave y rápidamente avanzamos a un temerario cruce que recordaremos toda la vida. La maravillosa máquina azul parecía tener vida, fuerza y movimientos propios. El agua golpeó la borda izquierda del jeep con tal violencia que nos derivó a la derecha. El caudal de agua Linterna de Papel que bajaba arrastró muerte, destrucción y sufrimiento. La oscuridad y el miedo reinaban al interior del vehículo. Afuera se escuchaban gritos de ayuda. Estábamos en la tragedia de la población Ferro-Baquedano. Ellos creían que éramos ayuda. Nosotros luchábamos por no ser víctimas. El jeep se encarama en otro tramo. Avanzamos unos metros en la más completa oscuridad. Los haces de luz son tragados por el barro, la lluvia y los rayos eléctricos. .. Tratamos de cruzar por calle Magallanes, pero de esa calle nada existía. Nadie hablaba en esa embarcación de sobrevivientes. El agua había comenzado a caer más fuerte. A veces, el volante del jeep se hacía incontrolable. Jaime dijo "nos devolvemos". En una proeza de fuerza, técnica y ayuda divina, Jaime y su jeep dieron una vuelta en U y regresamos a Salar del Carmen. Esperamos. El agua no bajaba. Por el contrario, llevaba más artefactos, muebles, escombros. Logramos cruzar. En Sarmiento con Salar del Carmen esperamos que amaneciera. Faltaban pocas horas para que nosotros, tripulantes de la nave azul, dimensionáramos la tragedia de Antofagasta. Días después encontré a Jaime preocupado de la alimentación y abrigo de vecinos y alumnos que cobijaba.
Su humanidad de maestro convirtió su escuela en lugar de refugio para antofagastinos que habían perdido todo, incluso su familia. ¡Descansa en paz, viejo marinero de rocas, salitre y sal !. ¡Cumpliste tu tarea con honor e hidalguía !. 03 Autor: Ricardo Rabanal B. Profesor, historiador, cronista. Magister en Educación..