Editorial: Una nueva era nuclear sin reglas
Editorial: Una nueva era nuclear sin reglas No es solo el fin de un tratado. La expiración, a partir de hoy, del Nuevo START representa el regreso deliberado a un mundo sin límites claros en materia nuclear. Y ello, no como resultado de un accidente diplomático o como consecuencia inevitable, por ejemplo, de la guerra en Ucrania. Washington y Moscú han decidido, cada uno por sus propias razones, que hoy les resulta más útil no tener reglas que preservarlas. Para Estados Unidos, el Nuevo START (o START III) dejó de ser una garantía de estabilidad estratégica y pasó a convertirse en una camisa de fuerza. Es que el tratado fue diseñado para un orden que ya no existe. En efecto, hoy Washington enfrenta simultáneamente a Rusia y a una China en expansión nuclear acelerada.
Seguir limitado por un acuerdo bilateral, sin incluir a Beijing y sin mecanismos de verificación operativos, resulta políticamente insostenible para una potencia que busca recuperar libertad de acción y credibilidad disuasiva frente a dos competidores estratégicos. Para Rusia, el cálculo es más crudo. Desde que suspendió su participación en el tratado, en 2023, Moscú transformó el control de armas en un instrumento de presión política. La opacidad, lejos de ser un problema, es una ventaja. Sin inspecciones ni límites verificables, el arsenal nuclear vuelve a ser una herramienta de disuasión total, útil tanto frente a Estados Unidos como frente a Europa. Y volver a un marco vinculante implicaría aceptar restricciones en el peor momento estratégico desde el fin de la Guerra Fría. Ambas potencias, enfrentadas en casi todo, coinciden en algo esencial: el costo político inmediato de mantener el Nuevo START es mayor que el riesgo futuro de un mundo más inestable. Y ese es precisamente el problema de fondo. Desde fuera observa China, cómoda en su posición. Beijing rechaza cualquier negociación trilateral, alegando que su arsenal es menor, argumento técnicamente válido, pero sobre todo funcional estratégicamente. La desaparición del Nuevo START refuerza su discurso, debilita la presión internacional y le entrega margen para seguir expandiendo capacidades nucleares sin aceptar reglas de transparencia equivalentes. En este escenario, gana tiempo, margen y ventaja estratégica sin asumir compromisos formales.
El resultado es un sistema internacional más opaco, más impredecible y peligrosamente parecido al de las décadas más tensas de la segunda mitad del siglo XX, pero sin los mecanismos de confianza que entonces se construyeron con enorme dificultad. Por primera vez en más de medio siglo, no existe ningún tratado vigente que limite las armas nucleares estratégicas de las grandes potencias, en un contexto de guerras regionales activas y rivalidad sistémica abierta. Para Chile y América Latina, este no es un debate lejano ni académico. La erosión del control de armas incrementa la probabilidad de crisis globales, eleva el valor estratégico de recursos críticos y refuerza la lógica de bloques y presiones sobre regiones periféricas. Un mundo sin reglas nucleares claras es también un mundo donde los países medianos y pequeños pierden margen, autonomía y capacidad de maniobra. Chile ha apostado históricamente por el multilateralismo, el derecho internacional y la no proliferación. Ese capital político no puede darse por garantizado. La muerte del Nuevo START es una señal inequívoca de que el sistema que entregó cierta previsibilidad durante décadas se está desarmando pieza por pieza. Ignorarlo sería un error estratégico. Prepararse para ese mundo es una obligación.. Por primera vez en más de medio siglo, no existe ningún tratado vigente que limite en este ámbito a las grandes potencias.