Columnas de Opinión: Desvalimiento gubernamental
Columnas de Opinión: Desvalimiento gubernamental CARLOS PEÑA OPINIÓN Se está haciendo costumbre en el Gobierno o en alguno de sus funcionarios y es de esperar que el Presidente no incurra en igual práctica este lunes echar la culpa de buena parte de los males que hoy se experimentan al gobierno de Boric. Por supuesto, es natural que cuando comienza un gobierno que es de signo opuesto al que le antecedió se revise críticamente, e incluso con acritud, lo que hizo este último. Pero conviene no exagerar, porque a poco andar comienza a sonar como excusa.
Y eso está ocurriendo al Gobierno. ¿Problemas en la reconstrucción de viviendas? Sí, claro, y la culpa es del gobierno anterior y especialmente del ministro Grau que, según acaba de sostener el ministro Iván Poduje, debió rebajar el dinero disponible con el único afán de perjudicar el quehacer de quienes lo sucederían. ¿Se ve difícil lidiar con la migración? También, y obviamente ello se debe a la deficiente gestión del gobierno anterior, demasiado permisivo, hasta la irresponsabilidad, en esta materia. ¿Dificultades financieras? Por supuesto que sí, pero a como todos consta, ello es culpa del ministro Marcel, que no supo cuidar las finanzas públicas, o de la entonces directora de Presupuestos, a la que se presenta como encargada de maquillar las cifras en vez de llevar las cuentas. ¿Tropiezos en Transportes? Cómo no, y ello es resultado de una deuda millonaria. ¿Anuncios de protestas estudiantiles? Era que no, y ellas son resabios del octubrismo que el anterior gobierno estimuló y, con toda seguridad, volverá ahora a estimular.
Y así. ¿No será demasiado? Si no fuera un gobierno con políticos adultos, es casi como para pensar que el Gobierno está preso de lo que un analista llamaría una indefensión neurótica, una experiencia de desvalimiento de la que intenta huir como si fuera un adolescente, culpando de todo al gobierno que le antecedió. Es natural la política es así que una fuerza política sea crítica de aquella a la que quiere sustituir.
Por eso el tipo de actitud de culpar de todo a un gobierno es propio de la oposición (parafraseando a Benedetto Croce, habría que decir que hacer oposición siempre es pensar en contra). Pero una vez que se está en el poder la ciudadanía espera que el gobierno resuelva los problemas que, es de suponer, conocía cuando se preparaba para gobernar y abandone esa actitud de desvalimiento que lo lleva a culpar de todo aquello con que se encuentra (y que es de suponer conocía cuando se preparaba para ser gobierno) como si no fuera capaz de afrontarlo. Esa actitud insistente del Gobierno está acompañada de otra: la centralidad que posee el programa económico del ministro Quiroz.
La verdad es que ese programa, si bien se presenta como de reconstrucción, es en realidad un profundo programa de transformaciones que descansa en un diagnóstico que nunca se ha explicitado y que el Presidente (junto con abandonar la actitud a la que antes se aludía) debiera formular en su cuenta del lunes.
Después de todo, es la única idea global en cuyo derredor podría estructurar un programa de índole positiva, es decir, afirmativa, y no solo quejosa como hasta ahora. ¿En qué consistiría esa idea? Esa idea (que está en el centro del ideario de derecha, aquí y en cualquier sitio) consiste en sostener que los recursos deben ser transferidos, en la máxima medida posible, del Estado a los particulares, porque estos últimos, al estar animados por su propio interés, son los que más los valoran y así logran que produzcan más. En manos del Estado, reza esta idea, los recursos se despilfarran y se malgastan según enseñaría la llamada tragedia de los comunes. Es mejor, continúa, abandonar la creencia de que hay bienes comunes distintos y previos a los que produciría la interacción entre los privados.
Es verdad que se han esgrimido razones coyunturales para achicar el sector público (el equilibro fiscal y cosas así), pero esos son argumentos accidentales (razones auxiliares se llaman en la literatura), no el propósito que se trata de alcanzar y que funda de veras la conducta (esta sería la razón operativa, para seguir usando esa terminología). Esa idea sumada a la de orden concebido como vigencia de normas sociales y de comportamiento que exigen bastante más que la mera coacción en la que hasta ahora se insiste podría proveer de una idea de gobierno al Presidente Kast en su discurso del lunes para así abandonar la actitud hasta ahora predominante que reza algo así como: “¡ Miren el país que hemos recibido! ¡Vean cómo nos han dejado con las manos atadas!”. n Hasta ahora pero puede corregirse en el discurso de mañana, la actitud del Gobierno de culpar de todo al anterior, o es una experiencia de desvalimiento o una forma de eludir el deber que le asiste de formular un programa de futuro.. Hasta ahora —pero puede corregirse en el discurso de mañana—, la actitud del Gobierno de culpar de todo al anterior, o es una experiencia de desvalimiento o una forma de eludir el deber que le asiste de formular un programa de futuro.