Autor: ELENA IRARRÁZABAL SÁNCHEZ
“El Mediterráneo es un mundo fascinante. De alguna forma, lo llevamos siempre con nosotros”
“El Mediterráneo es un mundo fascinante.
De alguna forma, lo llevamos siempre con nosotros” ¿ P ara qué queremos un bizantinista en Chile? Esa fue la interrogante que la periodista Raquel Correa le planteó al historiador Héctor Herrera Cajas, especialista en Edad Media y en el Imperio Romano Oriental. “Pues nos hace más libres, al no depender del conocimiento que se crea en otras partes”, le contestó con presteza el académico. “Fue una gran lección, sin duda”, comenta José Marín Riveros, historiador y discípulo de Héctor Herrera Cajas. Profesor titular en la Pontificia Universidad Católica de Valparaíso (PUCV), hoy se desempeña como secretario general de la universidad, tras ser decano de su Facultad de Filosofía y Educación.
Marín ha hecho clases por muchos años en la UC y colabora con el Centro de Estudios Griegos, Bizantinos y Neohelénicos “Fotios Malleros” de la Universidad de Chile, pero la PUCV es su alma mater y base de trabajo, donde enseña historia medieval y bizantina.
En las aulas porteñas fue donde el académico decidió orientar su brújula hacia la historia medieval, con acento en la Antigüedad Tardía y en el milenario Imperio Bizantino, desde la fundación de Constantinopla en 330 hasta su caída ante el Imperio Otomano, en 1453. Doctor en Historia Medieval en la Universidad de Barcelona, José Marín también fue becado para aprender griego moderno en la Universidad de Atenas. Se percibe en el historiador la huella de su maestro, Héctor Herrera Cajas. “Recordarlo es siempre emotivo. Más allá de los intereses intelectuales, nos unió una profunda amistad. Lo conocí cuando entré a estudiar historia en la PUCV, en 1985. Tras un breve discurso de bienvenida, recuerdo que nos saludó a los novatos uno por uno. De palabra serena y gestos cordiales, se preocupaba mucho de sus alumnos”. Rememora “su estampa, sus dotes intelectuales, su profundidad conceptual. Lo vi en clases traducir textos del griego y del latín, sin aspavientos. Quienes le escuchaban no se daban cuenta, creían que estaba leyendo un texto en castellano. Creo que su generosidad, en el plano académico, se tradujo en la gran cantidad de discípulos que formó.
Nos motivaba, pero nos daba plena libertad”. ¿Ha sido una aventura audaz estudiar la cultura del Mediterráneos Oriental? El Mediterráneo es un mundo fascinante y creo que, de alguna manera, lo llevamos siempre con nosotros, aunque no seamos conscientes de ello. Somos herederos de Roma y de su lengua. También somos herederos del cristianismo, que nace en el levante del Mediterráneo y en algún minuto llega a ser también un factor de unidad.
Estudiar las culturas del Mediterráneo, desde los etruscos hasta los romanos, pasando por hispanos, cartagineses, cretenses y egipcios, hebreos y sirios, es asomarse a nuestro pasado, y apreciar rutas que, además de comerciales, lo fueron de intercambio cultural, y muchas de ellas pasaban por Constantinopla. En sus 41 años de trayectoria, ¿ha cambiado mucho la forma de investigar? Cuando comencé este camino de los estudios medievales y bizantinos, no éramos muchos en Chile. Era difícil, en muchos temas, encontrar bibliografía actualizada o fuentes primarias. Todo cambió cuando apareció internet, un depósito infinito de información. No es que la metodología haya cambiado radicalmente, pero sí el acceso a documentos que era muy difícil consultar antes. “Bizantino”: la mirada peyorativa Su libro se llama “Horizontes del Mediterráneos Oriental”. ¿Por qué? Horizontes... podría haber sido “miradas”, lo consideré. Pero el libro mira el horizonte del Mediterráneo Oriental, que alguna vez perteneció por completo al Imperio Bizantino. Me pareció bueno abarcar un marco espacial amplio. ¿Y por qué en plural? Porque hay horizontes espaciales, religiosos, históricos e historiográficos que se entrecruzan en el libro. Las posibilidades de la palabra las captó muy bien Huidobro, del cual soy entusiasta lector.
En su Horizon Carré, dice que si “el horizonte se ha cerrado / [... ] no hay salida”. ¿De qué hablamos cuando hablamos de Bizancio? Cuando hablamos de Bizancio, en realidad estamos refiriéndonos al Imperio Romano. En rigor, el 29 de mayo de 1453 cayó el Imperio Romano, porque Bizancio nunca existió. Es un nombre que se inventa en la modernidad para designar a un imperio “medieval” que, según algunos, no merecía llamarse “romano”, pues se alejaba de los cánones clásicos. Es el triunfo de la visión ilustrada aunque errónea sobre ese mundo. AELOREIVAJOCSICNARF NUEVO LIBRO Las perspectivas del historiador José Marín: ¿ Cuándo nace el prejuicio”. Es interesante la pregunta, porque en muchos prejuicios históricos no es fácil rastrear su origen.
Pero cuando hablamos de la Edad Media (y Bizancio es de algún modo una Edad Media, aunque griega y no latin), sin duda que el Renacimiento y la Ilustración hicieron lo suyo: Bizancio no es clásico y tampoco racional, según ellos. Y poco a poco se va instalando una visión negativa a la que Edward Gibbon, por ejemplo, contribuyó mucho, entre otros autores que cito en el libro.
Si hasta Napoleón habla de de las “discusiones bizantinas”, en un tono despectivo, sin saber realmente de lo que hablaba. ¿Tiene base la noción de “discusión bizantina” ? Se dice que, en 1453, en medio del asedio turco, los sabios bizantinos, desconectados de la realidad, discutían acerca de temas teológicos. Hegel criticaba el carácter de la sociedad bizantina, proclive a las discusiones dogmáticas y religiosas. Obviamente, son prejuicios que se sustentan en exageraciones, es un mote injusto. Que los bizantinos eran dados a discusiones teológicas no cabe duda, y basta recordar la “Querella Iconoclasta” para constatarlo, pero afirmar que esas discusiones eran inútiles o inanes es injusto, ciertamente.
A veces escucho decir que en el Congreso chileno están enfrascados en una “discusión bizantina” y para mis adentros musito: “Ojalá... ”. Los iconoclastas “Quería celebrar mis 40 años de vida universitaria”, comenta Marín sobre el contundente libro que publicó hace unos meses Ediciones PUCV.
“Horizontes del Mediterráneo Oriental” con prólogo de los historiadores Florín Curta y Pablo Ubierna, quieEntre las personalidades más conocidas de Bizancio está el trascendental emperador Justiniano constructor de Santa Sofía, la iglesia cristiana más grande de Occidente por casi mil años y su mujer, la enigmática Teodora. “Justiniano y Teodora son una de las parejas más notables de la Historia Universal. Ni la literatura ni la filmografía han hecho justicia con ellos.
Son figuras icónicas que trascienden su época, ya sea por la enorme influencia política y jurídica de Justiniano, o por la controvertida figura de Teodora, retratada, por ejemplo, por Sardou en una obra memorable, interpretada nada menos que por Sarah Bernhardt.
Y es fascinante cómo Procopio, historiador contemporáneo a ellos, nos escribe la apología de la pareja imperial, al mismo tiempo que una diatriba acerba sobre ellos”, comenta José Marín sobre la icónica pareja, que sigue inspirando libros y películas. nes incluso citan a Roberto Bolaño incluye un acercamiento al significado y evolución de los estudios bizantinos, una sinopsis histórica y una recopilación de estudios e investigaciones realizadas por el historiador, quien aborda desde las mujeres en Bizancio hasta el concepto de cruzada. Se refiere a la “romanidad” de Bizancio. Pero en un momento se deja de hablar latín y se retorna al griego.
Esa pregunta apunta directamente al problema de la “identidad bizantina”. Como he señalado, lo que llamamos Imperio Bizantino es en realidad el Imperio Romano, con una continuidad perfecta desde Augusto hasta Constantino XI, que muere defendiendo el Imperio contra los turcos en 1453. Los que denominamos como “bizantinos” siempre se identificaron como “romanos”, y su emperador era el basiléus ton roméon, esto es, el emperador de los romanos. Anthony Kaldellis ha trabajado el tema, estableciendo que existió una suerte de “nacionalidad” romana en Bizancio, lo que me parece razonable.
La “Querella Iconoclasta”, ¿es un hito clave en la historia bizantina? La “Querella Iconoclasta” (726-843) es un fenómeno bizantino, que se relaciona directamente con el prejuicio de las llamadas “discusiones bizantinas”. Fue una época compleja y tenemos que considerar que el problema de la imagen acompaña al cristianismo desde su origen. ¿Es posible tener imágenes de lo sagrado? El Antiguo Testamento dice que no, pero el cristianismo se abre a la posibilidad, porque Cristo tuvo forma humana: fue visto y tocado. Entre las religiones monoteístas es un caso único: el Dios del Antiguo Testamento no se puede representar, lo mismo que el Dios del Corán. TJ Y no todos los cristianismos han aceptado la representación de Cristo y los santos, como ocurre en credos protestantes. En el medioevo occidental también hubo tendencias iconoclastas, por cierto. En Bizancio el tema se resolvió a favor de la imagen, lo que podemos celebrar desde el punto de vista cristiano y también desde la historia del arte.
Rusia, Putin y Bizancio ¿ Se puede decir que Putin y Rusia reivindican la herencia de Bizancio? ¡ Qué pregunta! Sin entrar en temas de política contingente, sí podemos decir que Rusia debe mucho a Bizancio, en su cultura y su concepción del poder. La Unión Soviética intentó imponer su homo sovieticus, pero apenas cayó, reapareció la Rusia tradicional, cristiana y ortodoxa. Afortunadamente, la tradición pudo más que la ideología. En fin, la paradoja es que la Rusia cristiana nació en Kiev, ahora capital de Ucrania, cuando el príncipe Vladimir se convirtió al cristianismo en 988. Y hoy día Rusia es enemiga de Ucrania, donde están sus orígenes.
Rusia era la “Tercera Roma”. Por cierto, no hay que olvidar que, tras la caída de Constantinopla en 1453, en el siglo XVI el duque de Moscú adoptó el título de Zar (es decir, César, emperador) y Moscú pasó a ser la “Tercera Roma”, asumiendo como propia la continuidad de la tarea imperial. En Rusia, incluso en la época soviética aunque no al comienzo estudiar el mundo bizantino se consideraba una tarea casi patriótica, ya que se trataba de estudiar los propios orígenes. Cuando uno ve imágenes de Vladimir Putin asumiendo el poder, casi como una entronización, acompañado del Patriarca de Moscú, uno no puede evitar reconocer ciertos “ecos” bizantinos.
Islam y guerra santa De joven le impactó la mirada de Samuel Huntington sobre el choque de civilizaciones, relata en el libro. ¿De qué manera lo influyeron sus perspectivas? Tal como aprendí con don Héctor Herrera, la historia medieval, si de verdad la queremos ver como Historia Universal, no se limita al Occidente medieval, sino que debe considerar el mundo bizantino y el islámico, así como culturas periféricas que influyeron en la formación de Europa. La historia medieval es no solo la historia de cada una de esas tres civilizaciones, sino también de la interacción entre ellas.
En los años que leí a Huntington primero el artículo en Foreign Affairs y luego el libro yo estaba estudiando las cruzadas a partir de un problema: cómo se concebía la guerra santa en Occidente, en Bizancio y en el islam. Y Huntington volvía sobre un tema que había quedado a trasmano, el problema de la civilización, por una parte, y de su interacción en el mundo contemporáneo. Fue una lectura estimulante, como quedó plasmado en mi libro “Cruzada, Guerra Santa y Yihad. La Edad Media y nosotros”. Escribió ese libro en 2003. ¿Hoy ha cambiado su perspectiva? Es una pregunta compleja. Y casi prefiero no responderla por sus implicancias, por la contingencia.
Mi perspectiva del fenómeno en la Edad Media no ha cambiado, pero tengo que reconocer que mi visión del presente sí, sobre el papel de Israel en la región, pero también sobre el radicalismo islamista (que no islámico), que es parte de la tragedia. No basta Said y su Orientalismo, ni el discurso de las víctimas y los oprimidos, para hacerse cargo del problema que, en perspectiva histórica, ni siquiera sabemos hacia dónde va. Un siglo en la historia es poco. Los cruzados conquistaron Jersualén y pensaban que era para siempre, pero antes de cien años los expulsaron los musulmanes.
Me parece importante también destacar que el término yihad (literalmente, el esfuerzo) es muy complejo y no puede reducirse solo a “guerra santa”. Como explico en mi libro, la palabra yihad ha sido usada y abusada, no solo por los occidentales, sino también por los mismos musulmanes, que la utilizan ideológicamente, pues saben el efecto que tiene dicha palabra en Occidente cuando se la traduce por “guerra santa”, lo cual es una simplificación extrema.
Es tarea de los historiadores del presente siglo, así como de analistas internacionales, definir el nuevo concepto de yihad que ha elaborado el mundo islámico en los últimos 30 años del siglo XX, a partir de la experiencia afgana de los muyahidines, y que tiene un profundo sentido ideológico. Justiniano y Teodora Será tarea de historiadores y en las últimas décadas”. Somos herederos de analistas definir el nuevo concepto de yihad que ha elaborado el mundo islámico Roma y de su lengua. También del cristianismo, que nace en el levante del Mediterráneo”. Autor: ELENA IRARRÁZABAL SÁNCHEZ. Justiniano, Belisario, Procopio, Ana Comneno. Figuras bizantinas que parecen lejanas, pero que fueron parte de un imperio cosmopolita, clave en la transmisión de la sabiduría antigua a Europa y América.
El profesor de la PUCV presenta un libro sobre la hi Justiniano y Teodora ‘‘Será tarea de historiadores y en las últimas décadas”. ‘‘Somos herederos de analistas definir el nuevo concepto de yihad que ha elaborado el mundo islámico Roma y de su lengua. También del cristianismo, que nace en el levante del Mediterráneo”. “Son una de las parejas más notables de la Historia Universal. Ni la literatura ni la filmografía han hecho justicia con Justiniano y Teodora”. Horizontes del Mediterráneo Oriental Una introducción a los estudios bizantinos José Marín 640 pp., Ediciones PUCV $20.000 (Buscalibre)