Columnas de Opinión: Uso del tiempo libre: la prevención que estamos ignorando
Columnas de Opinión: Uso del tiempo libre: la prevención que estamos ignorando En las últimas semanas, Chile ha sido testigo de hechos profundamente alarmantes: un estudiante en Buin agrede a tres funcionarios, un alumno intenta ingresar armado a un colegio en Curicó, otro caso similar en Angol, y el hecho que conmocionó al país con una víctima fatal y varios heridos en Calama.
Frente a esto, surge casi de forma automática la pregunta: ¿ Qué está haciendo el colegio?, ¿Dónde están los profesores?, ¿Qué rol cumple el Estado? Pero hay una pregunta más incómoda -y probablemente más relevanteque estamos evitando: ¿ Qué está pasando dentro de nuestras casas? El colegio es -ante todoun espacio de formación académica. Si bien hoy cumple múltiples funciones sociales que son valiosas y necesarias, no puede transformarse en el único responsable de la formación integral de niños y jóvenes. Esa responsabilidad sigue estando, en gran medida, en el hogar. Y es ahí donde cobra sentido hablar del uso del tiempo libre. Como psicóloga en el área técnica de un recinto penitenciario, hay un elemento que aparece de manera reiterada en las evaluaciones de riesgo de reincidencia: la ausencia de participación en actividades sociales o comunitarias. La respuesta se repite con una frecuencia inquietante: "no participaba en nada". No es un detalle menor. La falta de: espacios de socialización, de pertenencia y de construcción colectiva, deja a muchos jóvenes expuestos a entornos vacíos de sentido, donde la impulsividad, la frustración y la desconexión encuentran terreno fértil. Desde mi otra vereda, como directora de elencos artísticos, veo el contraste. Niños y jóvenes que participan en talleres artísticos o deportivos no sólo desarrollan habilidades técnicas; aprenden disciplina, tolerancia a la frustración, trabajo en equipo, compromiso y expresión emocional. Aprenden en definitiva, a habitar el mundo con otros. Y sin embargo -como adultosmuchas veces debilitamos esos espacios.
Cuántas veces hemos escuchado o dicho frases como: "es solo un taller", "exigen demasiado" o "mejor que descanse". Sin darnos cuenta, terminamos quitando justamente el único espacio que conectaba a ese niño o joven con una red, con una estructura; con un propósito. En paralelo crece otra realidad: el reemplazo del tiempo compartido y de la participación social por pantallas que silencian, aíslan y desconectan progresivamente de la realidad.
No se trata de romantizar el pasado, ni de responsabilizar exclusivamente a las familias, pero sí de asumir que la prevención no comienza cuando ocurre un hecho grave, sino mucho antes, en lo cotidiano y en las decisiones pequeñas: incentivar o no una actividad, sostener o no un compromiso, preguntar o no cómo se está utilizando el tiempo libre. Hoy más que nunca necesitamos volver a mirar esos espacios aparentemente secundarios -los talleres, las organizaciones, las actividades comunitariascomo lo que realmente son: herramientas concretas de formación, contención y prevención. Porque antes de preguntarnos qué falló en el sistema, quizás debemos preguntarnos qué dejamos de construir en lo más cercano.. Javiera Paz Riesco Roa Psicóloga y Directora Artística