Autor: DR. JUAN LUIS OYARzO GáLvEz, ACADéMICO, INGENIERO COMERCIAL
Columnas de Opinión: Un 1º de mayo sin memoria
Columnas de Opinión: Un 1º de mayo sin memoria Cada año ocurre lo mismo. Se acerca el primero de mayo y los titulares comienzan a repetirse: qué locales abren, cuáles cierran, qué rubros tienen permiso para funcionar y cuáles no. La discusión se instala rápidamente en lo operativo, como si el sentido de este día se redujera a una coordinación comercial. El 1º de mayo no es un feriado cualquiera. No es una fecha para organizar horarios. Es una conmemoración que nace desde uno de los episodios más duros en la historia del trabajo. En 1887, miles de trabajadores se movilizaron exigiendo algo que hoy damos por sentado: limitar la jornada laboral. En muchos casos, esas jornadas superaban las 18 horas diarias. La demanda era clara: 48 horas semanales. Nada más que eso. Desde la lógica económica, la reacción empresarial de la época era predecible. El trabajo es un factor productivo. Reducir horas implicaba reducir producción y, por tanto, afectar la rentabilidad. bajo esa lógica, la negativa era inevitable. Pero esa lógica tenía y sigue teniendo un problema: ignora el límite humano. La historia no terminó en una negociación. Terminó con disparos, con trabajadores muertos y con condenas a muerte que hoy resultan difíciles de comprender.
Antes de ser ejecutado, uno de los condenados dejó una frase que no debiéramos olvidar: “la voz que vais a sofocar será más poderosa en el futuro que cuántas palabras pudiera yo decir ahora”. Esa es la raíz del 1º de mayo. Por eso resulta incómodo y, en cierto modo preocupante, ver en qué hemos transformado esta fecha. Hoy discutimos si un mall abre o no abre. Si un supermercado ajusta su horario o si ciertos servicios operan bajo excepción. Es una discusión válida, pero es completamente insuficiente. Porque el mundo del trabajo ya no está en 1887. Y, sin embargo, nuestra reflexión parece estar detenida. Estamos frente a un cambio estructural. La automatización y la inteligencia artificial no son amenazas futuras; son una realidad presente. Están modificando procesos, desplazando tareas y redefiniendo lo que entendemos por trabajo. Frente a eso, el debate es prácticamente inexistente por parte de nuestra clase política. No basta con administrar el presente. No basta con discutir horarios o excepciones. Se requiere algo más profundo: volver a pensar el trabajo con sentido humano, con responsabilidad y con visión de largo plazo. Porque hubo una vez trabajadores que solo pidieron tiempo. Tiempo para vivir, para descansar, para estar con sus familias. Y pagaron un precio altísimo por algo que hoy damos por garantizado. No olvidarlo no es un gesto simbólico. Es una obligación.
Y quizás, en medio de tanto ruido, lo mínimo que podemos hacer este 1º de mayo es detenernos un momento aunque sea un instante y recordar que detrás de cada derecho que hoy parece obvio, hubo alguien que lo soñó, alguien que lo exigió y alguien que no vivió lo suficiente para verlo hecho realidad. Autor: DR. JUAN LUIS OYARzO GáLvEz, ACADéMICO, INGENIERO COMERCIAL.