Autor: Concejala de Punta Arenas
Columnas de Opinión: Piedra, memoria y ciudad: el legado urbanístico de los colonos en Magallanes
Columnas de Opinión: Piedra, memoria y ciudad: el legado urbanístico de los colonos en Magallanes E n tiempos en que las ciudades tienden a uniformarse bajo estándares globales de diseño y pavimentación, lo ocurrido en el tramo de Avenida Colón -entre Patagonia y Arauconos obliga a detenernos y reflexionar sobre algo más profundo que una simple obra vial.
La preocupación manifestada por el Consulado de Croacia y el Club Croata de Punta Arenas respecto de la correcta aplicación de las normas tradicionales de empedrado no es una discusión técnica menor: es un debate sobre identidad, historia y respeto por quienes levantaron esta ciudad desde la adversidad. La Región de Magallanes y de la Antártica Chilena no fue un territorio fácil de habitar.
A fines del siglo XIX y comienzos del XX, los inmigrantes que llegaron -muchos de ellos croatasno solo debieron adaptarse a un clima extremo, sino que también construyeron desde cero una infraestructura urbana capaz de resistirlo. Las calles empedradas no fueron un lujo decorativo: fueron una respuesta técnica y cultural a las condiciones del territorio. La técnica del empedrado croata, basada en normas ancestrales de colocación de piedra y sistemas de drenaje, permitía enfrentar uno de los grandes desafíos australes: el agua. La lluvia constante, la nieve y el deshielo requerían soluciones que evitaran el deterioro rápido de las vías. La disposición cuidadosa de cada piedra, con inclinaciones específicas y espacios calculados, garantizaba escurrimiento y durabilidad. No era improvisación; era conocimiento transmitido por generaciones, adaptado a la nueva patria que los acogía. Cuando el cónsul honorario Alfredo Fonseca Mihovilovic habla de patrimonio, no se refiere únicamente a un recuerdo sentimental. Se refiere a un legado tangible que forma parte de la urbanística regional. Cada tramo sobreviviente de empedrado es un testimonio de cómo los colonos entendían la ciudad: como un espacio funcional, pero también como una obra colectiva que debía hacerse bien y para durar. El esfuerzo actual por dialogar con el Ministerio de Vivienda (Serviu) y con la Municipalidad de Punta Arenas busca algo muy concreto: que las intervenciones contemporáneas respeten la técnica original. Restaurar no significa reemplazar por soluciones más rápidas o económicas; significa mantener la esencia estructural y estética que dio carácter a nuestras calles. La reciente visita de la Embajadora de Croacia refuerza ese compromiso transnacional con la memoria compartida. Pero esta discusión trasciende a una comunidad específica. El empedrado forma parte del patrimonio de toda la región. Es una marca identitaria que distingue a Punta Arenas de otras ciudades chilenas. En un país diverso y extenso, donde cada territorio posee su propia historia, proteger estas singularidades es también fortalecer la cohesión nacional desde la diversidad. Existe además una dimensión simbólica profunda. Los inmigrantes croatas llegaron huyendo de conflictos, guerras y hambrunas. Su aporte no se limitó al comercio, la ganadería o la vida asociativa; se manifestó en la configuración misma del espacio urbano. Honrar esa herencia es reconocer el sacrificio de quienes trabajaron con tesón y disciplina para construir una ciudad que hoy disfrutamos. La urbanística no es neutra. Refleja valores, prioridades y formas de entender el territorio. Cuando se sustituye una técnica histórica por una solución estandarizada sin considerar su contexto, no solo se modifica una calle: se debilita una narrativa. En cambio, cuando se preserva y se restaura con fidelidad técnica, se afirma que el progreso puede convivir con la memoria. Magallanes enfrenta desafíos contemporáneos de crecimiento, modernización y conectividad. Nadie propone inmovilizar la ciudad ni convertirla en museo. Sin embargo, el desarrollo auténtico es aquel que integra su pasado, que reconoce que la identidad es un activo estratégico y cultural. El turismo patrimonial, la valoración de barrios históricos y la educación sobre nuestras raíces encuentran en estos tramos empedrados una lección concreta y visible. En definitiva, cuidar el empedrado de Avenida Colón no es un gesto nostálgico ni una resistencia al cambio. Es una afirmación de pertenencia y de respeto. Es comprender que la ciudad es una construcción acumulativa donde cada generación aporta, pero también preserva. Las piedras colocadas hace más de un siglo no son solo parte de una calzada; son parte de la memoria viva de Magallanes. Si queremos proyectarnos con fuerza hacia el futuro, debemos hacerlo con la conciencia de que nuestras bases -literales y simbólicasestán hechas de ese trabajo silencioso y perseverante de los colonos. Defender ese legado urbanístico es, en última instancia, defender nuestra identidad austral. Autor: Concejala de Punta Arenas. Alicia Stipicic