Autor: CHRISTIAN RAMÍREZ
Cosas populistas
Cosas populistas Los críticos suelen tener problemas con los cineastas que piensan obsesivamente en complacer su audiencia y, en principio, no se equivocan: marchar a las órdenes de lo que la platea necesita ver o sentir implica entrar en un juego extenuante, obligarse a ir siempre por detrás de lo que el otro quiere sin oponer la menor resistencia.
Es condenarse a ver ad infinitum secuelas de “El señor de los anillos” que no fueron imaginadas por Tolkien, sólo porque la fanaticada aspira a ver a sus personajes f a v o r i t o s u n a v e z más. Tampoco se gana nada al ir en la dirección contraria, sólo prestando atención a aquellos directores que trabajan de espaldas a su audiencia, ocupados en sus visiones personales, por fascinantes que estas sean.
En ambos casos, los más perjudicados son aquellos artistas que en vez de monologar o rendirse al gusto de terceros precisan de un gran telón de fondo sobre el cual plasmar inquietudes a veces muy privadas, pero que son abrazadas de forma masiva por un público que las hace suyas, sin condiciones.
Al respecto, el mejor ejemplo del que puedo echar mano es Hitchcock, quien fue capaz de establecer ese diálogo íntimo con la multitud mientras buena parte de la crítica desechaba una a una sus películas como entretenimiento liviano e inconsecuencial.
Incluso cuando esas opiniones fueron revisadas en forma dramática y el director de “Vértigo” se transformó en un creador indiscutible, algunos comentaristas persistieron en criticar su perfil de realizador populista, preocupado tanto de interpelar a sus espectadores como de vender A propósito de “Proyecto Hail Mary”: muchos tickets en la taquilla.
Al contrario de lo que ocurre con el populismo político que establece una clara división entre “nosotros y los otros”, el populismo artístico, en orden a dejar verdadera huella en la sociedad de su tiempo, precisa de una comunión entre gusto masivo y visión personal muy compleja de conseguir, pero cuando lo logra sus efectos pueden ser imperecederos. Durante el siglo XX, el cine lo tuvo especialmente difícil: para producir ese eco multitudinario necesitabas de una maquinaria gigantesca que naturalmente tendía a diluir la huella del autor.
Pese a esa dificultad, es algo que directores como Cecil B. de Mille (“Los diez mandam i e n t o s ” ), S e r g i o Leone (“El bueno, el malo y el feo”) y sobre todo Steven Spielberg, consiguieron resolver muy bien, al tiempo que eran castigados por críticos que cerraban los ojos ante la evidente pasión que las masas demostraron por su trabajo. El escenario es aún peor para los cineastas de este siglo, ya que aparte de todo lo anterior deben lidiar con un mercado que prefiere vender productos de éxito garantizado y marcas previamente existentes.
En esas condiciones, cualquier realizador preferiría no correr riesgos y evitar filmar algo como “Proyecto Hail Mary”, un filme que no es una secuela ni una precuela de nada, cuyo protagonista no tiene superpoderes ni tampoco dispara o liquida enemigos al por mayor, pero que a un mes y medio de su estreno no sólo sigue en cartelera sino que superará con mucho los 550 millones de dólares que lleva recaudados. ¿Cómo fue que pasó? Una de las posibles respuestas es que, si bien la cinta no adaptó una propiedad intelecCrítica de cine tual preexistente, su premisa y trama recuerdan a las de muchas películas recientes: un joven científico despierta en pleno viaje espacial (“Passengers”). No recuerda cómo llegó a ahí, pero tiene clara su misión: el Sol está muriendo y él deberá viajar al confín para intentar salvar a la humanidad (“Interestelar”). La suya es una experiencia de extremo rigor y soledad (“El marciano”), pero una vez llegado al objetivo, la única estrella de la galaxia que no se apaga, conocerá a otro viajero enviado en una misión similar: un alienígena que evoca por partes iguales a“E.T.
” y a los robots de “Interestelar”. Al mejor estilo “Toy Story”, esta pareja dispareja intentará resolver el misterio, pero en el camino probarán que el entendimiento entre desiguales es posible y necesario en un universo que se sumerge en las tinieblas.
Poca duda cabe que al menos en el plano argumental “Proyecto Hail Mary” se asemeja a un Frankenstein sci-fi, armado con partes de otros modelos que nos resultan confortablemente familiares, pero se vuelve una experiencia especial es precisamente por su vocación populista, audaz, desembozada y asumida, expresada en pantalla con una energía que probablemente esté más allá del alcance de la nueva película de los Avengers, y las de Superman o Batman que estén a la vuelta de la esquina. En cierto modo, su caso es comparable a la de “Sinners”, otra producción de formato masivo, libre de precedentes y sin más pedigrí que el forjado por ella misma.
Así, no resulta extraño que los realizadores de ambas cintas se encuentren bajo fuego cruzado de Warner y Amazon, los estudios que financiaron estos rodajes. ¿Qué quieren de ellos? Invitarlos o, mejor dicho, obligarlos a filmar “Sinners 2” y “Hail Mary 2”. Uf. PROJECT HAIL MARY (Estados Unidos, 2026). CIENCIA FICCIÓN. Dirigida por Phil Lord y Chris Miller. 156 min. Se exhibe en salas. Autor: CHRISTIAN RAMÍREZ. PROJECT HAIL MARY (Estados Unidos, 2026). CIENCIA FICCIÓN. Dirigida por Phil Lord y Chris Miller. 156 min. Se exhibe en salas. “Encuentro cercano”. Una mano humana y otra extraterrestre, en “Proyecto Hail Mary”.