Editorial: Esperando el agua que no llega
Editorial: Esperando el agua que no llega A días de finalizar mayo, la preocupación vuelve a recorrer los campos del Limarí. El cielo sigue despejado, las precipitaciones importantes aún no aparecen y el fantasma de la sequía vuelve a instalarse en una provincia que arrastra más de una década de desgaste hídrico. Las señales de alerta no son nuevas. Agricultores de distintos sectores reconocen que hoy ya están tomando decisiones condicionadas por la incertidumbre climática: disminuir plantaciones, espaciar riegos o incluso abandonar cultivos. Lo más complejo es que el problema ya no solo es la falta de agua, sino también el deterioro económico acumulado que enfrenta el agro regional tras años de pérdidas, endeudamiento y baja rentabilidad. Las declaraciones de agricultores y dirigentes reflejan una sensación común: temor. Temor a repetir escenas que parecían quedar atrás, como riegos de supervivencia cada 60 días, caudales mínimos y predios abandonados. El Limarí conoce demasiado bien las consecuencias de un invierno seco. Sin embargo, también existe un llamado a la cautela. Históricamente, junio y julio han concentrado gran parte de las precipitaciones de la provincia y aún queda invierno por delante. Pero precisamente ahí radica la gravedad del escenario: la agricultura y las comunidades rurales dependen hoy casi exclusivamente de que llueva.
Mientras tanto, las juntas de vigilancia continúan priorizando el consumo humano y resguardando reservas para sistemas APR y abastecimiento básico, una decisión que refleja la dimensión social que ha alcanzado la crisis hídrica en la región. El desafío ya no puede limitarse únicamente a esperar precipitaciones. La realidad obliga a acelerar obras de almacenamiento, fortalecer la gestión hídrica y avanzar en soluciones de largo plazo que permitan enfrentar escenarios cada vez más extremos. Porque cuando el agua falta en el Limarí, no solo se afecta la agricultura: se tensiona toda la vida rural de la provincia. EDITORIAL. La incertidumbre vuelve a instalarse en el Limarí ante la falta de lluvias a pocas semanas del invierno. Agricultores, juntas de vigilancia y comunidades rurales observan con preocupación un escenario que amenaza nuevamente la producción agrícola y el abastecimiento hídrico de la provincia. EDITORIAL