Autor: SERGIO GILBERT J.
"Voy por el título de mayores de 85 años y no voy a dar ningun tipo de ventajas"
"Voy por el título de mayores de 85 años y no voy a dar ningun tipo de ventajas" M aría Eugenia Fernández (63) raquetea con su madre, Carmen Ibarra, y cada vez que le devuelve la pelota mira hacia afuera orgullosa. Más que eso, emocionada.
Y cuenta la razón. "Ella tiene 87 años, sufrió la pérdida de mi papá hace algunos años y después de vivir sola su pena, salió a buscar seguir incentivos para seguir adelante y lo hizo a través del tenis. Ella juega todos los días, no falla nunca, a las 9.45 ya está en la cancha y eso me da una alegría inmensa", dice Kena. Carmencita, como la llaman todos en el club, por supuesto que tiene su historia en el tenis. Y ella la cuenta casi con susurros, como para no aparentar lo exitosa que fue. "Yo nací en una cancha de tenis. Mi papá enseñaba en el Club Municipal, allá en el Parque O'Higgins, y los cuatro años, casi con chupete todavía, ya raqueteaba. No sé por qué razón, pero siempre fui zurda para pegarle a la pelota. Todo, salvo tomar la raqueta, lo hago con la mano derecha", cuenta Carmen Ibarra.
María Eugenia interrumpe y narra la historia completa de su mamá y los motivos por los cuales, pese a ser gran figura del tenis chileno en sus años de juventud, no siguió su carrera internacional. "Mi papá la conoció jugando tenis. De hecho, él empezó a jugar con mi mamá para conquistarla. Empezaron a pololear, pero un día, ella se fue a una gira por Europa, donde jugó varios torneos, entre ellos Wimbledon y Roland Garros, por lo que estuvo nueve meses fuera. El día que llegó a Chile, mi papá fue a buscarla a Cerrillos y ahí mismo le pidió que no se fuera más, que se casaran. Mi mamá tenía 19 años y le dijo que sí". "Y no estoy nada arrepentida", interrumpe Carmen. "Para nada. Hice una familia hermosa y el tenis siguió siendo parte de mi vida. Todo mi entorno es tenístico. Imagínese que soy Safa prima del Pato Cornejo. ¿ Pude ser una estrella mundial o llegar más lejos? No lo sé.
Pero soy feliz". María Eugenia tampoco hizo una carrera profesional de tenista, pero ella señala que fue por otras razones. "A mí el tenis nunca me apasionó tanto como a mi hermano José Antonio, quien llegó a jugar la Copa Davis y entrenar a Steffi Graf. Cuando vivíamos en Brasilia, un día mi papá me inscribió en un torneo y fui casi por obligación. Lo gané y me acuerdo que lo único que me gustó fue que me regalaron un poster de Jimmy Connors, lo que me incentivó a seguir jugando otros torneos. Pero cuando entré a la universidad, si bien jugaba por la Católica, me fui quedando. Me acuerdo muy bien el día que dije no va más. Fue cuando LUN RICHARD SALGADO RICHARD SALGADO estaba haciendo mi práctica de periodismo en una empresa y un día tenía que ir a jugar y no podía pedir permiso en la pega. Fui a escondidas, muy nerviosa. Incluso el junior de la oficina me ayudó a despistar a mis jefes. Fui, jugué, pero estaba con la mente en lo que podría pasar en la oficina. Le gané en tres sets a una niña a la cual siempre le ganaba fácil.
Cuando volví al trabajo dije basta, no más tenis competitivo". Durante su período competitivo, Kena Fernández cuenta que una sola vez tuvo que enfrentarse a su mamá en un torneo. "Yo era chica y ella ya era avezada y siempre me ganaba. Pero esa vez que jugamos un torneo, que para mí significaba subir de categoría, yo le gané. Más bien se dejó ganar porque ella estaba ella 6/3 y LUN 1/0 arriba y se retiró.
Cuando fui a saludarla me dijo que ella no necesitaba el triunfo más que yo. .. ". Carmen fue, en todo, el ejemplo a seguir y, tal como ella, dejó el tenis como profesión para convertirlo en su forma de mantenerse como deportista activa. "Si voy al gimnasio hago 10 abdominales y me aburro. Pero entro a la cancha a paletear y puedo estar un par de horas como si nada". Su madre, al contrario, señala que "yo, aparte de jugar todos los días, hago gimnasia. Nunca tuve problemas de peso. De hecho, cuando comencé a competir, pesaba 42 kilos. Y como siempre fu menuda, nadie creía que podía jugar bien. Pero hasta el día de hoy los sorprendo a todos cuando juego, jajajá". Carmen y su hija entrarán, esta semana, nuevamente a la cancha. A competir. A tratar de ganar.
Ello porque jugarán representando a Chile en el Sudamericano de Damas Seniors que se jugará en el Club Palestino y que tendrá participación de 380 tenistas de seis países aparte del nuestro (Argentina, Uruguay, Brasil, Paraguay y Bolivia) en 10 categorías (+30, +40, +50, +60, +65, +70, +7 5, +80 y +85). "Este torneo lo organizamos como Odaset (Organización Damas Seniors de Chile) que preside Ana María Arias, la señora de Jaime Pinto. Se juega sólo en dobles, pero a tres sets.
Se hará entre lunes y viernes de esta semana a partir de las 8.00 horas", cuenta María Eugenia Fernández. "Yo voy por el título de mayores de 85 años y no voy a dar ningún tipo de ventajas. Para eso he entrenado", advierte la incombustible Carmencita. Autor: SERGIO GILBERT J.. "Voy al gimnasio, hago 10 abdominales y me aburro. Pero puedo estar un par de horas paleteando como si nada", dice la esposa de Harold Mayne-Nicholls, de cara al Sudamericano de Damas Senior que parte este lunes.
A los 87 años, Carmen Ibarra hará dupla con su hija María Eugenia Fernández (63) en torneo de tenis Una sola vez se enfrentaron madre e hija: "Se dejó ganar porque ella estaba 6/3 y 1/0 arriba y se retiró. cuenta Kena Fernández. "A mi el tenis nunca me apasionó tanto como a mi hermano José Antonio, quien llegó a jugar la Copa Davis y entrenar a Steffi Graf, cuenta Kena Fernández.