Editorial: Profesores en constante riesgo
Editorial: Profesores en constante riesgo Ayer en las tres ciudades más grandes de la región de Coquimbo, profesores salieron a las calles a protestar contra hechos de constante violencia que deben sufrir durante el año. En liceos públicos del Puerto Cordillera colgaron carteles, en Ovalle y La Serena coparon las avenidas y esbozaron ante nuestra pregunta: que tienen miedo. Hemos sido testigos de una escalada de violencia en las escuelas, que ha dejado a muchos de nosotros conmocionados y preocupados. Sin embargo, la verdad es que la violencia en las aulas no es un fenómeno nuevo, sino que es una realidad que muchos profesores enfrentan a diario. La violencia en las aulas es un problema que requiere atención inmediata y soluciones efectivas. La violencia no solo proviene de estudiantes con necesidades especiales, sino también de estudiantes sin diagnóstico y de apoderados que en ocasiones tienen actitudes delictuales. La violencia psicológica y física es una constante en muchas escuelas del país. Pero la violencia no solo proviene de los estudiantes y apoderados. También proviene de los directivos y empleadores, que a menudo invisibilizan estas situaciones y solo activan protocolos que protegen a los estudiantes, dejando a los profesores vulnerables y sin apoyo. Además, la incompatibilidad horaria entre el trabajo y la vida familiar es un problema constante. Los hijos entre 0 y 4 años ingresan al jardín a las 8:30, pero los profesores deben ingresar a las 8:00. Esto significa que muchos de nosotros debemos dejar a nuestros hijos en el jardín antes de que abra, o buscar alternativas de cuidado que no siempre son accesibles o asequibles. La inestabilidad laboral es otra forma de violencia que enfrentamos los profesores. Un año tengo trabajo, el otro no lo sé. La incertidumbre y la precariedad son una constante en nuestra profesión. Hay que ayudar a los profes que hoy se enfrentan a alumnos que a veces son crueles, y es deber del Estado aquella protección..