Editorial: Reactivar el turismo
Editorial: Reactivar el turismo Los megaincendios forestales de enero afectaron a sectores acotados de la región del Biobío, pero el impacto económico se expandió más allá de las zonas siniestradas.
Destinos turísticos como Tomé, Dichato y Saltos del Laja han experimentado caídas drásticas en la afluencia de visitantes, pese a estar plenamente operativos, lo que amenaza la subsistencia de cientos de pequeños negocios que dependen del turismo estival. En la zona cero, más de 150 micro, pequeñas y medianas empresas fueron catastradas tras los incendios.
El Ministerio de Economía entregará subsidios no reembolsables de hasta $10 millones para recuperar infraestructura, maquinaria y el capital de trabajo, lo que ha sido valorado por expertos como un primer paso, pero que por sí solo es insuficiente. El análisis es claro: aunque los negocios recuperen su capital, la demanda permanecerá deprimida si los turistas no regresan. En ese sentido, se advierte que la recuperación de las pymes en las zonas turísticas es "multifactorial", ya que no basta con reconstruir locales si las familias evitan aquellos destinos que perciben como afectados.
Tomé, que concentra la mayor parte de sus damnificados en zonas no turísticas, lleva dos semanas sin atender con normalidad: primero por la emergencia, luego por restricciones de movilidad y ahora por la ausencia de visitantes. Los restaurantes, cabañas, artesanos y operadores de actividades náuticas están operativos y con personal, pero sin clientes. El Servicio Nacional de Turismo informa que E cuatro playas de Tomé están habilitadas para el baño con salvavidas y seguridad: Bellavista, El Morro, Dichato y Coliumo. Los accesos están despejados, con rutas alternativas disponibles. En tanto, los destinos que no sufrieron daños directos -como Saltos del Laja, Antuco, Alto Biobío, Lota y Araucooperan con total normalidad. La pérdida de un negocio tras una catástrofe abarca aspectos patrimoniales, laborales, de servicios y de vida comunitaria. Muchas familias perdieron tanto su local comercial como su vivienda, lo que plantea la necesidad de dotar de mayor rapidez a la reconstrucción. Las pymes con daño moderado pueden reactivarse en dos o tres meses si la ayuda llega oportunamente. El llamado a visitar la región no es solo retórico, sino una estrategia económica concreta. Cada familia que consume en restaurantes, contrata cabañas o compra a artesanos inyecta recursos directos a negocios golpeados tanto directa como indirectamente.
Otras ayudas complementarias pueden aportar, como el bono de retención que subsidia hasta el 80% del sueldo mínimo de los trabajadores que vieron afectada su fuente laboral, pero su éxito dependerá de que exista actividad que justifique mantener esos empleos. La región del Biobío sigue en pie. Los sectores afectados son muy específicos, y evitar destinos operativos por una solidaridad entendible, aunque equivocada, solo profundiza el daño económico. La mejor ayuda no es la abstención, sino la presencia..