COLUMNAS DE OPINIÓN: Un nuevo periodo presidencial
COLUMNAS DE OPINIÓN: Un nuevo periodo presidencial Hace unos cuatro años escribí una columna titulada "el fenómeno Kast", que lastimosamente fue mal recibida por algunos de mis lectores. Hoy, con el pasar del tiempo, constato ciertos elementos de actualidad en mis reflexiones del pasado: "No cabe duda de que José Antonio Kast se está posicionando como el nuevo referente de la derecha chilena. Atrás han quedado los antiguos partidos de este sector que se encuentran en sus últimos estertores.
Kast por el contrario parece ser el indicado para reanimar el alicaído futuro de una derecha agonizante y carente de rumbo". Es interesante analizar este párrafo cuatro años después, más aún a solo un día de haberse realizado el cambio de mando. Se inicia un nuevo periodo presidencial y con ello se renueva la esperanza de que Chile sigue siendo un país democrático. Esta forma de conducir a la nación no es algo que podamos dar por sentado, sobre todosi miramos el panorama latinoamericano y los crecientes conflictos en materia electoral que viven hoy los países vecinos. Lo cierto es que Kast viene a asumir el gobierno luego de una serie de acontecimientos de alta complejidad.
Chile no ha estado exento de situaciones de extrema violencia y descontrol, aun podemos percibir un ambiente enrarecido en los territorios de la Araucanía, la violencia se ha vuelto común y la evidencian distintas situaciones que acontecen cotidianamente. Kast no tiene fórmulas mágicas (Boric tampoco las tenía y en esto hay que ser justo e imparcial). Una cosa es gobernar desde el mundo de las ideas y otra es hacerlo en la realidad.
Por una parte, están las ideas de un joven diputado que cuestionaba y alzaba la voz y por otra el rol del presidente de un país que no puede ofrecer soluciones a todos los problemas existentes. Gobernar con inteligencia debería ser el principal objetivo del actual Gobernar con inteligencia debería ser el principal objetivo del actual mandatario. Esto implica asumir los desafíos urgentes, es decir, aquellos que verdaderamente influyen en la vida de los ciudadanos. mandatario. Esto implica asumir los desafíos urgentes, es decir, aquellos que verdaderamente influyen en la vida de los ciudadanos: seguridad, estabilidad económica, empleo y confianza institucional. Atrás deben quedar las rencillas menores y las disputas estériles, pues el periodo de "luna de miel" del gobierno rara vez se prolonga más allá de los primeros meses. La política, por su propia naturaleza, es un terreno de expectativas cambiantes y de evaluaciones constantes por parte de la ciudadanía. Si las cosas no se conducen de modo coherente y con un rumbo claro, la ciudadanía inevitablemente hará notar su descontento, ya sea en la opinión pública, en las calles o finalmente en las urnas. Esto me recuerda una magnífica frase de Winston Churchill, quien advertía con ironía y crudeza: "La política es casi tan emocionante como la guerra y no menos peligrosa. En la guerra podemos morir una vez; en política, muchas veces". No es casual que desde la antigüedad los pensadores hayan reflexionado sobre la naturaleza del poder. En el diálogo Gorgias de Platón, el personaje de Calicles defendía la idea de que en política prevalece quien tiene la fuerza y la capacidad de imponerse. Sin embargo, la experiencia histórica muestra que gobernar no consiste únicamente en imponerse, sino en administrar con prudencia las tensiones propias de una sociedad plural. La autoridad que se ejerce sin inteligencia estratégica suele ser efímera; aquella que se construye con sentido de realidad y responsabilidad pública, en cambio, tiene mayores posibilidades de perdurar. PATRICIO SCHWANER SALDÍAS Docente de Filosofía Magister en Educación Superior.