Columnas de Opinión: Escuelas en crisis, sociedad en cuestión
Columnas de Opinión: Escuelas en crisis, sociedad en cuestión C Columna os hechos de violencia que hall acontecido en escuelas y liceos de diferentes ciudades del país exigen en primer lugar nuestra solidaridad con las víctimas y con las comunidades educativas que ven afectada su convivencia a raíz de situaciones tan dramáticas. Sin embargo, también debieran llevarnos a reflexionar no solo en torno a las medidas que debemos tomar para erradicar definitivamente la violencia, sino también, y muy especialmente, acerca de las causas que la generan. No cabe duda de que es necesario activar las repuestas conocidas: más regulación, más protocolos e incluso sanciones. Pero insistir únicamente en la dimensión punitiva es hacerse cargo solo del síntoma y no de la enfermedad. La violencia escolar no es un fenómeno aislado. Es, en muchos sentidos, un reflejo de la sociedad que estamos construyendo. En un país marcado por altos niveles de desconfianza, polarización y debilitamiento de los vínculos comunitarios, no resulta extraño que esas tensiones se expresen también en la escuela. Lo que ocurre en los patios y salas de clase no es ajeno a lo que vemos en el espacio público, en las redes sociales o en la vida cotidiana. Con frecuencia se atribuye la violencia a conductas individuales o a déficits familiares, invisibilizando las condiciones estructurales que la sostienen: desigualdad, segregación y precarización de la vida en comunidad. Esta mirada reduccionista no solo limita las posibilidades de intervención, sino que también desplaza la responsabilidad Dr. Rolando Poblete Melis, Director del Magister en Gestión de la Educación Inclusiva Universidad Santo Tomás hacia los individuos, evitando la discusión acerca de las condiciones sociales que configuran estas formas de relación. En este escenario, la inclusión cumple un rol clave que muchas veces se pasa por alto. No se trata solo de integrar a estudiantes diversos, sino de construir comunidades educativas capaces de reconocer, valorar y gestionar esa diversidad sin que se transforme en conflicto. Cuando la inclusión se reduce a un mandato formal, sin condiciones reales ni trabajo pedagógico y comunitario, puede generar tensiones, frustración y sobrecarga que, en algunos casos, derivan en formas de violencia.
Por el contrario, una inclusión bien acompañada -con recursos, formación docente y una cultura de respetopuede convertirse en una herramienta poderosa para prevenir la violencia, fortaleciendo el sentido de pertenencia, el reconocimiento mutuo y la convivencia democrática. Abordar la violencia escolar, entonces, exige algo más que leyes. Requiere una conversación social más amplia sobre cómo estamos conviviendo y qué tipo de comunidad queremos construir. Porque, en definitiva, el problema no está solo en las escuelas: está en la sociedad que hemos construido y la sociedad que queremos ser.. 03 "Abordar la violencia escolar, entonces, exige algo más que leyes. Requiere una conversación social más amplia sobre cómo estamos conviviendo y qué tipo de comunidad queremos construir. Porque, en definitiva, el problema no está solo en las escuelas: está en la sociedad que hemos construido y la sociedad que queremos ser".. "Abordar la violencia escolar, entonces, exige algo más que leyes. Requiere una conversación social más amplia sobre cómo estamos conviviendo y qué tipo de comunidad queremos construir. Porque, en definitiva, el problema no está solo en las escuelas: está en la sociedad que hemos construido y la sociedad que queremos ser".