Autor: Ricardo Díaz, Gobernador Regional
Columnas de Opinión: Te manipulan y no te das cuenta
Columnas de Opinión: Te manipulan y no te das cuenta l avance de la Inteligencia Artificial (IA) ha abierto un mundo de posibilidades. Hoy tenemos herramientas que facilitan tafreas, aceleran procesos y amplían nuestras capacidades. Pero junto con esa promesa aparece un riesgo más silencioso, uno que muchas veces preferimos no mirar: el de delegar demasiado, el de confiar sin cuestionar, el de perder autonomía sin darnos cuenta. Por eso vale la pena detenerse y observar algunos aspectos que suelen pasar inadvertidos. El primero es la dependencia. Cuando comenzó internet, muchos pensaron que sería algo accesorio. Hoy basta un corte de luz para que el trabajo se paralice. Con la IA podría ocurrir lo mismo. Cada vez más tareas se simplifican, se automatizan, se resuelven en segundos. Y sin darnos cuenta, lo que era apoyo puede transformarse en sustituto. Pero la IA no siempre acierta. Sus respuestas no siempre son correctas, sus datos no siempre son confiables, y su aparente creatividad muchas veces repite patrones. Lo que parece original suele ser recombinación. Por eso, depender de ella sin criterio no es progreso, es renuncia. El segundo punto son los datos. Cada interacción digital deja huellas. Gustos, intereses, tiempos de atención, decisiones. Con esa información se construyen perfiles cada vez más precisos. No solo se observa lo que haces, sino que se anticipa lo que podrías hacer. Y entonces ocurre algo sutil: no solo ves el mundo, el mundo empieza a ser mostrado para ti. Las redes sociales funcionan así: te enseñan lo que te gusta, refuerzan lo que piensas, te rodean de opiniones similares. No es que todos piensen como tú, es que el algoritmo te muestra aquello que confirma tus creencias. Esa información se transforma en valor económico: se vende, se intercambia, se utiliza para influir en decisiones de consumo e incluso políticas. Allí aparece el riesgo de manipulación. El tercer punto es quizás el más incómodo: la IA no es tu amiga. Puede sonar cercana, puede parecer empática, puede ordenar tus ideas e incluso acompañar tus reflexiones. Pero esa cercanía es forma, no vínculo. Detrás hay sistemas entrenados con millones de ejemplos de lenguaje humano, capaces de ajustar el tono, de responder según el contexto, de usar estructuras que generan confianza. No hay intención, no hay emoción, no hay compromiso. Solo hay un programa que optimiza su respuesta en función de lo que recibe. Confundir eso con una relación es el primer paso para perder distancia crítica. La IA, entonces, es una herramienta poderosa. Puede ayudarte a pensar mejor, a ordenar ideas, a crear. Pero también puede convertirse en una trampa si delegas en ella lo que te corresponde a ti: el juicio, la reflexión, la decisión. Al final, la pregunta no es qué puede hacer la inteligencia artificial por nosotros, sino qué estamos dispuestos a dejar de hacer nosotros mismos. Porque de eso depende todo: si seremos quienes la utilizan con criterio, o quienes terminan siendo manipulados, obedeciéndola sin darse cuenta. Autor: Ricardo Díaz, Gobernador Regional. C Columna