Autor: Ivonne Maldonado Directora Carrera de Psicología Universidad de Las Américas, Sede Concepción
Cartas: ¿Es posible el aprendizaje en contextos de violencia?
Cartas: ¿ Es posible el aprendizaje en contextos de violencia? Las comunidades educativas suelen imaginarse como espacios seguros destinados al aprendizaje, convivencia y recreación.
Sin embargo, es posible advertir que esto no siempre ocurre, ya que colegios y universidades no están aislados de la realidad social del entorno, sino que funcionan como un espejo donde se reproducen las tensiones, desigualdades y distintas formas de violencia presentes en la sociedad. Desde la psicología, se entiende que el cerebro humano requiere condiciones mínimas de seguridad para poder concentrarse, reflexionar y analizar información. Cuando existe un ambiente violento o de conflictos permanentes, el sistema nervioso se mantiene en un estado de alerta constante, enfocando sus recursos en la supervivencia y no en el aprendizaje. Es sabido que el estrés crónico afecta funciones como la atención, memoria y capacidad de organización, entre otras. Por lo tanto, la violencia no solo impacta la dimensión emocional, sino también la cognitiva.
El cambio en la forma de relacionarse entre adultos puede ser una primera vía hacia transformaciones profundas y que permitan construir una sociedad más respetuosa, logrando que esto se refleje en las dinámicas de los contextos escolares y universitarios. Para ello, cada ciudadano puede generar pequeños cambios en su forma de vincularse, favoreciendo un clima de respeto hacia los demás.
Si se busca que niños, niñas y jóvenes sean felices y puedan avanzar en su zona de desarrollo próximo, mediante un aprendizaje colaborativo y en un espacio seguro, se requieren medidas del Estado, sociales e individuales.
Esta última dimensión está bajo nuestro control y, sin duda, pequeños cambios como respetar al otro en sus diferencias, no juzgar, evitar comentarios hirientes o innecesarios, mantener la calma en situaciones de conflicto y, sobre todo, comprender que las personas no son perfectas, pero sí merecen respeto, permitirían mejorar el bienestar general. Esto se vería reflejado en las comunidades educativas, generando un clima que fomente espacios seguros para aprender. Autor: Ivonne Maldonado Directora Carrera de Psicología Universidad de Las Américas, Sede Concepción.