El hombre MAS FELIZ DEL MUNDO
El hombre MAS FELIZ DEL MUNDO "Nunca había visto tantos niños morir", asegura Einer Rubilar Pardo (1968) mientras conversa en un café de Ñuñoa con una mochila de color negro a su lado.
Está de paso en Chile, en una pausa por razones de salud de su trabajo en Begin Anew, la organización que creó en Uganda, en la costa este de África, para construir pozos de agua en comunidades pobres. Luego de casi 20 años, el trabajo se ha diversificado con un par de escuelas y un centro médico. "Cuando empezamos, trabajamos con los pozos. Vimos que muchos niños se morían por la malaria, por enfermedades que les daban por tomar agua contaminada. Una mortalidad tremenda", explica. Su organización se enfoca en zonas rurales, de extrema pobreza --"donde no llega absolutamente nadie", enfatiza-que carecen de servicios básicos.
Cuando un niño se agravaba, recuerda, él tenía que llevarlo al hospital de Masaka, la ciudad más cercana. "¿Cuántas veces se me han muerto los niños en la espalda? Porque los meto en esta mochila, ¡en esta mochila! ", insiste, mientras apunta al artículo personal que tiene a su lado. "La abren y los meten (a los niños) ahí. Y sacan la cabecita para afuera nomás y me llevo a los niños porque no teníamos oxígeno, no teníamos nada (... ). Llegan al hospital ya cuando se les cae la cabecita. Y mi compañero me dice, `para, para, para'. Y ahí a mitad de camino, a resucitarlo. Respira un poquitito y lo llevamos. Pero ya está muerto. Y después tienes que volverte con el niño (fallecido), metido en la mochila, en mi espalda", agrega. El impacto del primer viaje Einer Rubilar nació en San José de la Marquina, en Los Ríos. Durante 15 años (19872002) fue carabinero en ciudades como El Salvador, Huasco, Vallenar y Santiago, hasta que se enamoró de una estadounidense, "una mujer maravillosa", dice. Se retiró de la institución, se casaron e iniciaron una nueva vida. Como ciudadano de EE.UU., trabajó en Kimer, una empresa de menaje, en Chicago y Filadelfia.
Años después quisieron servir como voluntarios en África, y comenzaron a escribir a organizaciones no gubernamentales (ONG) para ofrecer su ayuda. "Muchas te cobraban mucha plata, 4 mil o 5 mil dólares, para hacer un voluntariado de dos semanas. Yo no quería eso. Quería estar un par de meses para ayudar a la gente", explica. En 2005 logró una respuesta de Special Olympics, una organización que trabaja con menores discapacitados. Junto a un grupo de amigos hizo un evento de recaudación de fondos en un restaurante de Chicago, a lo que sumó sus propios ahorros. Su primer viaje a Uganda lo marcó. "Me bajé del avión y había llovido todo el día anterior. Todo estaba lleno de barro y los niños sacaban agua de lluvia. No podía creerlo. Después pasaban animales y tomaban (la misma agua). Los niños en un lado y los animales en otro", detalla. Asegura que "nunca encontré a los niños discapacitados", por lo que comenzó a buscar otras opciones como voluntario. "Hasta que llegué a una escuela y empecé a ayudar. Compramos zapatos, uniformes... encontré dos enfermeras para que fueran todos los jueves para ver a los niños, porque tienen mucha tiña. La gran mayoría tiene tiña y es contagiosa. Las enfermeras los trataban. Así fui avanzando y aprendiendo". --Usted dice que hizo todo eso a costa de vacaciones, de su tiempo personal y de sus recursos. --Es muy simple, no hay que estudiar mucho para eso. Esto viene de familia. Cuando tienes una buena base, cuando los padres te enseñan los valores, uno los aprende. Uno aprende a respetar a las personas adultas, a los padres, a los ancianos, al profesor.
El ayudar al resto, si las otras personas necesitan ayuda, ¿por qué no? Luego de una mala experiencia fundando una organización con personas de otros países, Rubilar --a esas alturas divorciado por razones que prefiere no comentar-decidió seguir un camino propio. Encontró un pozo de agua abandonado y lo reparó.
Contrató gente que sabía del tema --"yo no tenía idea cómo hacer un pozo"-hasta que aprendió y siguió en forma independiente junto a Jospeh Higa, un colaborador ugandés y hoy su mano derecha en Begin Anew. "Joseph Higa es una de las personas más importantes de Uganda para mí. Él me enseñó y me sigue enseñando mucho sobre la cultura y sobre cómo vivir en Uganda. Así es que ahí empezamos a trabajar juntos, a restaurar pozos y después a construirlos. Nunca se nos ha caído un pozo, y nunca se nos ha secado uno", asegura Rubilar. Casi dos décadas después, Begin Anew (beginanew. cl y beginanew. oficial en Instagram) ha construido más de 200 pozos de agua. En promedio, cada uno cuesta unos $5,5 millones y tarda de dos a cuatro semanas, con profundidades de 30 hasta 45 metros, encamisados con cemento y ladrillos. Para Rubilar, "se ha creado un mito a nivel mundial de que se está acabando el agua. Es que no se puede acabar el agua". El verdadero problema, a su juicio, es cómo sacarla, "y ahí es donde entramos nosotros". El líquido que obtienen, cuenta, es "bebestible. Yo soy el primero que tomo agua de cada pozo que hacemos, les muestro a todos que el agua es limpia. Es pura agua de vertiente que la sacas con unas cañerías para ir a tomar y listo". Con el tiempo, su organización se ha diversificado. Levantó dos escuelas y una clínica que incluso cuenta con instrumental para atender partos. Necesita voluntarios, advierte, para enseñar a los ugandeses a atenderlas, y dice tener las puertas abiertas a profesores o médicos chilenos que deseen servir. Sus próximos proyectos son abrir una clínica dental y conseguir una ambulancia todoterreno, para evitar los dramáticos traslados de urgencia en moto. "Podemos salvar más vidas todavía", asegura.
Ayudar, no regalar Gobernado desde 1986 por Yoweri Museveni, quien a sus 80 años es uno de los gobernantes con más tiempo en el poder, Uganda es un país de 47 millones de habitantes cuyo pilar económico es la agricultura. Aún tiene altos índices de pobreza, pero Rubilar es reacio a profundizar en esos temas. "Si usted llega a ir para allá, va a ver pobreza que jamás en su vida pensó que existía. Pero la gente es feliz", afirma.
En su opinión, el país es "lo más cercano al paraíso", con enormes parques de selvas impenetrables no intervenidas por el hombre, además de montañas y gorilas. "Nosotros no nos metemos ni en política ni en religión. El momento en que tú hablas de eso, separas", advierte. Su método es ayudar a que la gente pueda salir adelante, y "nunca regalar plata, comida, nada de eso. No es bueno cuando regalas cosas. Creas más pobreza y dependencia. Y la gente pierde su dignidad también". Por eso, añade, "nunca he trabajado para una organización (... ). Uno no va a cambiar la vida de las personas como voluntario. Uno va a mejorar la calidad de vida de las personas. Uno no lo sabe todo. Yo llevo 19 años y no lo sé todo". Sobre las ONG, es más bien escéptico: "Hay que tener mucho cuidado con eso, porque hay ONG que tienen mucho poder.
En general pienso que si hicieran el trabajo como ONG, como las personas que les donan esperan que hagan la pega, no estaríamos en un mundo como el que tenemos ahora, violento, con guerras y todo. Tenemos muertes de niños, mil niños mueren al día en África por problemas de agua. Si todos hiciéramos la pega que corresponde, seríamos un mundo completamente diferente". --¿ Qué pasa? ¿ Se dedican a otras cosas? ¿ Malgastan los recursos? --Yo hablo por mi organización. Ocupamos el 100% de lo que usted decide donar. El 100% se va para allá.
Si usted me dice `yo le dono un pozo que vale $5,5 millones', ese pozo se hace (... ). Les pagamos a la gente ugandesa que trabaja con nosotros, a los agricultores, claro, pero yo no recibo dinero.
Entonces, la cosa es que si realmente cumplieran la pega para la cual fueron creadas, creo que seríamos algo diferente. --¿ Cómo financia Begin Anew? --Con la ayuda de gente, con (aportes de) 5 mil pesos, con milpesos, gente que hace campaña. Y después empiezan a donar, a donar, a donar. --¿ Tiene una red de donantes? --Claro, la gente sabe la pega que hacemos allá. Y sabe que yo no me dejo dinero para mí. Yo no tengo salario, nada.
El 100% de todas las donaciones va para allá. --¿ Y sus gastos, su vida? --No, ¿qué gastos tengo yo aquí? Sí, yo tengo una casa de voluntario donde vivo allá, al lado de la escuela, en Uganda. Y ahí vivo, tengo mi cama, tomo desayuno a veces, como lo mismo que en la escuela. Y nada, no tengo más. Me levanto, respiro, soy el hombre más feliz del mundo. Estoy haciendo lo que siempre fue mi sueño, ayudar a la gente.
Soy el hombre más bendecido del mundo. --¿ Cómo reaccionan los ugandeses cuando reciben los pozos? --Tienes que ver los ojos de aquella persona anciana que por toda su vida, por generaciones, ha tomado agua sucia. Y ahora, antes de morir, va a tomar agua limpia por primera vez. Los cabros chicos juegan y toman. Los adultos toman el agua y dicen `¡ oh, guau, qué clarito!'. Esa felicidad que ellos reflejan al momento de salir el agua no te la puedo explicar. A mí me hace feliz. Voy a seguir haciendo esto hasta el día que me muera. ¿Dónde voy a morir? Voy a morir allá en Uganda. Es chileno y se llama Einer Rubilar (56). Nació en San José de la Mariquina y durante 15 años fue carabinero. Hoy vive en Uganda, donde construye pozos de agua para comunidades pobres. Lo que pasó entre medio es una mezcla de historias de amor, voluntariado y solidaridad no exenta de malos ratos, carencias y hasta de muerte. POR IVÁN MARTINIC El hombre MÁS FELIZ DEL MUNDO Su primer viaje a Uganda lo marcó. "Me bajé del avión y había llovido todo el día anterior. Todo estaba lleno de barro y los niños sacaban agua de lluvia. No podía creerlo. Después pasaban animales y tomaban (la misma agua). Los niños en un lado y los animales en otro", detalla. G ENTILEZA EINER RUBILA R "Nunca he trabajado para una organización (... ). Uno no va a cambiar la vida de las personas como voluntario. Uno va a mejorar la calidad de vida de las personas. Uno no lo sabe todo". Su método es ayudar a que la gente pueda salir adelante, y "nunca regalar plata, comida, nada de eso. No es bueno cuando regalas cosas. Creas más pobreza y dependencia. Y la gente pierde su dignidad también". GENTILEZA EIN ER RU BILAR "Esa felicidad que ellos reflejan al momento de salir el agua no te la puedo explicar. A mí me hace feliz", dice. GENTILEZA EINER RUBILAR Para Rubilar, "se ha creado un mito a nivel mundial de que se está acabando el agua. Es que no se puede acabar el agua". El verdadero problema, a su juicio, es cómo sacarla, "y ahí es donde entramos nosotros". GENTILEZA EIN ER RUBILAR.