COLUMNAS DE OPINIÓN: Cuando la guerra queda lejos, pero la cuenta llega igual
COLUMNAS DE OPINIÓN: Cuando la guerra queda lejos, pero la cuenta llega igual Estabilización de Precios de los Combustibles para contener contener alzas y suavizar el impacto en los consumidores. Pero ese mecanismo no es infinito. Tiene límites, tiene costos, y cuando esos recursos se agotan, la realidad se impone. Hoy estamos viendo precisamente eso. El Estado ya no tiene la misma capacidad para contener contener el impacto sin generar efectos secundarios relevantes. Seguir subsidiando de manera intensiva implica tensionar aún más las cuentas públicas, en un contexto donde el déficit déficit fiscal sigue presente y donde los ingresos no crecen al ritmo que el gasto requiere. En otras palabras: no hay margen para seguir ocultando ocultando el problema. Y es aquí donde la discusión se vuelve también política. Porque frente a este escenario comienzan a aparecer voces voces que proponen soluciones simples a problemas complejos. Se habla de frenar alzas por decreto, de ampliar subsidios sin considerar su financiamiento o incluso de movilizar descontento social como mecanismo de presión. Es una reacción reacción conocida, pero profundamente irresponsable. No se puede enfrentar una crisis global con consignas consignas locales. La historia reciente debería habernos dejado una lección lección clara: cuando la política se desconecta de la realidad económica, los costos no desaparecen, solo se postergan. Y cuando finalmente llegan, lo hacen con mayor fuerza. Chile necesita hoy algo que muchas veces escasea: realismo. Realismo para entender que no controlamos el precio precio del petróleo. Realismo para asumir que el Estado tiene límites. Realismo para reconocer que las decisiones del pasado pasado condicionan las opciones del presente. Pero también se necesita visión. Porque esta crisis vuelve a poner sobre la mesa i. m desafío desafío estructural que el país ha postergado durante demasiado tiempo: la seguridad energética. No basta con reaccionar cada vez que sube el combustible. Es necesario avanzar con decisión en diversificación de la matriz, en eficiencia energética energética y en políticas de largo plazo que reduzcan nuestra dependencia de factores externos. No hacerlo es condenarnos a repetir este ciclo una y otra vez. La guerra está lejos, sí. Pero sus efectos ya están aquí. Y lo verdaderamente preocupante no es solo el impacto inmediato, sino nuestra capacidad o incapacidad para enfrentarlo con seriedad, responsabilidad y sentido de realidad. Porque en un mundo cada vez más inestable, los países países que no se preparan terminan pagando siempre el costo más alto.
Cuando la guerra queda lejos, pero la cuenta llega igual César Cifuentes presidente regional PR! escalada del conflicto entre Estados Unidos, Israel e Irán, en Chile comenzamos a sentir sus efectos de la manera más concreta posible: posible: en el bolsillo. Porque aunque la guerra se desarrolle a milesdekilómetros, susconsecuenciaseconómicasnoreconocen milesdekilómetros, susconsecuenciaseconómicasnoreconocen fronteras. El punto crítico hoy no es solo el enfrentamiento en sí, sino dónde ocurre. El foco está puesto en el Golfo Pérsico y, particularmente, en el Estrecho de Ormuz, una de las rutasenergéticasmásrelevantesdelplaneta. Porahítrancamente sRa cerca del 20% del petróleo y del gas natural licuado que se consume en el mundo. Cuando esa vía se tensiona, se bloquea o simplemente se vuelve incierta, el impacto es inmediato: sube el precio del petróleo, se encarece la enera gía y se altera el equilibrio económico global. Eso es exactamente lo que estamos viendo. Losmercadosyareaccionaron. Elpreciodelcmdohasude bido con fuerza y las proyecciones internacionales anticipan que este no seráunfenómeno transitorio. Laincertidumbre en Medio Oriente no solo afecta la oferta, también golpea las expectativas, y en economía eso suele ser igual o más determinante. Cuando elmercadoperciberiesgo, ajustaprela cios. Y ese ajuste, inevitablemente, termina trasladándose a los países importadores de energía, como Chile. Aquí es donde el problema deja de ser lejano. Chile depende de manera significativa de la importación de petróleo. No tenemos soberanía energética en este ámbito, y aunque en los últimos años se ha avanzado en energías renovables, la matriz sigue siendovuinerable frenoportunidad teashocksexternos. Cadaaumentodelpreciointernacional del crudoimpacta directamente en el costo de los combustramos tibles, del transporte y, en cadena, del costo de vida. Lo estamos empezando a ver con claridad. El alza en lasbencinasyeldiéselnoesunadecisiónlocalcaprichosa ni una falla puntual de gestión. Es el reflejo de una presión externa que el país no puede controlar, pero sí debería hacrificio, ber previsto mejor. Porque ese es el punto de fondo: la vulnerabilidad. Chile enfrenta este escenario enuna condición econóconstituyen mica que, si bien muestra algunos avances, sigue siendo frágil. La inflación ha bajado, es cierto, y el Banco Central ha hecho un trabajo consistente en su control. Sin embardesconfianza go, el crecimiento económico proyectado sigue siendo bajo, el empleo no logra consolidarse con fuerza y la inversión continúa mostrando señales de debilidad. No entramos a esta crisis desde una posición robussanar ta, sino desde una economía que aún no logra afirmarse completamente. Aeso se sumaunarestricción clave: elespacio fiscal. Durante años se instalaron expectativas altas respeccuentros to del rol del Estado como amortiguador permanente de las crisis. Se utilizó, por ejemplo, el Mecanismo de. -