Columnas de Opinión: Calle Cortada
Columnas de Opinión: Calle Cortada calle está cortada. Hay L que irse por otro lado. No se puede pasar. Hay que esperar. Desvío. Una vez más. Lo excepcional se vuelve cotidiano y se justifica en razón del impacto que implica el corte. Las explicaciones son más grandes que las molestias. Hay un bien mayor en juego, una experiencia, una oportunidad, una exposición nacional, incluso, mundial. La empatía se exige sin empatía y sin derecho a reclamo. El que reclama no entiende. O es un egoista. O alguien que no quiere pagar el precio de una ciudad turística. Un problema a resolver para la próxima vez. Mientras, la búsqueda del tiempo perdido es una cuestión compleja de lograr. Ni siquiera lo logró Mampato con su cinturón mágico. Cultura, deporte, emprendimiento, innovación. Palabras que convocan. Hechos que son iluminados como encuentros notables. El sentido de la fiesta, del deporte, de la cultura, del emprendimiento local, se evocan y justifican con devoción. La fe perdona el pecado. Los problemas se reconocen como un asunto a mejorar. Una pequeña sombra entre tanta luz brillante. El Iron Man fue genial, generó millones de dólares, visitantes de diversos lugares, exposición nacional e internacional. Las felicitaciones nadan, corren pedalean sobre bicicletas y millonarias. Una marca que llega probablemente para quedarse. La masividad se defiende como una oportunidad.
En el marco del recuerdo se instala el momento: la alegría de quienes salieron a mirar y a recibir atletas oculta la espera y el desaliento de quienes no pudieron ese día operar con normalidad sus negocios. Los beneficios superan las molestias.
Un acierto y una visión que pide tolerancia ante Por: Pablo Hübner cualquier reproche razonable por la toma parcial de la ciudad. ¿ Qué sigue? ¿ Lollapalooza en Puerto Varas? ¿ La F1 por Gramado y Línea Nueva? Decir que vivimos en la ciudad turística es cierto, pero, ¿es esa condición una validación para ser un centro de eventos cada vez más permanente? Entre los eventos grandes, medianos, chicos, ¿cuál es la medida? ¿ Quién gobierna la moderación del uso de los espacios públicos en un contexto de calles saturadas por un crecimiento que la regulación no ha sido capaz de contener ni de ordenar? La calle techada, por ejemplo, suele estar más cerrada que abierta. Las cortinas metálicas se mantienen abajo. El tránsito, clave para acceder hacia la calle Imperial, obliga una vuelta más. El alcalde reconoce que la ubicación de la calle techada no es la mejor, así como también reconoce que se mantendrá cerrada todas las veces que sea necesario. Por los vecinos, para los vecinos, a costa de los vecinos. Jerarquías difusas que se dibujan como políticas concretas. La regulación y el orden descansan en el sincero afán de las buenas intenciones. La justicia de elegir quién gana más y quién pierde menos se atribuye a la representación democrática. La dependencia del auto no es una opción por capricho, sino por ausencia de una alternativa realista. El transporte público aún no ofrece sinceras mejoras, por el contrario, sube sus precios. Para el caso del tren, se puede evidenciar un retroceso. Hace poco se anunció que ya no pasará los fines de semana. Durante la semana se registran retrasos y problemas en su funcionamiento. Cuando se inauguró, no faltaron las palabras de histórico, inédito. Sonrisas y abrazos.
Por estos días no se escuchan muchos reclamos cuando deja de funcionar el fin de semana. ¿Quién defiende las mejoras del tren? Por su parte, poco se sabe de la llegada concreta de los buses eléctricos. Sí se sabe que vuelven a subir los combustibles. Durante los primeros años de la década se habló mucho, tal vez demasiado, del problema de las parcelas y su relación con el centro urbano. El colapso vial es conocido en todo el anillo que rodea el centro y sus respectivos accesos. Las medidas que se han adoptado, semáforos inteligentes, nuevos semáforos, cambio de tránsito en las calles, entre otras, no han sido capaces de contener el problema. Los anuncios de la nueva costanera hacen pensar en cuál será el plan de mitigación del probable caos. En el debate de las calles cortadas por eventos, se suman los problemas de las constructoras, los camiones en grandes negocios, obras públicas, entre otros. Se adiciona esta idea fantástica de hacer de la ciudad un lugar para las personas, no para los autos. Pero, los autos no se mueven solos. Hay personas adentro. Vidas, que como todas, tienen su propio afán y su propia urgencia. La representación del bien común como una manera de justificar de que no todos quedarán contentos tiene una letanía y se usa como una lanza para atacar a quienes critican. Los que critican son sindicados como los enemigos de los objetivos: En contra del deporte, en contra de la cultura, en contra de los incentivos a la economía local. Esa respuesta no hace más que rivalizar puntos, creando un falso dilema y una segregación que atiende la suma de mayorías para construir una percepción de todos, menos algunos. La vida sigue. Con lo bueno y lo malo. Calle cortada. Otra vez. Paciencia. Empatía. Es una vez al año. Una vez al mes. Una vez a la semana. Es todos los días. Depende de dónde. Depende de por qué. Es el taco cotidiano y el taco excepcional que te roba los minutos. El tiempo es un pasajero más. Es la vida que pasa entre primera y segunda marcha. Así no sea tan querido como los otros, el parque automotriz es parte de los otros parques que se aplauden en el centro urbano. Cuidar la cotidianidad debería ser tan importante como proteger la excepción. Cuando una cosa se convierte en la otra, el espectáculo bien intencionado olvida a quienes quedan bajo el escenario. Nadie aplaude a los afectados. Tampoco habrá medallas a los primeros lugares en esperar demasiado..