Columnas de Opinión: Agredieron a mi hermana: violencia y racismo a una mujer mapuche que interpela a Chile
Columnas de Opinión: Agredieron a mi hermana: violencia y racismo a una mujer mapuche que interpela a Chile ENTR TN Lo ocurrido al interior de la Universidad Austral no es un hecho aislado, sino un síntoma preocupante: la normalización de la violencia incluso en espacios que debieran resguardar el respeto y el pensamiento crítico.
La agresión contra mi hermana (Lamngen), Ximena Lincolao Pilquian, no solo revela una expresión brutal de intolerancia, sino también las contradicciones de discursos que dicen defender derechos, pero callan o incluso celebran cuando la víctima no encaja en sus marcos ideológicos. Hubo epítetos denigrantes por su condición de mapuche. Este texto es una invitación a cuestionar, sin ambigüedades, el machismo, las distorsiones del feminismo y toda forma de violencia, especialmente cuando recae sobre una mujer mapuche. Lo ocurrido no puede ni debe ser relativizado. No se trata de una manifestación legítima ni de una expresión política válida. Estamos frente a un acto de violencia directa, de carácter físico y simbólico, que atenta contra la dignidad de una persona y, por extensión, contra los principios básicos de convivencia democrática. En el Chile actual, pareciera que ciertos sectores han normalizado la agresión como herramienta política. Un grupo minoritario de estudiantes, amparados en consignas ideológicas, reaccionó violentamente ante medidas administrativas que según ellos estaría impulsando el Ministerio de Ciencia, Tecnología, Conocimiento e Innovación. Sin embargo, nada justifica la violencia. Nada. Este tipo de acciones no solo son reprochables desde el punto de vista ético, sino que también constituyen conductas que deben ser investigadas y sancionadas conforme al Estado de Derecho. La democracia no se construye desde la agresión, sino desde el diálogo, la deliberación y el respeto irrestricto por las personas.
Pero lo sucedido abre una discusión aún más profunda: la incoherencia de ciertos discursos que, bajo banderas como el feminismo o la justicia social, terminan validando o guardando silencio frente a agresiones cuando estas no calzan con sus afinidades ideológicas.
Aquí es donde debemos detenernos y cuestionarnos como sociedad. ¿ Qué tipo de feminismo es aquel que calla o relativiza la violencia cuando la víctima no es políticamente conveniente? ¿ Qué tipo de lucha contra el machismo permite o incluso celebra la humillación pública de una mujer? Las imágenes que circulan por redes sociales y televisión demuestras insulto soez, vulgar y agresivo. La violencia no tiene género ni justificación política. Y cuando se ejerce contra una mujer mapuche, además incorpora una dimensión histórica de discriminación que no puede ser ignorada. En este contexto, es necesario también interpelar a las autoridades políticas y a los liderazgos de todos los sectores. El silencio, la tibieza o las declaraciones genéricas no son suficientes. Se requiere una condena clara, transversal y sin matices frente a este tipo de hechos. No hacerlo es, en la práctica, una forma de validación. Asimismo, preocupa profundamente el actuar de la institucionalidad.
Las declaraciones oficiales de la Universidad Austral de Chile anuncian investigaciones internas, lo que resulta necesario, pero insuficiente, se requiere que su rector Egon Montecionos entregue señales más claras frente a la gravedad de los hechos. La ausencia de una reacción inmediata para resguardar la integridad de la víctima incluyendo el eventual llamado a Carabineros, deja en evidencia una preocupante falta de protocolos eficaces ante situaciones de violencia.
La Ministra Ximena Lincolao, en su primera entrevista después de ser agredida a un canal de televisión (CNN), señaló con claridad: "Al salir del auditorio se tiraron encima para agredirme", "los guardias de la universidad no hicieron nada por protegerme", "muchos celebraron la agresión" y agregó una frase que refleja la profundidad de este hecho: "no tengo miedo, siento pena". Esa pena no es solo personal.
Es la pena de constatar que, como sociedad, aún no somos capaces de erradicar prácticas de odio, discriminación y violencia, incluso en espacios que deberían ser de formación, pensamiento crítico y respeto, como lo son las universidades.
Desde aquí, también quiero hacer una invitación a mujeres mapuche que han construido trayectoria, liderazgo y respeto en distintos ámbitos: Karina Manchileo, Coca Ñanco, Kiria Antileo, Eliana Huitraqueo, Claudia Pailalef, Rosa Catrileo, Jimena Pichinao, Graciela Huinao, Maribel Mora, Natividad Llanquileo, Sonia Caicheo, María Teresa Panchillo, Daniela Catrileo, Millaray Jara, Francisca Collipal, Elsy Curihuinca, Isolde Reuque, Ana Llao, Simona Rapiman, Karina Manchileo, entre muchas otras. Más allá de las legítimas diferencias políticas o ideológicas, este es un momento que exige una señal clara en contra de la violencia hacia la mujer mapuche. Como sociedad, debemos ser capaces de sostener nuestras diferencias sin recurrir a la agresión. El disenso es parte esencial de la democracia; la violencia, en cambio, la destruye. Ninguna persona merece ser insultada, golpeada o humillada por su origen, su identidad o sus ideas. Menos aún una mujer mapuche, cuya trayectoria académica y personal representa el esfuerzo de generaciones que, históricamente, han debido enfrentar condiciones de desigualdad estructural y discriminación. Hoy muchos profesionales mapuche que son fruto del sacrificio de sus antepasados, quienes en su mayoría desempeñaron labores precarias y fueron invisibilizados por décadas. Por eso, cada logro individual tiene también un significado colectivo. Es tiempo de alzar la voz con argumentos, con convicción, con altura y cultura. De rechazar sin ambigüeda des toda forma de violencia, venga de donde venga. De cuestionar tanto el machismo como las distorsiones del feminismo cuando estos se transforman en herramientas de exclusión o agresión. Y, por sobre todo, es momento de expresar un apoyo claro, firme y sin complejos a Ximena Lincolao Pilquian. No solo como hermana, sino como mujer, como profesional y como representante de un pueblo que merece respeto. Que se investigue. Que se sancione.. Mario Neculman Neculman, periodista, administrador público, magíster