No basta solo con jugar
No basta solo con jugar P uede que quieran darle un sentido distinto pero la verdad es una sola: la Copa de la Liga que se está jugando a pedazos y en medio de la temporada regular de la Liga de Primera, solo tiene una razón de ser y es pagar a los dueños de los derechos televisivos la deuda de encuentros que tiene la ANFP con ellos. Lo demás es música.
Claro, es obvio que el aumento de encuentros es un beneficio (más contando con el hecho objetivo de que Chile es uno de los países sudamericanos que menos juega en su ámbito interno), pero, en este caso, es marginal porque la gran mayoría de los equipos participantes solo sumarán seis encuentros más en su calendario, lo que en términos de objetivos es la nada misma. La experiencia no es nueva, por cierto.
En 1984, bajo una de las administraciones del fútbol chileno más oscuras de la actividad (la de Rolando Molina, quien fue el padre de la llamada "deuda histórica") se inventó la llamada Copa de la República y que tuvo como eje motivacional justamente lo mismo que la actual Copa de la Liga: llenar el calendario 1983 (aunque, por esas cosas que pasan por acá, se jugó en 1984). Dicha competencia solo tuvo una relevancia: consagrar a Universidad Católica como único campeón de la historia, con un equipo dirigido en ese tiempo por el DT ayudante de los cruzados, Ignacio Prieto. El tema es obvio. Inventar una copa para jugar más partidos, para llenar fechas en el calendario, para exponer en pantalla encuentros repetidos, no son razones suficientes ni sirven de mucho al desarrollo por sí solo. Debe haber un objetivo que justifique deportivamente la creación de estos torneos satélites. También debe haber incentivos, más allá de ganar un cupo para ir a una serie de clasificación en la Copa Libertadores de un año más.
Si se quiere hacer de la Copa de la Liga algo más permanente, entretenido y que ayude a que la competencia interna crezca y se fortalezca, deben implementarse reglas que vayan en ese sentido, no generadas por gerentes, sino por especialistas en la materia, es decir, entrenadores, jugadores, profesores, preparadores físicos, directores deportivos certificados y con preparación académica. La exigencia no es demasiada ni complejiza algo que, en apariencia, debería seducir por su sencillez. La televisión --tal y como ha pasado siempre desde su irrupción masiva-toma estas copas y torneos inventados como la oportunidad de hacer experimentos o, derechamente, ampliar sus coberturas a campos diversos. De hecho, hoy es cosa de ver lo que ha hecho TNT Sports con la transmisión de algunos de los partidos de la Copa de la Liga por streaming. Por mucho que ello incluso moleste a los usuarios, al menos es una potente señal de que las oportunidades hay que aprovecharlas. Ciertamente, es probable que cuando termine la disputa de la Copa de la Liga no haya más saldo que haber cumplido con una deuda. Nadie sabe si este torneo que se apareció de repente en el calendario chileno se mantendrá, podrá consolidarse y tener continuidad histórica. La razón es clara: a nadie le importó darle una base sólida a la hora de inventarla. No basta solo con jugar SERGIO GILBERT J..