Un encuentro entre dos grandes
Un encuentro entre dos grandes e imagino que al iniciar la lectura de esta página se habrá percatado M que en la parte superior aparece una oración que usted, estimado lector, veía escrita en la edición de los días martes. Pues bien, desde ahora aquélla no irá en el segundo día de la semana, sino en el último. En lo internacional, este mes las miradas estuvieron puestas en la visita que el Presidente de Estados Unidos, Donald Trump, realizaría a Beijing acogiendo una invitación de su colega chino, Xi Jinping.
Había natural expectación sobre este encuentro debido a que se habían visto solo una vez hace cincoaños y que el ambiente mundial de esa época ha mutado en forma extraordinaria en relación al que existe hoy día. Se trataba de los líderes de los dos países más poderosos del mundoy las especulaciones eran variadas. Personalmente se me vino a la mente una idea que me dijo un colega extranjero cuando era parte de la Delegación de Chile ante la ONU en Nueva York. Sostenía que este tipo de entrevistas tiene las mismas características de lo que acaece cuando se encuentran dos perros que no se conocen o que no se han visto en mucho tiempo. Los primeros instantes están dedicados a olerse mutuamente y, de acuerdo a la percepción que cada uno se forme del otro, es cómo reaccionan. Puede ser amistosa o rabiosa. Si aplicamos esa idea a lo sucedido cuando Trump tocó suelo chino, es indudable que el primer "olor" recíproco fue amistoso y que todo se había preparado para que así fuera. El norteamericano se acercó risueño a estrechar la mano de su anfitrión, saludo que, de acuerdo a los periodistas, fue extraordinariamente lato, pues duró 14 segundos. Por lo visto en TV, el líder chino desde el inicio trató de demostrar su agrado por el aterrizaje del Air Force One. Ambos jefes de Estado caminaron sobre varios centenares de metros de alfombra roja, para detenerse en una especie de pequeña mezquita donde una banda militar tocó el himno nacional estadounidense. En seguida pasaron revista a una guardia de honor impecable en su presentación y movimientos marciales. Llamó la atención que los soldados estaban separados de acuerdo a su sexo. Luego se encontraron con más de un centenar de niños y niñas que agitaban banderas de bienvenida y hacían exclamaciones de júbilo al visitante. Por último, en un acto extraordinario en este tipo de visitas, ambos jefes de Estado saludaron de mano a cada uno de los miembros de la delegación de su contraparte. Todo fue excelentemente realizado y muy significativo. Siguiendo la idea de los perros de mi amigo diplomático hubo una buena "química" entre ambos canes. Pero siempre los actos de los chinos llevan involucrados un sentido que a veces los occidentales no percibimos.
Xi fue muy amable y le hizo un gesto especial a Trump al detenerse para que ambos escucharan el himno norteamericano, pero luego le presentó una impecable guardia militar que demostró el estado de preparación con que cuenta el gigante asiático. Enseguida, exhibió una cantidad grande de niños alegres, los que en forma clara estaban ahí dando muestra de la tremenda población con que cuenta China. Es decir, sin pronunciar una palabra le dijo al residente de la Casa Blanca que tenía la fuerza y una población de más de mil millones de habitantes. Los acuerdos finales fueron los previstos por los especialistas. Estos no omitieron una referencia que para Beijing era la más importante: si incluyó el tema de Taiwán. Es necesario como lo he escrito antesque para los chinos el primer y principal objetivo internacional desde el triunfo de Mao Tse Tung en 1949 es la unificación de todo el territorio. Esta meta está siendo cumplida en la forma como ejecutan sus actos los orientales: sin apuro y esperando los tiempos adecuados. Es así como lograron, después de muchos años, incorporar a Hong Kong y Macao. Con Taiwán saben que la tarea es muchísimo más complicada y que habrá que crear, sin mirar el calendario, las circunstancias y el ambiente adecuados. Pero para ellos, en una cita con los norteamericanos, que el tema apareciera en la declaración final, fue un triunfo.
Saben que no podrán usar la fuerza y que deberán dar con un sistema especial de incorporación dado el desarrollo económico y tecnológico de Taipéi y el respaldo irrenunciable de Washington a la isla, pero el solo hecho que Trump haya suscrito una declaración donde aparece Taiwan es un triunfo diplomático.
En una maniobra típica de la diplomacia china, a las pocas horas que el Air Force One despegó con destino a Washington, aterrizó el avión presidencial del ruso Putin, enviando así un mensaje claro de que Beijín puede convivir sin problemas con los dos y que está dispuesta a enfrentar los temas bilaterales con ambos en la forma que sus intereses lo requieran. El protocolo de recibimiento para el ruso fue idéntico al llevado a cabo con Trump.
Hubo sí un detalle que ha sido poco observado y que dentro de los gestos chinos tiene un significado que no se debe dejar pasar: la comida ofrecida a Trump incluyó a parte sustantiva de su delegación y fue de un esplendor que habría dado envidia a Luis XIV. En cambio, con el ruso fue una cena en que participaron solo ellos dos y donde el despliegue de adornos y decorados fue muy inferior al exhibido con el millonario neoyorkino. En lo sustantivo, con el ruso lo más importante en la declaración final fue la incapacidad de llegar a un acuerdo sobre el tema del abastecimiento de petróleo moscovita, el que para Beijing es indispensable. Este es un hecho que debe tenerse presente.
Cuando se analiza la política exterior de China es indispensable que se considere, como se señaló más arriba, que el objetivo final de aquélla es Taiwán y que los actos a realizar en esa dirección siempre serán sutiles. Beijing tiene la certeza que algún día encontrará la forma de compatibilizar ambos sistemas y que dará los pasos requeridos en concordancia a las circunstancias que se den. En lo personal, tengo el convencimiento que los chinos no tienen la intención de llevar adelante un encuentro bélico con nadie.
Saben que con su inmensa población y su incorporación a los mercados internacionales en todas las áreas -cosa que todos podemos comprobar a la vuelta de nuestra casa con la proliferación de sus negociossu influencia será cada día mayor. Lo que sí habitualmente se olvida es que Beijing tiene una limitación en su mirada estratégica mundial. Posee un vecino -la Indiaque hoy día lo supera en población y que crece en forma vertiginosa.
Los sucesores de Mao -sin decirlotienen presente ese hecho en la parte posterior de su cabeza y es por ello que no les resulta fácil embarcarse en aventuras bélicas distantes de su territorio en las cuales los resultados son inciertos y podrían debilitarlos en la obtención de sus metas sustantivas. Para Beijing, Taiwán y la presencia de una India que se desarrolla velozmente son sus preocupaciones vitales. 03. POR DEMETRIO INFANTE FIGUEROA, ABOGADO Y EXDIPLOMÁTICO