Tarapacá 2026: del golpe del PIB a la apuesta por un "ciclo de inversión" que puede reordenar la economía regional
Tarapacá 2026: del golpe del PIB a la apuesta por un "ciclo de inversión" que puede reordenar la economía regional Tarapacá comienza 2026 con el pulso económico en dos tiempos.
Por un lado, arrastra el impacto de una contracción que la dejó como excepción en el mapa del crecimiento regional de 2025: el Banco Central consignó que en el tercer trimestre de 2025 la región registró una caída de 8% en su actividad, en un contexto donde la minería incidió negativamente en la economía y en la mayoría de expectativa que, en el papel, luce capaz de cambiar la escala de su economía: una cartera minera que en la próxima década se ubica entre las más grandes del país y una expansión del gasto público regional para obra y reactivación.
El contraste se refleja con claridad en el comercio exterior, donde Tarapacá ha mostrado un comportamiento de "dientes de sierra". En julio de 2025, las exportaciones regionales alcanzaron US$739,8 millones, con un alza interanual de 26,8%, según el INE. Sin embargo, para noviembre de 2025 la historia cambió de forma abrupta: el valor exportado llegó a US$332,6 millones, marcando una baja de 48,5% en doce meses.
La lectura de ese giro no es solo estadística: exhibe la vulnerabilidad de una economía altamente expuesta a ciclos de precios, faenas y envíos mineros, donde un ajuste operativo o una variación de demanda puede sentirse de inmediato en los indicadores. En paralelo, el mercado laboral suma señales mixtas.
Los datos regionales del INE ya venían mostrando presiones en la ocupación y la desocupación durante 2025, con tasas de desempleo que se mantuvieron elevadas en varios trimestres móviles, revelando que el ajuste de la actividad no siempre se traduce de manera lineal, pero sí termina permeando la creación de puestos y la calidad del empleo. En otras palabras: Tarapacá llega a 2026 con la tarea de sostener empleo y mejorar productividad en un entorno todavía frágil. LA "PROMESA MINERA": INVERSIÓN, ENCADENAMIENTOS Y EXIGENCIAS DE INFRAESTRUCTURA El principal motor de expectativas para 2026 está en minería. En la cartera de inversiones mineras 2025-2034 de Cochilco, Tarapacá figura con US$14.470 millones, posicionándose en el grupo de regiones con mayor proyección de inversión del país.
Ese número, por sí mismo, no garantiza crecimiento inmediato -hay permisos, cronogramas, ingeniería y financiamiento-, pero sí adelanta un cambio en el horizonte: más proyectos en desarrollo significan mayor demanda potencial por servicios, proveedores, obras civiles, energía, agua, transporte y capital humano.
El desafío para que esa promesa se convierta en actividad regional no se limita a "más producción". La discusión económica para 2026 se juega, en gran parte, en el grado de encadenamiento local. ¿ Cuánto de esa inversión quedará en Tarapacá como empleo, contratistas, innovación, servicios de mantención, logística y compras regionales? ¿ Cuánto se irá como gasto importado -maquinaria, ingeniería externa, servicios especializadossin dejar el mismo efecto multiplicador? Ese es el punto donde la región puede ganar o perder.
En ese sentido, el "proyecto 2026" que asoma como más razonable es uno de integración productiva: una estrategia regional que amarre inversión minera con logística portuaria y con un programa agresivo de proveedores locales, capacitación técnica y productividad de pymes. La minería puede dinamizar, pero solo si el territorio está preparado para capturar valor, reducir cuellos de botella y ofrecer certezas operativas. OBRA PÚBLICA COMO PUENTE: PRESUPUESTO REGIONAL Y ECONOMÍA REAL El segundo pilar del año es la inversión pública. El Consejo Regional de Tarapacá aprobó una propuesta inicial de distribución del Presupuesto de Inversión 2026, con un gasto anual de $75.515 millones.
En una región donde construcción y servicios asociados suelen moverse al ritmo de licitaciones y ejecución presupuestaria, este marco financiero importa por dos razones: su capacidad de sostener empleo en el corto plazo y su potencial de mejorar competitividad en el mediano, si prioriza infraestructura habilitante. Hospitales, conectividad vial, obras urbanas, conservación de rutas y mejoramiento de espacios públicos no solo son política social; también son economía aplicada. Mejoran tiempos logísticos, reducen costos de transporte, elevan estándares de servicios, fortalecen ciudades para atraer talento y, en algunos casos, habilitan inversión privada que hoy se frena por infraestructura insuficiente. El riesgo, como siempre, está en la ejecución: una cartera ambiciosa con baja velocidad de avance puede transformarse en un "estímulo" que no llega a tiempo.
PRODUCTIVIDAD Y PYMES: EL ESLABÓN QUE DEFINE SIEL CRECIMIENTO "SE SIENTE" La tercera pata del tablero para 2026 está lejos de los grandes anuncios, pero suele definir el clima económico cotidiano: el desempeño de las pymes, el comercio, los servicios y el emprendimiento.
En esa línea, el Comité de Desarrollo Productivo Regional (CDPR) proyecto para 2026 una inversión de $4.300 millones, con recursos de Corfo, Sercotec y FNDR, orientada a beneficiar a emprendedores e industrias locales mediante convocatorias y programas de fomento. Este tipo de instrumentos cobra relevancia en una región que enfrenta volatilidad exportadora y dependencia minera. La diversificación no se decreta: se construye con financiamiento, asistencia técnica, sofisticación de servicios y apertura de mercados.
Si 2026 quiere ser "año bisagra", la política productiva debe mirar dos frentes al mismo tiempo: impulsar productividad (digitalización, gestión, calidad, innovación) y conectar demanda (minería, obra pública, logística) con oferta regional (proveedores, servicios, manufactura ligera, mantenimien to industrial, soluciones energéticas, tecnologías de agua y ambiente). AGRO Y TERRITORIO: EL CONTRASTE FUERA DEL EJE MINERO-URBANO Mientras minería y construcción concentran el optimismo, el sector agropecuario enfrenta un escenario más difícil, especialmente por restricciones hídricas, costos y limitaciones de escala. En Tarapacá, donde el agro tiene particularidades territoriales y depende de condiciones ambientales y acceso a agua, el 2026 aparece como un año en que la resiliencia será más importante que el crecimiento rápido. Aquí, la apuesta económica razonable no es competir por volumen, sino por valor: agricultura de nicho, encadenamientos turísticos y patrimoniales, innovación en riego y producción adaptada al desierto. EL PROYECTO ECONÓMICO 2026: CONVERTIR INVERSIÓN EN DESARROLLO Si se sintetiza el momento, Tarapacá está ante una ventana: transformar un shock de caída en 2025 en un ciclo de inversión con impacto real. El proyecto regional para 2026, en clave económica, podría ordenarse en torno a tres compromisos medibles.
El primero es "infraestructura habilitante": acelerar obras que reduzcan costos y tiempos -vialidad estratégica, conectividad, logística urbanay mejorar capacidad pública de gestión para que el presupuesto 2026 se traduzca en ejecución y empleo, no solo en anuncios. El segundo es "encadenamiento minero-local": establecer metas de compra regional, certificación de proveedores, formación técnica y paquetes de inversión en servicios críticos, alineados con el volumen de proyectos proyectado para la década.
El tercero es "productividad pyme y diversificación": usar el músculo del CDPR para que el salto de inversión no quede encapsulado en grandes faenas, sino que se derrame hacia comercio, servicios, innovación y empleabilidad, con programas que eleven capacidades y abran mercados.. Tras una caída inédita en la actividad durante 2025, la región entra a 2026 con exportaciones volátiles y empleo tensionado, pero con una cartera minera multimillonaria y un presupuesto público que busca empujar obras y las regiones mineras. Por otro, abre el año con una productividad.