Editorial: GOBERNABILIDAD Y ACUERDOS
Editorial: GOBERNABILIDAD Y ACUERDOS A 1 mediodía de ayer, el Presidente José Antonio Kast asumió como el 35º mandatario de Chile bajo la promesa de encaminar al país nuevamente hacia tasas de crecimien to cercanas al 4%, recuperar la inversión, reactivar el dinamismo productivo y ampliar las oportunidades de empleo para las familias. Se trata de un programa ambicioso que requerirá acuerdos, generosidad política y capacidad de articulación legislativa.
El escenario institucional ofrece, en principio, un punto de partida favorable, pues por primera vez en cerca de nueve décadas la derecha vuelve a ejercer simultáneamente la presidencia de la República, del Senado y de la Cámara de Diputados. Este alineamiento abre condiciones favorables para avanzar en la agenda del Ejecutivo, pero se levanta sobre un equilibrio frágil, dado que en el Congreso no existen mayorías absolutas. Reactivar el crecimiento, recuperar la seguridad y ordenar la situación migratoria son objetivos que requieren una agenda legislativa activa y acuerdos políticos que permitan avanzar con rapidez.
Que la derecha presida el Ejecutivo y ambas Cámaras -lo que no ocurría desde 1937-1938, con Arturo Alessandri en el Gobierno, Miguel Cruchaga en el Senado, y Gregorio Amunátegui en la Cámaraes una buena señal para la gobernabilidad. Sin embargo, el proceso que condujo a esta configuración evidenció las tensiones del Congreso.
La elección de Jorge Alessandri (UDI) en la presidencia de la Cámara, tras una reñida disputa con Pamela Jiles (PDG) y votaciones muy estrechas, dejó en evidencia que el margen de maniobra es limitado y que cualquier mayoría dependerá de negociaciones permanentes.
En este escenario, el poder efectivo del Legislativo se juega menos en las testeras y más en la conformación de las comisiones y, en particular, en las de Hacienda y de Constitución, que concentran buena parte del control sobre los proyectos en debate. La distribución de esas presidencias será un indicador temprano de la capacidad del Gobierno para articular apoyos estables. La coordinación política interna también será decisiva. El ministro del Interior, Claudio Alvarado, aparece como una de las figuras centrales en la interlocución con el Congreso. Su experiencia parlamentaria y el papel que desempeñó en la conformación de la mesa de la Cámara sugieren que se consolidará como uno de los principales articuladores del Gobierno.
Su relación con el ministro secretario general de la Presidencia, José García Ruminot, será clave para ordenar la agenda legislativa y administrar las negociaciones con un Congreso donde la diversidad de bancadas y la presencia de parlamentarios independientes hacen más complejo sostener mayorías. En este contexto, la disciplina programática será fundamental. Mantener el foco en las prioridades que estructuraron la campaña parece una condición necesaria para sostener la gobernabilidad. Introducir debates ajenos, que dividen incluso a los propios aliados, podría tensionar innecesariamente a un Congreso donde cada voto será determinante. La historia reciente muestra que los márgenes parlamentarios estrechos favorecen episodios de indisciplina legislativa y proyectos que desordenan la agenda gubernamental. La experiencia del Gobierno saliente ofrece una advertencia en ese sentido. La épica refundacional y la búsqueda de transformaciones estructurales terminaron generando incertidumbre política y económica. El país difícilmente puede permitirse un nuevo ciclo de confrontación.
La convergencia programática dentro del bloque gobernante y la disposición a construir acuerdos con sectores moderados de la oposición pueden abrir una etapa distinta, más enfocada en resultados que en gestos simbólicos, que devuelvan al país el dinamismo que demanda.. El escenario político ofrece condiciones favorables al Gobierno, pero exigirá acuerdos para sostener la agenda. EDITORIAL