Autor: Gonzalo Serrano del Pozo
Columnas de Opinión: Las ventanas rotas de Viña del Mar
Columnas de Opinión: Las ventanas rotas de Viña del Mar Doctor en Historia Profesor del TEC Monterrey Investigador Adjunto de la Universidad Adolfo Ibáñez n 1969, el psicólogo estadounidense Philip Zimbardo realizó un experimento que quizás para muchos resulta bastante conocido. Zimbardo dejó dos autos en dos zonas completamenE te distintas de Estados Unidos.
Mientras uno quedó en un barrio de Nueva York marcado por la delincuencia (el Bronx), el otro fue estacionado en un barrio rico de California (Palo Alto). El resultado fue el esperado y no hubo mayores sorpresas: mientras el auto que quedó en el Bronx fue vandalizado, el que estaba en Palo Alto quedó intacto. Lo interesante, no obstante, sucedió después.
Bastó que el profesor de la Universidad de Stanford rompiera uno de los vidrios del auto que estaba en Palo Alto para que éste, a los pocos días, terminara siendo vandalizado igual que el del Bronx, a pesar de estar en una zona exclusiva. La conclusión: mientras se mantenga el orden, las personas colaboran en preservarlo; sin embargo, el descuido y la desidia fomentan la destrucción. Pienso en este experimento a propósito de lo que ha vivido Valparaíso hace un par de décadas y Viña del Mar hace algunos años. Lo del puerto da para un libro más que para una columna, por lo que me centraré en la que hace algunos años dejó de ser la Ciudad Jardín.
Algunos podrán culpar al "estallido social", pero lo cierto es que hay edificios que han sido abandonados desde el terremoto del 2010, tal como sucede con el antiguo recinto del Registro Civil ubicado entre las calles Arlegui y Valparaíso, respecto del cual no pareciera existir ninguna intención más que mantenerlo en el más absoluto abandono.
No hay que avanzar muchas cuadras para encontrar en la calle Valparaíso, otrora el centro de la ciudad, varios locales comerciales que se han rendido al comercio ambulante y a la delincuencia para cerrar sus puertas, favoreciendo con esto la teoría de las ventanas rotas de Zimbardo. Aunque quizás el caso más emblemático sea el espacio ubicado en la rotonda de 15 Norte que antes albergaba al Sanatorio Maritimo.
Mientras este noble hospital funcionaba, los padres podíamos llevar a nuestros hijos a una plaza de juegos donde había una pequeña rueda de Chicago y una ciudad en miniatura en la que los niños podían dar vueltas en sus triciclos y bicicletas.
Nada de eso queda; por el contrario, pasar por ese espacio con los fierros retorcidos asomándose a través de una pandereta que está grafiteada por todos los costados nos lleva a pensar en el experimento de la ventana rota y en las pocas posibilidades de que las personas no se sientan llamadas a afear este espacio que fue perdido por la comunidad. Algo similar ha sucedido con el proyecto de Las Salinas.
Ha pasado un par de décadas desde que se fueron las empresas de petróleo que durante años tuvieron ahí su domicilio para dar paso a una disputa legal que se ha prolongado eternamente y que tiene como resultado, otra vez, el abandono, la pérdida de plusvalía y la falta de espacios habitacionales y de esparcimiento. Vayamos, por último, a otro proyecto emblemático que hasta hace muy poco se encontraba paralizado, favoreciendo el vandalismo y deterioro de la ciudad. Aunque no está en Viña del Mar, sí forma parte del entorno turístico, me refiero al Hotel Punta de Piqueros de Concón. Tuvieron que pasar 15 años para que finalmente se decidiera transformar el hotel en un complejo mixto de oficinas, comercio y restaurantes. Demasiado tiempo perdido para una ciudad que se define como turística. Sin duda que hay culpas compartidas. Por un lado, el apetito insaciable de algunas inmobiliarias por construir donde sea y como sea, y sus malas prácticas, que podríamos resumir en construir y luego conseguir los permisos.
Por otro lado, está esa mirada que demoniza el capitalismo y cualquier avance de la civilización sin proponer nada a cambio (que sea sustentable económicamente en el tiempo). El próximo gobierno ha prometido incentivar la inversión, acabar con la permisología y la eterna judicialización de los casos. Esperemos que estas promesas no queden circunscritas a Santiago. Viña del Mar necesita acabar con las ventanas rotas de Zimbardo y volver a pensar en ser la Niza del Pacífico.
No hay que avanzar muchas cuadras para encontrar en la calle Valparaíso, otrora el centro de la ciudad, varios locales comerciales que se han rendido al comercio ambulante y a la delincuencia para cerrar sus puertas, favoreciendo con esto la teoría de las ventanas rotas de Zimbardo". Autor: Gonzalo Serrano del Pozo.
No hay que avanzar muchas cuadras para encontrar en la calle Valparaíso, otrora el centro de la ciudad, varios locales comerciales que se han rendido al comercio ambulante y a la delincuencia para cerrar sus puertas, favoreciendo con esto la teoría de las ventanas rotas de Zimbardo".