20 años del Movimiento B: elevar la vara cuando más se necesita
20 años del Movimiento B: elevar la vara cuando más se necesita elevar la vara cuando más se necesita Por: Zdenka Astudillo Mihovilovic, directora ejecutiva Sistema B Chile Sistema B Chile En 2006, cuando B Lab lanzó la Certificación B Corp en Estados Unidos, la idea de que una empresa pudiera ser evaluada integralmente por su desempeño social y ambiental -y no solo por su rentabilidad era una apuesta de nicho. Hoy, 20 años después, el Movimiento B agrupa a más de 10.600 empresas certificadas entodo el mundo. Europa lidera con 2.600 empresas solo en el Reino Unido y 2.400 en el continente. América Latina suma más de 1.300. Y Chile aporta 268 empresas activas, con ventas que superan los 6.498 millones de dólares, aportando el 2% del PIB nacional. Son cifras que hace dos décadas habrían parecido improbables. Y son también el punto de partida para una conversación más profunda sobre lo que viene. El Movimiento B opera sobre una distinción que hoy resulta más relevante que nunca: no todas las certificaciones cumplen el mismo rol.
En un ecosistema donde conviven distintos sellos y estándares de sostenibilidad -carbono, diversidad, residuos, bienestar laboral-, la Certificación de Empresa B se distingue por ser un modelo integral No evalúa un proceso aislado, sino que se convierte en una forma de gestionar mejor toda la empresa en este nuevo contexto. Esa integralidad es, a la vez, su fortaleza y su exigencia distintiva. Y es precisamente esa exigencia la que evoluciona con el lanzamiento de los nuevos estándares, la actualización más significativa desde la fundación del Movimiento B.
Los nuevos estándares reorganizan los requisitos en torno a siete áreas de impacto: acción climática; gobernanza de las partes interesadas; circularidad y gestión ambiental; derechos humanos; trabajo justo; justicia, diversidad, equidad e inclusión; y asuntos gubernamentales y acción colectiva.
Este último eje es nuevo y muy relevante: incorpora la manera en que las empresas se relacionan con las políticas públicas y su participación en el espacio colectivo, reconociendo que el impacto de una empresa no termina en sus operaciones internas.
Los nuevos estándares son también interoperables con marcos de reporte internacionales como ESRS, GRI y CDP, una señal de que la Certificación de Empresa B no busca operar en paralelo al ecosistema global de sostenibilidad corporativa, sino integrarse a él con mayor rigor. La transición hacia estos nuevos estándares tomará tiempo. El proceso está pensado para acompañar a las empresas en ese camino, con la convicción de que una certificación que no evoluciona con los desafíos del momento pierde relevancia. La exigencia mayor no es una barrera, sino un reflejo de lo que el contexto actual demanda. A20 años desu fundación, el Movimiento B ha logrado incidir y participar en conversaciones que van más allá de las empresas certificadas: cadenas de valor, regulación, gobiernos corporativos, cultura empresarial, entre otras. Estamos enfrentando un cambio de era, donde la sostenibilidad pasa de ser una elección a una condición para competir. Y en ese escenario, las Empresas B no son una respuesta a la presión, sino una forma más inteligente de navegarla. A 20 años de su fundación, el Movimiento B ha logrado incidir en conversaciones que van más allá de las empresas certificadas: cadenas de valor, regulación, gobiernos corporativos, cultura empresarial, entre otras..