Autor: RENÉ OLIVARES
“ENMENDAR EL RUMBO político más temprano que tarde es algo no solo necesario, sino positivo”
“ENMENDAR EL RUMBO político más temprano que tarde es algo no solo necesario, sino positivo” Acaba de asumir la presidencia del Centro de Estudios Públicos (CEP) en un momento expectante para las instituciones que, durante décadas, ordenaron la conversación pública en Chile.
Economista, liberal clásico, estudioso de Adam Smith, a Leonidas Montes le toca conducir uno de los principales centros de pensamiento del país (del que fue durante los últimos ocho años su director ejecutivo), justo cuando ese lugar parece más disputado que nunca. Desde ahí ha observado el arranque del gobierno de José Antonio Kast con una mezcla de continuidad y pragmatismo. No ve una ruptura ideológica, sino la expresión de una agenda conocida: seguridad y crecimiento como condiciones para recuperar libertades. Tampoco detecta, por ahora, riesgos de iliberalismo. “Lo que está en juego es devolver la libertad a las personas”, dice, a propósito de la crisis de inseguridad. Pero la conversación se desplaza rápido hacia el propio CEP.
La ausencia de Kast en sus actividades durante la campaña, las críticas a su incidencia y el desempeño de su encuesta en la última presidencial instalan una pregunta: si el centro que durante años interpretó al país sigue teniendo hoy esa capacidad.
Montes responde desde la identidad del CEP una institución de “mirada larga”, no atada a la contingencia, pero reconoce un cambio: la política se mueve más rápido, la intermediación se ha debilitado y la influencia ya no se juega en los mismos espacios. En ese contexto, el desafío no es solo entender al Gobierno, sino también el lugar que ocupa hoy el propio CEP en el debate público. En ese escenario, el ajuste en el gabinete del Presidente ocurrido el martes es para Montes una señal más de pragmatismo que de debilidad.
En su lectura, la política actual obliga a reaccionar rápido, y corregir cuando algo no funciona “es positivo en cualquier institución humana”. ¿Cómo interpreta el cambio de gabinete en un gobierno que todavía estaba en proceso de instalación? Yo creo que más vale temprano que tarde. Evidentemente, fue rápido, pero eso también tiene su ventaja, porque hay una corrección. Y siendo pragmático, si no dieron resultado, hay que hacer el cambio. La política hoy día va más rápido y eso exige reaccionar rápido también. Yo destacaría eso: es positivo que se tome la decisión. ¿No hay ahí también un reconocimiento de error en el diseño original? Todos los gobiernos cometen errores, todos los seres humanos cometen errores. Lo importante es enmendarlos. Y en este caso, seguridad, que era lo más importante, no tenía un plan, y eso quedó de manifiesto inmediatamente. Entonces, enmendar el rumbo político más temprano que tarde es algo no solo necesario, sino positivo. Usted ha dicho que Kast no representa una extrema derecha, sino un conservadurismo político con liberalismo económico. ¿Mantiene ese diagnóstico? Sí, lo mantengo. Es un conservador, católico, y ha descansado fuertemente en el ministro Quiroz para promover una agenda de crecimiento basada en la libertad económica. El Presidente no ha cambiado. Lo que ha mostrado es coherencia. ¿Ve riesgos de iliberalismo en alguna medida impulsada hasta ahora por el Gobierno? Yo lo veo al revés. Lo que está en juego ahora es recuperar la libertad de las personas. Si tú no tienes seguridad, no tienes libertad. Si tienes que quedarte encerrado en tu casa, estás perdiendo libertad.
Entonces, la agenda de seguridad y de crecimiento apunta a devolver esa autonomía. ¿Dónde estaría la línea roja para un liberal? Yo creo que hubo una línea roja cuando se planteó eliminar las tres causales del aborto. Eso no es liberal. La sociedad chilena llegó a una solución propia en ese tema. Pero, fuera de eso, yo veo un gobierno que ha sido prudente y que ha aquilatado las demandas de la ciudadanía. Hay quienes dicen que este es el último intento que tendrá la derecha para demostrar que puede tener gobernabilidad. ¿Comparte esa idea? Yo creo que es la última oportunidad para la centroizquierda. Ha sido absorbida por el Partido Comunista y el Frente Amplio, y ha olvidado lo que fueron las políticas de Estado.
El gran desafío es que vuelva a ser lo que fue durante los 30 años. ¿Y si eso no ocurre? Boric va a haber cumplido su anhelo, de matar a la vieja Concertación, si lo dijo abiertamente antes de la Convención Constitucional. ¿DISTANCIA ENTRE KAST Y EL CEP? ¿ Qué pasó que José Antonio Kast no estuvo personalmente en el CEP durante la campaña presidencial? No se dio nomás. Nosotros tuvimos al ministro Quiroz, que lanzó la agenda económica acá incluso antes que el propio Presidente. Pero no hubo una decisión institucional al respecto. ¿No revela eso una cierta distancia entre el CEP y el fenómeno republicano? No. Nosotros tratamos de mantener independencia. El CEP es un centro non-partisan. Todos tienen su corazoncito, pero acá no hay investigadores militantes. Y un liberal tiene que respetar a un conservador. No hay incomodidad en ese sentido. ¿Por qué cree que al mundo intelectual le costó leer ese fenómeno? Yo no sé si le costó tanto. El fenómeno viene de antes. Lo que pasa es que se alineó con una demanda ciudadana muy fuerte: seguridad y crecimiento. El CEP fue durante años el think tank más influyente del país. ¿Sigue siéndolo? Nosotros tenemos una misión muy clara desde 1980: promover políticas públicas en el marco de una democracia liberal. No estamos en la contingencia, tenemos una mirada más larga. Y eso nos hace distintos. Pero podría haber una percepción de que ha bajado su incidencia ante la irrupción de otros centros. Yo no lo veo así. Esto no es un juego de suma cero. Mientras más centros de estudio haya, mejor. Eso expande el mercado de las ideas y es bueno para el país. Otros centros de centroderecha y derecha parecen más rápidos en sus análisis, más orientados a incidir directamente. ¿El CEP está en otra liga? Todos los centros tienen su carácter. Nosotros tenemos una tradición más intelectual, más de largo plazo. Y eso también es valioso. Hoy, la discusión pública es mucho más inmediata: redes sociales, pódcast. ¿Esa densidad intelectual sigue siendo una ventaja? Yo creo que sí. Porque permite profundidad. Pero sin duda, hoy, influir es más difícil. Eso es un fenómeno global. ¿Quién define hoy la línea del CEP? Hay un consejo directivo con empresarios, académicos y aportantes, que fija lineamientos estratégicos. Pero las decisiones de investigación vienen desde los investigadores. Hay mucha autonomía.
El CEP está viviendo un recambio importante: han salido varios de sus consejeros históricos (Luis Enrique Yarur, Roberto Angelini, Juan Obach y Juan Andrés Camus) y está entrando una nueva generación. ¿Qué está cambiando realmente en el CEP? Sí, hay un recambio bien relevante. Algunos consejeros salieron por estatuto, otros por decisión propia, y está entrando gente nueva. Eso es natural en instituciones que llevan tanto tiempo. Pero lo importante es que hay continuidad en el propósito. Durante décadas, el CEP estuvo muy asociado a figuras fundadoras, tanto del mundo empresarial como intelectual. ¿Se está cerrando ese ciclo? Se va cerrando, sí. Pero no en el sentido de ruptura, sino de renovación. Las instituciones tienen que ir cambiando con el tiempo. Lo importante es mantener la identidad, no las personas. ¿Cómo se reemplaza ese capital simbólico? Porque no es solo un cambio de nombres, sino también de peso público. Ese capital se construye en el tiempo. No se reemplaza de un día para otro. Se construye con trabajo serio, con independencia, con buenos estudios.
Eso es lo que ha caracterizado al CEP y lo que se busca mantener. ¿Qué diferencia a esta nueva generación que está entrando al CEP de la anterior? Probablemente, hay estilos distintos, pero el foco es el mismo: incidir en políticas públicas desde una mirada seria, rigurosa, con evidencia. No veo un cambio de fondo en eso. Usted acaba de asumir la presidencia del consejo. ¿Su rol es de continuidad o de cambio? Yo diría que es de continuidad con renovación.
Mantener lo que ha funcionado bien, pero también incorporar nuevas miradas, nuevas personas, nuevas formas de hacer las cosas. ¿El desafío hoy es mantener la identidad del CEP o adaptarlo a un ecosistema que cambió? OLLAVRACNAITSIRC Ambas cosas. Mantener la identidad es clave, porque es lo que le da sentido al CEP. Pero también hay que adaptarse a un entorno distinto, donde la política es más rápida, más fragmentada, más difícil de influir. ¿Comparte la crítica de que algunos llegan al CEP a hacer carrera académica? No. Acá hay intelectuales apasionados por lo público. No es obligatorio publicar papers. Lo que interesa es incidir en políticas públicas. La encuesta CEP sigue siendo su producto más visible. ¿Qué pasó en la última presidencial, donde no captó bien a los votantes de Parisi y Kaiser? Es bastante evidente. La encuesta es cara a cara, aleatoria, en todo Chile, pero eso toma tiempo. Es una fotografía del momento en que se hace el trabajo en terreno. ¿Y qué cambió? Que hoy la política cambia mucho más rápido. Las preferencias cambian más rápido. Y el voto obligatorio también influyó. El fenómeno Parisi y Kaiser creció después de que nosotros habíamos terminado el trabajo. ¿No hay entonces un punto ciego en ese tipo de votante? No. Es un tema de plazos. Podríamos hacer encuestas telefónicas, pero perderíamos otras virtudes. Esta permite ver mucho más que la contingencia. ¿Sigue siendo la encuesta de referencia? Es un bien público que hay que cuidar. No es solo política. Permite ver cómo ha cambiado la sociedad chilena por décadas. Para el mundo académico es una mina de oro. ¿Chile está más dividido hoy? Yo diría que los tiempos son más difíciles. Hay menor crecimiento, menor confianza en los partidos, más fragmentación. Pero también hay un anhelo de acuerdos. ¿Se debilitó la intermediación? Sí, hoy influir es más difícil. Pero eso no significa que no haya debate. Los medios, los centros de estudio, todos alimentan esta nueva forma de hacer política. Si tuviera que definir el momento actual, ¿cómo lo describiría? Yo creo que hay un anhelo de volver a lo básico. Seguridad, trabajo, proyectos de vida. Un “back to basics”. No como individualismo, sino como revalorizar lo propio. Y este Gobierno tiene una oportunidad ahí, aunque esto va a ser lento. No hay varitas mágicas. n “Lo que está en juego ahora es recuperar la libertad de las personas”, dice respecto de los efectos del ajuste ministerial. Autor: RENÉ OLIVARES. El economista estima que el ajuste ministerial del Presidente Kast fue positivo y cree que, más que riesgos de pulsiones iliberales, el Gobierno busca recuperar libertades para las personas.
También aborda los cambios del think tank y responde por qué Kast no estuvo allí durante la campaña, cómo busca mantener la incidencia del centro y qué pasó con su encuesta, que no captó a tiempo el crecimiento de Parisi y Kaiser. | LEONIDAS MONTES, PRESIDENTE DEL CENTRO DE ESTUDIOS PÚBLICOS (CEP): “Lo que está en juego ahora es recuperar la libertad de las personas”, dice respecto de los efectos del ajuste ministerial. Leonidas Montes fue director ejecutivo del CEP por más de ocho años y hace un par de semanas asumió la presidencia del organismo.