Autor: PATRICIO SCHWANER SALDÍAS Docente de Filosofía Magister en Educación Superior
Columnas de Opinión: Eslóganes universitarios
Columnas de Opinión: Eslóganes universitarios Por estos días todavía pueden leerse muchísimos eslóganes universitarios, se trata de frases motivacionales bastante creativas que "animan a los nuevos estudiantes" a enfrentar su vida académica futura.
Detrás de estas construcciones del lenguaje se oculta muchas veces la necesidad de vender un producto. iMatrículas!, imatrículas!, imatriculas!, pienso irónicamente, recordando una franja política donde uno de los candidatos gritaba enajenado: ¡ Trabajo!, itrabajo!, itrabajo! Atrás han quedado los tiempos donde para alcanzar estudios superiores se requería algo de mérito (palabra que actualmente resulta casi denunciable o discriminatoria, aunque en el fondo de la cuestión se esconda un carácter de realidad innegable, debemos hacer cuanto esté a nuestro alcance para velar por nuestro propio futuro). Cabe precisar que la palabra mérito proviene del latín "meritum", que hace referencia a "ganarse", "merecer" o "hacerse digno de algo". El punto anterior nos recuerda el: "Quod natura non dat, Salmantica non praestat" (Lo que la naturaleza no da, Salamanca no lo otorga). "Hay que tener dedos para el piano" se diría en un lenguaje más popular, o llevándolo mucho más allá se trata de demostrar un mínimo interés para emprender el desafío de culminar exitosamente cualquier carrera universitaria.
La educación no es solo un tema de recursos o posibilidades sociales, se trata de construir un presente y un futuro con sentido y es acá donde el mérito cobrará siempre un valor protagónico (nos guste o no). En uno de los libros de Carlos Peña (abogado y filósofo que también publica en este periódico) titulado "La mentira noble, sobre el lugar del mérito en la vida humana" (Taurus, 2020) se interroga sobre esta problemática: "¿ Cuántos bienes han de correspondernos en proporción a lo que hagamos, o no hagamos, y cuánto a lo que simplemente recibimos, o no recibimos en la cuna? ¿ Cuánto al desempeño y cuánto a lo que encontramos a nuestro lado al nacer? Ciertamente, estas preguntas se las han planteado la gran mayoría de las personas: ¿ Se trata de mérito, simple suerte o de la familia que nos recibe al nacer? Frente a todo escenario una cuestión es primordial, el esfuerzo y la lucha por conseguir aquello que queremos.
Es en este punto donde casi todos los eslóganes que se ven por estos días han fallado, no basta simplemente con un laboratorio lleno de instrumental de última generación para consagrarse como un referente de la ciencia moderna, también se hace necesaria la capacidad individual, el despliegue humano que nos hace partícipes de una vida con sentido. Como epígrafe de su libro Peña se cita una hermosa frase de Jean Paul Sartre que afirma: "Nunca he creído ser el feliz propietario de un talento.
Lo único de que se trataba era de salvarmenada en las manos, nada en los bolsillospor el trabajo y la fe". ¿ Cuál es la fe de esta época? ¿ En qué está puesta? La sociedad ha experimentado cambios abismantes, qué duda cabe, pero persiste la dificultad de la ausencia de sentido.
Existen muchas obras literarias que han profundizado esta temática, el mismo Sartre lo aborda en La náusea (1938). Para muchos la vida es vista exclusivamente desde esta perspectiva (vacía, rutinaria y carente de sentido) por mi parte hago el esfuerzo de invitar a la búsqueda de un sentido que nos permita recordar que somos humanos, y que no se trate simplemente de una cuestión de eslóganes. Atrás han quedado los tiempos cuando para alcanzar estudios superiores se requería algo de mérito, palabra que actualmente resulta casi denunciable o discriminatoria. Autor: PATRICIO SCHWANER SALDÍAS Docente de Filosofía Magister en Educación Superior. Opinión Atrás han quedado los tiempos cuando para alcanzar estudios superiores se requería algo de mérito, palabra que actualmente resulta casi denunciable o discriminatoria.