Autor: Isabel Benjumeda Facultad de Artes Liberales UAI
Columnas de Opinión: Doble castigo y la escucha que transforma
Columnas de Opinión: Doble castigo y la escucha que transforma etrás de los muros del centro penitenciario femenino de ValpaD raíso existe una realidad que muchos prefieren no ver, la de mujeres que, además de cumplir una condena legal, enfrentan otro castigo, silencioso, pero igualmente devastador: un juicio moral implícito que cae con especial dureza sobre las mujeres: una buena madre no delinque, una buena esposa no trafica. Ese juicio moral cobra un precio muy alto que las mujeres pagan por el resto de sus vidas. Reconocer esto no equivale a ignorar el delito ni a eximir de responsabilidad a las presas. Significa entender que la reinserción social requiere condiciones concretas: necesita vínculos, dignidad, redes de apoyo. Sin todo eso, la cárcel se convierte en un callejón sin salida, en una espiral sin final.
Desde el mes de abril, una iniciativa que nació en la cárcel de San Joaquin, en Santiago, desde la Fundación Mujer Levántate, llega ahora al centro penitenciario femenino de Valparaíso en colaboración con la Facultad de Artes Liberales de la Universidad Adolfo Ibáñez. Este proyecto está enfocado en el acompañamiento de mujeres vulnerables y está haciendo algo sencillo y poderoso a la vez: escuchar. Talleres orientados a fortalecer habilidades socioemocionales, construir confianza y generar redes de apoyo en el interior del recinto. El foco está puesto, sobre todo, en las condenadas del módulo con peor comportamiento, en las que no reciben visitas; las más solas. No se trata de caridad ni de intervención asistencial. En los círculos se da un intercambio genuino: las mujeres se llevan herramientas, pero no son receptoras pasivas de un servicio, sino interlocutoras con experiencias de vida que enseñan a mirar desde otros ángulos. Las mujeres cuentan sus historias, crudas, extremas, a veces increíbles. Hablan de sus errores, de su arrepentimiento, de sus proyectos. Los estudios sobre reinserción son consistentes: los vínculos significativos reducen la reincidencia. Sentirse vistas, escuchadas y reconocidas como personas capaces de cambiar no es un lujo terapéutico; es un factor necesario y concreto de transformación. Los círculos de escucha son ese puente hacia una sociedad más humana, menos aislada, donde se castigue menos y se escuche más. Porque escuchar, cuando nadie más lo hace, es también un acto de justicia. Autor: Isabel Benjumeda Facultad de Artes Liberales UAI.