Entre Barros: un viaje al campo chileno
Entre Barros: un viaje al campo chileno SIBARITAS ntrar a Entre Barros, en pleno corazón de Viña del Mar, es dejar la ciudad atrás sin moverse del lugar. Apenas se cruza la puerta, la música, los aromas y los distintos espacios comienzan a hacer su trabajo: transportar. Por momentos, la sensación es nítida y reconfortante, como estar en el campo, en una fonda permanente, en una casa donde la comida, la conversación y la identidad chilena marcan el ritmo. La experiencia parte como deben partir las buenas mesas chilenas: para compartir. Empanadas de queso fritas, doradas y crujientes, recién salidas del aceite, que se abren dejando escapar ese vapor inconfundible. Llegan acompañadas de sopaipillas tibias, servidas con un pebre fresco y una mayonesa de cilantro bien lograda, que suma sin imponerse. Todo invita a comer sin apuro, a probar, a comentar, a quedarse. Los fondos confirman la vocación del lugar por la cocina típica bien ejecutada. El pastel de choclo aparece generoso, con el dulzor justo, acompañado de ensalada chilena fresca, carne mechada jugosa y un clásico acompañamiento a lo pobre que cumple su rol con honestidad. El costillar, en tanto, se sirve con papas fritas caseras, de corte irregular y sabor real, de esas que recuerdan que lo simple, cuando está bien hecho, no necesita explicaciones. Los postres cierran el recorrido con identidad y memoria. Leche asada suave, de textura limpia, y un mote con huesillo que no busca reinterpretaciones ni giros modernos: es tradición servida con respeto, tal como se espera. Para beber, terremoto y limonada. Dos elecciones que dialogan con el espíritu del lugar y con la experiencia completa. Entre sorbo y sorbo, vuelve esa sensación de estar en Olmué, en una mesa larga, con música de fondo y tiempo suficiente para disfrutar. Un detalle no menor es la diversidad de espacios. Para quienes disfrutan del guitarreo y la música en vivo, el salón principal cumple con creces.
Pero quienes prefieren una conversación más tranquila pueden optar por un sector reservado a la entrada del local, llamado Villa Rica, un espacio que evoca lo campestre y la calma de los lagos del sur de Chile, ideal para comer con mayor pausa. Entre Barros no busca sofisticación ni discursos gastronómicos. Su mérito está en algo más profundo: hacer sentir, conectar con la memoria, 28R 211 gusto aprendido, con la cocina que reúne. Un restaurante que no solo se visita, se habita. Y eso, hoy, no es poco. POR JAVIER YÁÑEZ GARRIDO, DOCENTE ESCUELA DE GASTRONOMÍA DUOC UC VALPARAÍSO ENTRE BARROS EMPANADAS Entre Barros no busca sofisticación ni discursos gastronómicos. Su mérito está en algo más profundo: hacer sentir, conectar con la memoria, con la cocina que reúne.. Entre Barros no busca sofisticación ni discursos gastronómicos. Su mérito está en algo más profundo: hacer sentir, conectar con la memoria, con la cocina que reúne.