Autor: POR DEMETRIO INFANTE FIGUEROA, ABOGADO Y EXDIPLOMÁTICO
Columnas de Opinión: La Primera Dama (II)
Columnas de Opinión: La Primera Dama (II) n el año 1990 el país tomó E la sabia decisión de elegir como Presidente de la República a Patricio Aylwin. Se trataba de un abogado de larga trayectoria, profesor universitario por años, exsenador, expresidente del Senado, exvicepresidente de la Asamblea General de Naciones Unidas y un democratacristiano desde los orígenes de esa colectividad. Era un hombre excepcional. Estaba casado con una distinguida señora, doña Leonor Oyarzún, y de ese matrimonio nacieron 5 hijos. Ella era una mujer de carácter que pretendía pasar inadvertida, pero en la realidad tenía sabias opiniones sobre los temas políticos, los que compartía en la intimidad. Esto último me consta, pues por años cada dos meses iba a la oficina de don Patricio a conversar con él sobre los temas de actualidad. Le interesaba que le contara cómo veía el campo internacional.
A las 17.30 horas, pasábamos desde su oficina a su casa por un jardín que conducía al comedor, donde esperaba doña Leonor con un té, donde siempre había un queque y pan tostado con mantequilla y mermelada. Era una casa típica de un profesional chileno en el barrio de Ñuñoa. Ahí se hablaba de todo y en esos diálogos pude comprobar su personalidad. Sería largo narrar algunos de ellos, pero me quedaré con uno. Vino de visita a Chile el Presidente de Estados Unidos, George W. Bush. Don Patricio ordenó que se incluyera en el programa oficial un almuerzo en su casa, en el mismo comedor al que me he referido. Quería que fuera un evento familiar, con muy pocos invitados.
El día del almuerzo, como a las 10 de la mañana, se presentaron en la casa unos hombres que decían ser agentes del FBI y que iban a verificar qué comería el Presidente de EE.UU., por lo que debían revisar la cocina, el menú y la preparación de los alimentos a servir.
Doña Leonor les salió al paso y les dijo que en su cocina no se metía nadie y que el señor Bush, que era su invitado, almorzaría lo que ella había dispuesto y con los ingredientes que ella había considerado. Los agentes del FBI le dijeron que si ellos no podían revisar el almuerzo y su preparación, el Presidente de EE.UU. no iría al almuerzo. Doña Leonor les respondió que esa era una decisión del señor Bush, pero a su cocina ellos no se metían. Los agentes del FBI se marcharon sin haber podido cumplir con su propósito. El almuerzo de marras se llevó a cabo con todo éxito de acuerdo a lo dispuesto por la dueña de casa. Esa era doña Leonor. Gran mujer. Luego, en 1994, Chile eligió como Presidente a un joven ingeniero civil, Eduardo Frei RuizTagle, quien, como era lógico, traía la política en la sangre. Era senador por Santiago, elegido con la más alta mayoría. Había casado con una distinguida curicana, Marta (Martita) Larraechea. Tenían cuatro hijas, algunas todavía en edad escolar, cosa rara en el país para un Jefe de Estado. Con razón alguien bromeó con que el Presidente era un rey rodeado por cinco lindas mujeres. Ella, por naturaleza, era y es una persona de un carácter alegrey extrovertido, graciosa, gran anfitriona y ha ejercido en forma perfecta su papel de mater familia. En lo personal, soy muy cercano a los FreiLarraechea, por lo que se me podrá decir que mis juicios están originados en esa amistad. Puede que eso sea cierto. Martita fue una gran compañera del Presidente Frei. Lo pude comprobar reiteradamente en el exterior cuando ejercía funciones diplomáticas. Recuerdo especialmente un viaje a Japón, donde el Jefe del Estado iba acompañado de una numerosa representación empresarial. Ella se movía en el grupo con una naturalidad y cercanía que creó un sentido de cohesión poco común en este tipo de eventos, lo que ayudó efectivamente al éxito del viaje. Posee muchas historias. Cabe mencionar una que sucedía en las reuniones de APEC. La delegación de Chile, por protocolo siguiendo el abecedario, se ubicaba al lado de China. Martita entabló una simpática relación con el entonces Jefe del Estado chino. En algunos eventos sociales, el oriental invitaba a la Primera Dama de Chile para que a dúo cantaran una popular canción chilena que aquel conocía. En Chile, la gente común y corriente la quería y respetaba. Doy un ejemplo. Tuve la oportunidad de acompañar al Presidente Frei en una visita que hizo a San Bernardo -vía tren-con el Jefe de Estado de Malasia. El viaje tenía como propósito visitar un proyecto que desarrollarían allí ambos países.
El Jefe de Estado chileno tomó sorpresiva iniciativa que la comitiva se detuviera una cuadra antes de la Estación Central a fin de que el visitante pudiera palpar directamente lo que era la vida diaria de Santiago.
Como era de esperar, la gente que transitaba por esa concurrida área de la ciudad al darse cuenta que el Presidente caminaba por la calle, formó a su alrededor una pequeña multitud, ante la cual el chileno presentaba de mano al visitante.
La inmensa mayoría de esa pequeña concentración que se juntó, al saludar al Presidente Frei, preguntaba una y otra vez: "¿ Cómo está la Martita?". Ella realizó una gran labor socialen todo el país, pero tuvo una idea realmente magistral: crear el Museo Interactivo de Santiago, con lo cual puso alalcance del común de los chilenos -especialmente de los jóvenes y niñosel significado de una serie de conocimientos de la ciencia. Para poder llevar a cabo ese proyecto se dio a la tarea "de pasar el platillo" entre las grandes empresas nacionales, con lo cual alivió extraordinariamente el gasto fiscal. Es un hito obligado para cualquier visitante de Santiago.
Pienso que sería de justicia que algún día esa obra se llamara "Museo Interactivo Marta Larraechea de Frei". El año 2000, Chile puso en el asiento de O'Higgins a un hombre con una inteligencia, criterio y conocimientos realmente excepcionales, Ricardo Lagos Escobar. Tuve el honor que me designara embajador en Japón y en tal calidad lo recibí en Tokio en visita oficial. Deslumbró a los nipones del sector político y del empresarial. Tenía a su lado una mujer que estaba a su mismo nivel intelectual, doña Luisa Durán.
Fue una Primera Dama que con su manera de ser más bien parca, pero cordial, hacía una labor importante en los grupos sociales más desprotegidos y acompañaba a su marido con éxito en sus quehaceres tanto dentro del país como en el exterior. Podría nombrar un sinnúmero de obras en las que estuvo envuelta, pero por espacio no puedo. Me referiré sólo a una que constituyó una verdadera revolución en Chile y un ejemplo para el mundo. Se le ocurrió crear un proyecto denominado "Sonrisa de Mujer", el que tenía por objeto devolver la felicidad y la autoestima a miles de mujeres humildes. Ideó un sistema de tratamiento bucal gratis para que aquellas pudieran contar con toda su dentadura. Para un ser humano, los dientes representan un elemento sustantivo de la cara. Nadie se había preocupado sobre qué sucedía cuando las mujeres humildes perdían parcial o totalmente los suyos. Ella tuvo la visión de hacerlo y así le cambió la vida a miles de mujeres de Chile. Esa sola acción es una buena muestra de cómo ejerció su labor de Primera Dama. Para el entonces Jefe del Estado la opinión de su esposa era un elemento importante al momento de tomar una resolución. Formó con el Presidente Lagos una segunda familia, ya que don Ricardo había tenido un matrimonio anterior.
Pero doña Luisa se transformó en la verdadera mamá de todos, incluyendo a quien posteriormente fue un gran ministroy luego un destacado senador por dos períodos, Ricardo Lagos Weber. (Continuará el próximo martes) 03 Autor: POR DEMETRIO INFANTE FIGUEROA, ABOGADO Y EXDIPLOMÁTICO. xxxxxxxxxxxxx