Autor: Claudia Robles Maragaño prensa@latribuna.cl
Columnas de Opinión: Lo que queda después de los incendios
Columnas de Opinión: Lo que queda después de los incendios Cuando el fuego comienza a apagarse, lo que queda no es silencio. Quedan escombros por retirar, paisajes irreconocibles y, sobre todo, las secuelas emocionales de una vida reducida a cenizas.
En el Biobío y Nuble, la tragedia de los incendios forestales ha dejado hasta ahora, un saldo de 21 personas fallecidas, el dolor de sus seres queridos y familias damnificadas obligadas a reconstruirse desde el dolor. A ese impacto humano se suman cifras que dimensionan la magnitud de la catástrofe. El Ministerio Público, la Policía de Investigaciones y el Servicio Médico Legal confirmaron recientemente el hallazgo de un nuevo cuerpo en el sector de Lirquén, elevando el número de víctimas fatales. En total, se contabilizan 817 viviendas destruidas y 544 personas albergadas en las regiones del Biobío, Nuble y La Araucanía.
En medio de la emergencia, ha sido visible el despliegue de instituciones públicas, equipos de emergencia, municipios, fuerzas armadas y de orden, junto a voluntarios, brigadistas y personas anónimas, además de organizaciones sociales, empresas, gremios y fundaciones, que han entregado apoyo, ayuda material y mensajes de solidaridad a quienes lo perdieron todo.
La reciente aprobación de cerca de $35 mil millones por parte del Gobierno Regional del Biobío, con respaldo unánime del Consejo Regional, marca un paso relevante para enfrentar la emergencia y dar inicio a un proceso de reconstrucción que será largo y exigente. Sin embargo, ningún presupuesto logra dimensionar el impacto emocional de ver años de esfuerzo convertidos en cenizas en cuestión de horas. Allí, donde el fuego arrasó con todo, las familias han debido sacar fuerza del dolor para volver a levantarse. Hoy, cuando los incendios quisiéramos que terminaran, se hace aún más evidente que la catástrofe no termina con el control de las emergencias. Sigue la angustia, el dolor, la incertidumbre y el trauma, especialmente en niños, personas mayores y sobre todo en quienes perdieron a un ser querido. A este escenario se suma un factor que no puede ser ignorado: las altas temperaturas continuarán y las condiciones de riesgo se mantienen. La situación no puede -ni debeagravarse. La prevención ya no es un discurso, sino un compromiso impostergable de todos, no solo del Estado y las empresas. Del mismo modo, resulta indiscutible avanzar en investigaciones exhaustivas y sanciones ejemplares para quienes resulten responsables de incendios provocados por negligencia o intencionalidad. La pérdida de vidas humanas y la devastación de miles de hectáreas no pueden quedar impunes. Esta tragedia interpela a toda la sociedad. Porque cuando el fuego se apaga, lo que queda no es solo una superficie dañada, sino personas que intentan recomponer su vida desde las cenizas y los escombros. Y como región, no podemos permitir que esa historia vuelva a repetirse.
En esta edición Finde de Diario La Tribuna conocemos cuál es el escenario actual en la provincia y en la región, junto con los desafíos y propuestas que impone una emergencia que no termina con el control del fuego. Autor: Claudia Robles Maragaño prensa@latribuna.cl.