Columnas de Opinión: Combate Naval de Iquique
Columnas de Opinión: Combate Naval de Iquique Al amanecer de ese día 21 de Mayo, todo estaba tranquilo. Nada hacía presagiar el desigual combate que se iba a librar horas más tarde. Cuando el vigía de la Covadonga dio la alerta con su grito: "¡ Humos al norte! ", todo el panorama cambió. Arturo Prat, comandante de la Esmeralda, rápidamente se hizo cargo de la situación. Se preparó el combate. Arengó a sus hombres. Y hasta hoy resuena esa frase: "Nunca se ha arriado nuestra bandera ante el enemigo y, espero, que ésta no sea la ocasión de hacerlo". De pronto estalla una granada entre las naves chilenas. Eran las 8,30 horas. Fueron cuatro horas de heroísmo.
Cuatro horas en que van cayendo el cirujano Videla, un contramaestre, un marino, el propio Prat, el sargento Aldea, Ignacio Serrano, doce marineros, el corneta Gaspar Cabrales (de solo 13 años), y muchos otros, hasta completar 140 muertes. Eran las 12,10 horas, cuando la bandera tricolor que flameaba en el palo mayor de la Esmeralda, se sumergió en el agua. Poco antes y mientras se JUAN VÉLIZ DÍAZ hundía, el guardiamarina Ernesto Riquelme disparó el último cañonazo. Todos miraron con asombro el arrojo y el valor de los chilenos. El hecho fue conocido y admirado en el mundo entero.
El propio almirante Miguel Grau, comandante del Huáscar, reconoce el valor de Prat y sus hombres en una carta que le envió a la esposa del héroe de Iquique, Carmela Carvajal, junto con las pertenencias personales de Arturo Prat. 147 años después, la heroica gesta de Iquique nos llena nuevamente de emoción y pensamos que, si nos viéramos en una situación similar, haríamos algo semejante. Y al conocer la vida de Prat, la vemos simple, sencilla, como la de cualquier hijo de vecino, pero con algo que tienen sólo los elegidos: Valor, para darlo todo por la Patria. En este nuevo aniversario del Combate Naval de Iquique, elevamos una oración por los caídos en la inmortal gesta y, también nuestra voz, para decir: iGloria a los héroes de Iquique!. DESDE MI RINCÓN