Autor: Columna de opinión del Dr. y Pbro. Mauricio Albornoz decano de la Facultad de Ciencias Religiosas y Filosóficas de la Universidad Católica del Maule.
Columnas de Opinión: "Padre, perdónalos porque no saben lo que hacen" (Lc 23,34)
Columnas de Opinión: "Padre, perdónalos porque no saben lo que hacen" (Lc 23,34 ) Columna de opinión del Dr. y Pbro. Mauricio Albornoz decano de la Facultad de Ciencias Religiosas y Filosóficas de la Universidad Católica del Maule. E sta frase de Jesús ad portas de su muerte, resulta por sí misma estremecedora. Somos perdonados porque no sabemos lo que hacemos. Pronunciada por Jesús en medio de su crucifixión, esta expresión no solo revela el carácter de Cristo, sino que también encierra una de las enseñanzas más poderosas del cristianismo: el perdón incondicional. En un mundo donde el orgullo, la ofensa y el rencor suelen dominar las relaciones humanas, y apoderarse de los espacios sociales, políticos y laborales, esta estremecedora frase se levanta como un llamado contracultural. No es simplemente una frase conmovedora, es una verdad espiritual que nos confronta, nos transforma y nos invita a vivir de una manera completamente diferente. Jesús había sido arrestado, juzgado injustamente y condenado a muerte. Fue llevado al Gólgota, donde sería crucificado. Allí, fue despojado de su dignidad, humillado, golpeado y clavado en una cruz. Rodeado de soldados romanos, líderes religiosos y una multitud que se burlaba de Él, Jesús estaba viviendo el momento de mayor dolor físico y emocional de su vida terrena. Y es precisamente en ese instante cuando pronuncia: "Padre, perdónalos porque no saben lo que hacen" (Lucas 23:34). Esta no fue una reacción impulsiva. Fue una orasino una decisión espiritual, y esta decisión esta ción consciente, una intercesión directa al Padre. En lugar de responder con ira, juicio o condenación, Jesús eligió responder con gracia, misericordia y amor. Se trata de entender el corazón del Evangelio: Dios perdona incluso cuando el ser humano no lo merece. Jesús no solo estaba sufriendo injustamente, sino que además estaba siendo rechazado por aquellos a quienes vino a salvar. Aun así, decide interceder por ellos. El perdón no es una emoción, en nuestras manos para alivianar nuestras relaciones, aunque estas se nos presenten injustas.
Esa es nuestra evocación que suscita la conversión y que solo Dios puede ver; es el bálsamo que podemos dar al mundo en tiempos difíciles, es el aliento que puede favorecer nuestra realidad social, es el espíritu que puede embellecer nuestra cultura, es la fraternidad que se puede cultivar en nuestra política, en nuestras familias, y en nuestros espacios de trabajo. Autor: Columna de opinión del Dr. y Pbro. Mauricio Albornoz decano de la Facultad de Ciencias Religiosas y Filosóficas de la Universidad Católica del Maule..