Columnas de Opinión: Mes del Mar Arturo Fernández Vial. El Almirante del pueblo.
Columnas de Opinión: Mes del Mar Arturo Fernández Vial. El Almirante del pueblo. sable ni bayoneta. Llegó dad y salud, impulsó asoA veces, la historia nos deja héroes, nombres que se graban en bronce. Otros, en cambio, se graban en el alma del pueblo. El almirante Arturo Fernandez Vial pertenece a esa segunda categoría. Fue marino, sí. Participó en la Guerra del Pacíficon su mejor arma: el ciaciones precursoras de lo oído. que hoy conocemos como Escuchó a los obreros. Alcohólicos Anónimos y esCamino entre ellos. Preguncribió artículos donde soñaba un país más justo. Su to antes de ordenar. Propuespada la transformó en so diálogo en lugar de represión. Y promovió un tribunal arbitral que puso fin plo. Escribo estas líneas al conflicto sin derramar co, combatió en el Combate Naval de Iquique, sobrevivió al hundimiento de la Esmeralda y fue prisionero en Perú.
Pero cuando uno escucha su nombre en boca de una hinchada popular, no lo recuerda por sus brillantes medallas y galones, sino por algo mucho más grande: por haber elegido el camino de la justicia y la empatía cuando tenía todo el poder para reprimir y generar una masacre de sangre, como la ocurrida en la Escuela Santa María de Iquique. una sola gota de sangre. Ese gesto, sencillo pero gigantesco, le cambió la vida al pueblo y al ofitras FF.AA., las lea y se cial de marina. Porque a haga una pregunta incómoveces, el verdadero combatambién puedo ser como te no ocurre en la guerra, sino en la conciencia.
Lejos del puerto, en nández Vial? ¿ Y si el hoConcepción, un grupo de nor no está en las medallas, trabajadores ferroviarios sintió que ese acto de humis actos? ¿ Y si el deber manidad debía vivir para siempre. Su equipo de fútbol, entonces llamado International F.C., cambio de nombre y se convirtió en el Club Deportivo Ferroviario Almirante Arturo FerCorría el año 1903. El nandez Vial. No por marpuerto de Valparaíso hervía keting. No por fama. Sino entre grúas, silbatos, frío, cansancio y el grito desesperado de los trabajadores portuarios y ferroviarios. Habían decidido parar todas las faenas. Exigir lo justo. Salarios dignos. Un poco de humanidad en las condiciones laborales más básicas. El gobierno de la época, muy nervioso, liderado por el presidente Germán Riesco, envió al contraalmirante Fernández Vial a controlar la situación. tiza.
Su rango, en ejemcon la esperanza de que algún joven cadete naval, algún futuro oficial de nuesda pero hermosa: ¿ Y si yo el almirante Arturo Fersino en la coherencia de no es defender órdenes ciegas, sino proteger la dignidad del pueblo y de la república? ¿ Y si el verdadero servicio a la patria es estar al lado de quienes sufren, no por encima de ellos? Pero hoy las batallas por amor. Por gratitud. Por son otras. Ya no marchamos hacia el desierto ni saltamos al abordaje como Prat.
Hoy el enemigo viste de indiferencia, se esconde en la desigualdad, en la pobreza, en el narcotráfico, en el abandono de las poblaciones, en el llanto de los niños sin escuela, con hambre y frío, en la rabia de los trabajadores sin derechos. Y por eso, Chile no necesita soldados que repitan glorias pasadas. La patria necesita oficiales con memoria. Y así, en cada partido jugado en tierra penquista, en cada camiseta negra y amarilla sudada en la cancha, vive un poco de aquel gesto del almirante que prefirió ser humano antes que verdugo. Ya retirado de la vida militar, Fernández Vial no se fue a descansar ni a escribir memorias. Fundó escuelas nocturnas para obreros, promovió el deporte Pero Vial no llegó con como herramienta de dignialma de pueblo.. Miguel Ángel Rojas Pizarro. Psicólogo - Profesor de Historia - Psicopedagogo. Psmiguel.rojas@hotmail.com