Autor: José Francisco Yuraszeck Krebs
Columnas de Opinión: Volver a ver
Columnas de Opinión: Volver a ver “Nunca se oyó decir que alguien haya abierto los ojos a un ciego de nacimiento.
Si este hombre no viniera de Dios, no podría hacer nada”. (Jn. 9,32-33). San Juan (9,1-41) El evangelio de este domingo nos presenta una de las escenas más humanas y reveladoras de todo el cuarto evangelio: un hombre que no veía, que nunca había visto, que no conocía la luz ni los colores, y que, de pronto, recibe la vista como un regalo inmerecido. Jesús lo toca, lo envía a lavarse, y él, sencillamente, se deja conducir. Y, al volver, lo hace viendo. Los encuentros y diálogos posteriores lo llevarán a afirmar con profunda convicción su fe en Jesús.
La conversión a la que estamos invitados en esta cuaresma ya estamos en el cuarto domingo, a solo tres semanas de la Semana Santa comienza muchas veces así: con un gesto que no se fuerza, con una apertura humilde, con un deseo sincero de luz, con un brote pequeño y frágil. En estos días en que nuestro país ha vivido un cambio de autoridades, este evangelio se vuelve especialmente iluminador. La alternancia política a la que nos hemos ya acostumbrado tan propia de una democracia que madura implica que quienes antes eran oficialismo ahora se convierten en oposición, y viceversa. Los roles cambian, las responsabilidades se redistribuyen, y los acentos se modifican. Pero hay algo que no debiera cambiar jamás: la capacidad de ver. Ver la historia que nos trajo hasta aquí. Ver al otro no como enemigo, sino como persona. Ver que compartimos la misma tierra, el mismo sol, la misma casa común, el mismo destino. A veces, como en el relato evangélico, podemos quedar atrapados en cegueras que no reconocemos: la sospecha permanente, del prejuicio, del miedo, del rencor o incluso de la indiferencia. Y como los fariseos del relato, podemos convencernos de que vemos más que otros. Así como la soberbia enceguece, la ignorancia es muy atrevida. El desafío de este momento histórico no es solo político: es profundamente humano. El país es uno solo, pero quienes lo habitamos somos cada vez más diversos. Y, en medio del reconocimiento de esa diversidad, todos necesitamos pedir lo mismo que el ciego del evangelio: la gracia de ver. Ver el valor como servidores públicos de quienes llegan, y también de quienes se van. Ver que detrás de cada postura hay una historia, un anhelo, un temor o una esperanza. Ver que nadie posee todo el bien, ni toda la verdad, ni toda la solución. Ver que el país no se construye desde trincheras, sino desde encuentros y acuerdos amplios.
Y ver, sobre todo, a quienes suelen quedar fuera del campo visual: los que llevan años intentando insertarse; las mujeres y jóvenes desempleados; los que viven en las calles y correteamos de un lado a otro sin lograr una solución real; los que están fuera del sistema escolar; los que han tenido que venir de lejos escapando de realidades penosas; los que buscan un espacio digno para aportar al bien común y de sus familias desde sus talentos y capacidades. Ellos también “vuelven viendo” cuando se encuentran en una comunidad que les abre espacio. Hoy, más que nunca, necesitamos esa luz humilde y valiente que Jesús ofrece. Una luz que no se impone, y que cuando nos ilumina nos transforma. Una luz que nos devuelve la capacidad de reconocernos como hermanos, más allá de las diferencias legítimas y necesarias. Una luz que nos recuerda que Chile es tarea de todos, y que nadie sobra en esa tarea. Que este domingo podamos repetir, con la misma honestidad del ciego sanado: “Señor, quiero ver”. Y que ese deseo se convierta en un modo nuevo de caminar juntos. El país es uno solo, pero quienes lo habitamos somos cada vez más diversos. Y, en medio del reconocimiento de esa diversidad, todos necesitamos pedir lo mismo que el ciego del evangelio: la gracia de ver. Autor: José Francisco Yuraszeck Krebs. EL EVANGELIO HOY El país es uno solo, pero quienes lo habitamos somos cada vez más diversos. Y, en medio del reconocimiento de esa diversidad, todos necesitamos pedir lo mismo que el ciego del evangelio: la gracia de ver. JOSÉ FRANCISCO YURASZECK KREBS, S.J. Capellán general del Hogar de Cristo